lunes, 20 de noviembre de 2017

En el camino y qué bien


"Me alegro de veros, este es vuestro festival, vuestro festival", de esta manera se dirigió a mi amiga Begoña y a mí, un conocido en la gala inaugural del recién finalizado Festival de Cine Iberoamericano de Huelva.

Y aunque no deja de ser halagador, no, este no es nuestro festival, es el festival de Huelva y provincia, que no son pocas las personas de los pueblos más cercanos que se acercan a las salas. Es el festival de todas y de todos, desde la más temprana edad hasta la mayor.

No soy de esconder mis emociones, así que puedo decir que este año, durante el festival, he sido muy feliz, más que en los últimos años. He disfrutado. Supongo que es la sensación de que estamos de nuevo en el camino que nos lleve a seguir cumpliendo años, porque eso significará que sigue habiendo películas para concursar y películas para ver.

Pero no quiero perder perspectiva, merecemos más. Merecemos más películas, merecemos más recursos económicos, merecemos más visitas de todas las personas relacionadas con el cine en Iberoamérica, merecemos más salas, merecemos más encuentros que elaboren proyectos de futuro. Y necesitamos que todos los trabajadores y todas las trabajadoras del festival tengan unos salarios dignos y que el equipo que lo saca adelante, con el director, Manuel H. Martín a la cabeza, sea un equipo continuo que trabaje todo el año, sólo así podremos conseguir un festival mejor, porque es el que nos merecemos. 

Y en esta no perdida de perspectiva, quiero decir que si hay una manifestación cultural que desde hace cuarenta y tres años, festeja como se merece el encuentro entre dos mundos, esa es el Festival de Cine Iberoamericano de Huelva y es hora de pasar de los dichos a los hechos. Hay que seguir apostando por este puente que une más que separa a uno y otro lado del océano.

Podría contaros que después de muchos años he visto el patio de butacas del Gran Teatro lleno a diario en las funciones de la tarde; que también hay publico que ha decidido asistir a los pases de prensa en la mañana; que he visto colas en la taquilla, que he visto retrasos en el inicio de las películas porque había que esperar que última persona que formaba parte de esa cola tuviera su entrada; que, al menos en dos ocasiones, sin contar apertura y clausura he visto el palacio de congresos repleto de espectadores; que también ha tenido mucho público el homenaje a Federico Luppi, yo misma he estado sentada en la sección Nuevos Realizadores a las 17 horas viendo películas y documentales rodeada de decenas de personas. Que la proyección de cortos a horas en las que solo apetece dormir siesta, estaba casi llena.

Os cuento, de hecho, que congregar el festival en torno al Gran Teatro y la Casa Colón es un pleno acierto porque las calles se sentían vivas a horas en que ya no es habitual; que algunos días no ha sido fácil encontrar un lugar con disponibilidad para almorzar y/o cenar; que es increíble encontrar corrillos al terminar las películas donde cada quien dice lo que piensa de ella sintiéndose parte de un momento especial; que una se hincha de orgullo cuando escucha Huelva en los programas culturales de España e Iberoamérica, tanto de radio, televisión y prensa escrita y digital. 

Que ha sido maravilloso encontrarse por las calles con Lucía Carrera, una directora mexicana que ya merece un título de hija adoptiva de Huelva y que este año ha sido presidenta del jurado; con Desiree Reyes (Productora de Luis) y Amelia del Mar Hernández (productora y guionista de El hombre que cuida) con su maravilloso acento dominicano y la sonrisa de agradecimiento que les llegaba hasta los ojos, con Jorge Marrale, protagonista de Maracaibo que nos contó las ganas que tenía de volver desde que estuvo en una edición anterior con otra película; con un premio Ciudad de Huelva, Dario Grandinetti que se ha sentido como en casa (literal); con el musical acento brasileño de Elis, con las lenguas indígenas de México en Sueños en otro idioma, con el mexicano moderno de Cuando los hijos  regresan (para mi gusto lo más flojo de la sección a concurso), con Los Perros chilenos que aullan muchos años después de finalizada la dictadura, con la soledad desgarrada de El Pampero (que es un viento y no sólo una región), menos solitaria porque tuvimos a su protagonista César Troncoos, con la música de Los Bravos, con la emoción y el orgullo de un Federico García Lorca inmenso como pocas veces en Luna Grande: un tango por Lorca. 

Dejo un espacio especial para La novia del desierto, que ha sido la gran triunfadora del festival, una película dirigidas por dos mujeres (Cecilia Atán y Valeria Pivato) que habla de mujeres y de libertad. Una estupenda película que en sólo setenta y ocho minutos nos explica porque estamos en el tiempo de las mujeres. En el tiempo de las mujeres libres.

Quiero también contaros que todas estas personas traen sus películas a nuestro festival con la misma ilusión que quienes van a la gala de los Oscar (no estoy exagerando), es hablando con ellas que te das cuenta de la puerta de entrada tan grande que es Huelva para que el cine iberoamericano entre en Europa.

De la misma manera os digo que me habría encantado tener tiempo para ver más películas y documentales, para asistir a las actividades de Cine y Valores, que este año ha estado especialmente dedicado a las mujeres realizadoras, directoras y productoras, a los cursos de formación. Me habría encantado volver a uno de los pases en la cárcel de Huelva, solo este hecho de llevar el cine hasta allá, justifica el festival. Y muchas otras cosas que se hacen durante una semana, pero una no se puede, no ya multiplicar, sino dividir.

Porque detesto a quienes hablan de oídas y sin saber, y entrando en un terreno más personal, os cuento que como acreditada y miembro del jurado de Radio Exterior de España, que otorga un premio a la película que mejor representa la realidad latinoamericana, he usado mi acreditación para ver las películas de la sección oficial a concurso; el resto de las películas y documentales que he visto ha sido abonando los tres euros que cuesta la entrada, porque yo creo que la cultura es un derecho humano, y creo que la cultura no debe ser gratis, porque la cultura también es una industria con personas que por su trabajo han de comer y vivir con dignidad.

Me gustaría decir a estas personas que antes de seguir criticando y/o cuestionando el festival sin pasar por él, lo visiten, siempre es mejor hablar con conocimiento de causa. Me gustaría decir también que hay muchas cosas que mejorar, muchas que pulir y algunas que cambiar, pero se hace camino al andar.

Que, en contra de los buenos deseos de algunas personas que me aprecian, yo no quiero trabajar en la organización del Festival de Cine Iberoamericano de Huelva, que no quiero ser asesora del festival. Que yo ya formo parte del festival como espectadora y lo que quiero es seguir viendo muchas películas durante una semana al año en el mes de noviembre. 

Que si un mal festival lo hacen malas personas, un buen festival lo hacen buenas personas, y estas personas son Manuel H. Martín, Nacho Vázquez, Andrés Martín Cejudo, Rafa López, Manolo Bayón, y muchos y muchas más cuyos nombres desconozco, pero quiero que sepáis que conozco vuestras caras y quiero daros las gracias más humildes y grandes del mundo, porque a veces las personas no pasamos un buen momento y vosotros y vosotras habéis hecho fácil lo difícil. Gracias. 

Por último, quiero que sepáis que algunas de estas personas son amigas mías y que a otras solo las veo una vez al año, que para eso sirve el festival, para encontrarnos. Esto somos y es un orgullo.




lunes, 6 de noviembre de 2017

Qué desasosiego. Qué tristeza


A quien corresponda.

Qué desasosiego. Qué tristeza. Qué angustia. Qué dolor. Qué desazón. Qué rabia. Qué pena. Qué miedo. Qué mal todo, todo. Y así es más o menos como me siento últimamente (que ya va para el tercer mes). Creo que no soy la única en sentirse así, me consta que hay más personas sintiéndose igual y no sé si decirlo en voz alta va a cambiar algo.

Cataluña, sí. Cataluña y España.

Cuándo parece que llega la (relativa) calma, siempre hay quien da un nuevo paso hacia el abismo y no parece que vaya a imperar la cordura. Y doy mi palabra de honor que lo he intentado todo, reírme del problema, haciendo caso de lo de "defender la alegría como una trinchera" que nos legó Benedetti; hacer como si nada sucediera (el oasis de las lejanas vacaciones lejanas), no ver informativos, no escuchar radio, no mirar redes sociales, leer mucho, ver series (y yo nunca he sido seriéfila), caminar oyendo música, eludir el tema, hacer como que no importa.

Es imposible. No hay manera de mantenerse al margen y no es que no tenga un opinión formada, que la tengo, y sé que no gusta ni a unos ni a otros, es lo que ahora llaman equidistancia y yo llamo lucidez, aunque eso sea lo de menos. Lo que de verdad me parte el alma y me tiene en este estado es el daño que todo esto está causando; hay catalanes enfrentados con catalanes y hay catalanes enfrentados con españoles y la brecha que este enfrentamiento está abriendo es cada vez mayor y cada vez más difícil de cerrar y así va a ser casi imposible volver a vivir con normalidad.

Estoy cansada, profundamente cansada, casi derrotada. No tenéis ningún derecho a hacernos esto, ninguno, ni unos ni otros. Se supone que hacer política consiste en mejorar las vida de las personas mediante el ejercicio honesto de la función pública y a estas alturas eso no está sucediendo. Os falta empatía y responsabilidad; os sobran intereses bastardos y mala leche. Y honestidad, sobre todo os falta honestidad. Pagaremos un precio muy alto como país por todo esto y las secuelas serán terribles, hay heridas que se curan, y hay heridas que profundizan, tanto que te amputan un órgano o te mueres, y esa responsabilidad tiene nombres y apellidos. 

Soy una persona conocida por no tener miedo de nada, aunque si los tengo, lo que no he tenido en mi vida ha sido rencor, pero no sé si voy a ser capaz de perdonar a quienes han hecho que mi madre me llame asustada y me diga que tiene mucho miedo con lo que está sucediendo. Mi madre no ha tenido una vida fácil, es por eso que se me hace más difícil perdonar este miedo que le estáis causando. Y que yo también siento a ratos, porque nada indica que esto vaya a mejorar; de hecho estoy convencida que nos va a convertir en un peor país. Y a veces cuesta respirar.

Todo está emponzoñado, tanto que hasta las palabras las estáis ensuciando, unos y otros, sabiendo que las palabras hieren, las mentiras también. Y la mediocridad apesta, hasta personas a las que yo suponía un poco sentido común, a las que restaba, han renunciado a hacer pedagogía y van a lo fácil, qué desilusión. Ni unos, no otros aceptáis opiniones diferentes y que sumen, sólo queréis restar e imponer vuestro criterio. os ofendéis por estupideces, por un "quítame allá esta patria" convirtiendo el espacio en un estercolero.

Fui una de esas miles de personas que el sábado siete de octubre salió a la calle a deciros "parlem, hablemos" cosa que ignorasteis, los unos y los otros; así que dejad de darnos lecciones desde vuestras atalayas políticas, morales, judiciales e intelectuales, somos muchos y muchas y somos capaces de pensar sin doctirnas, de encontrarnos y reconocernos en la preocupación y en el intentar ves más allá. De deciros que el destrozo es enorme y nos afecta todas y a todos. Bajad a la calle y hablad con quienes no os bailan el agua, calculo que seremos unos cuarenta millones quienes os observamos con mucha preocupación. Dejad de pervertir las palabras y de adueñaros de su significado.

Mientras siguen sucediendo cosas, cosas que nos vuelven a quitar derechos y respeto. En España, en el mundo, todo eso que hay más allá de vuestro ombligo patriótico, sea cual sea la patria física que defendáis en este momento. Todos los días me digo "qué bueno que no tengo hijos a quienes dejarle tanta mierda", al momento me digo "qué pena tener sobrinos y tener que dejarle esta mierda".

En ese casi derrotada albergo la esperanza de que este conflicto se vaya solucionando; este país, con mucho dolor y mucha generosidad ha superado un terrible conflicto con una banda armada, quizás porque había personas capacitadas para llevar a buen puerto el final. Ahora también las hay, pero apenas las veremos y mucho menos las escucharemos, hay demasiado interés en que siga habiendo ruido.

En ese casi derrotada sé que somos muchas y muchos y esa es mi esperanza. Para que no queden dudas, quiero que Cataluña sea parte de España, para que seamos un país mejor después de todo esto. 

martes, 24 de octubre de 2017

Viajar*


Me gusta viajar sola, me gusta mucho viajar acompañada, en realidad lo que me gusta es viajar y ante la tesitura de viajar sola o no hacerlo por no hacerlo sola, yo siempre opto por hacerlo.

Este verano que apenas ha finalizado he viajado por primera con una organización que organiza viajes culturales para mujeres que viajan sola.

Hemos sido siete mujeres viajando a la isla de Creta, que nos conocimos en el aeropuerto; por hacer un breve resumen diré que lo he pasado muy bien y ha sido una gran experiencia, os la recomiendo a todas.

Una de las cosas que me ha llamado la atención es que aún hay mujeres a las que le asusta la posibilidad de dar un paso sola; uno de los días del viaje que tuvimos la mañana libre antes de hacer una ruta, hablamos entre nostras y acordamos que esa mañana cada una iría a su ritmo, porque cada una quería emplear el tiempo de una manera y la libertad personal parecía la mejor opción para no caer en roces inútiles.

Todas estuvimos de acuerdo, salvo una, que palideció ante la perspectiva de tener que dar un paso sola en un hábitat que no es el suyo, nunca se me va a olvidar la cara triste que puso, aunque ella nada manifestó en voz alta.

Ella traía el pudor y el miedo de casa, en las muchas conversaciones que tuvimos esos días, era la única que apenas tenía vida social, en su entorno las mujeres sin pareja no hacen eso.

Y eso es lo que hay que cambiar, el entorno, la sociedad, porque nadie tiene derecho a hacerle sentir a una mujer que es menos independiente, válida y segura por el hecho de serlo. Compartir es maravilloso, ser una mujer libre sin presiones, mucho más.

*Este texto fue publicado en primer lugar en la web de Radio Huelva de la cadena ser.

Pd.: En el siguiente enlace: Plaza Niña hacia abajo en la página podéis encontrar Plaza Niña: un espacio dedicado a la mujer.

jueves, 31 de agosto de 2017

Agosto


"Tengo que apagar la vela, pero no la esperanza. Esa...ni muerto" (Subcomandante Insurgente Marcos, ahora Sup Galeano)

Agosto es el mes más bonito para quedarse en la ciudad, y cuando digo ciudad digo también pueblo; en la ciudad porque se queda más despejada y en el pueblo porque es cuando más personas vuelven y lo que normalmente está despejado, se llena de vida. Es maravilloso contemplar la alegría de quienes una vez al año vuelven al lugar donde nacieron, donde es posible que aún  vivan sus padres, sus amistades. Y es maravilloso pasear por la ciudad liberada del trasiego habitual.*

Agosto es el mes en el que puedes trabajar con tranquilidad, sin prisas, rematando las tareas que quedaron pendientes con las prisas y atender las cotidianas con calma; el mes en el que darte cuenta que mientras algunos estamos de vacaciones otros están en lo más crudo del crudo invierno y la vida funcionarial sigue girando. El mes en el que el silencio se hace presente en las oficinas salvo alguna llamada o visita, bendito silencio.

Agosto es el mes en el que al quedarte sola a la hora de desayunar puedes leer un libro, o varios; el mes en el que también puedes encontrar otras compañeras de desayuno; y también en el que mientras desayunas sola llega una banda de música (invitada a amenizar un acto en un lugar cercano) y se instalan en las mesas a tu alrededor hasta llegar a la esquina en la que te sientas y de pronto percibir que estás ahí discretamente sentada; días más tarde hace lo mismo un pelotón de ciclistas.

Agosto es el mes en el que sales más temprano de trabajar, vas a comer a casa de tu madre cualquier día y duermes la siesta al mismo tiempo que ella; el mes en el que las tardes se acortan y la pereza se alarga, los paseos se vuelven caminatas y descubrimientos, las películas que se estrenan son malas y los libros se hacen cortos; el mes en el que las noches se hacen más ruidosas y en las mañanas, al salir camino del trabajo, ves a los jóvenes volver a casa y sonríes mientras piensas "con lo que era yo".

Agosto es el mes en que te puedes levantar un poco más tarde e igual tu cuerpo tiene un reloj biológico que te avisa antes que la alarma y te da tiempo a pasear tranquilamente hacia el lugar donde te recogen para ir al trabajo, comprar el periódico, tomar un café que el camarero te sirve al tercer día sin preguntar porque ya lo sabe y además te regala una sonrisa que le llega hasta los ojos, en el que mirar la vida pasar temprano, saludar a los pocos habitantes de la calle reconociéndote porque no somos muchos, ver como cambia la luz según se va aclarando la mañana y disfrutar las calles recién refrescadas; en el que no tienes que echar el freno ni pisar el acelerador, simplemente seguir a tu ritmo, en el que aún no ha llegado el tiempo de vacaciones.

Agosto es el mes para seguir diciendo no y sí, para saber distinguir entre tanta oferta que confunde cultura, con diversión y negocio, para no dejarte arrastrar, para tejer nuevas complicidades y destejer algunas, nada es eterno; para no salir corriendo y no quedarse siempre parada; para llegar a casa, desnudarte hasta el sujetador y sentirte libre de pasear y estar con una camiseta y bragas, abrir la ventana y que se cuele la brisa.

Agosto este año me ha dado alegrías y tristezas, algún desapego y alguna decepción, dudas, también un buen aprendizaje y buenos encuentros, días que sí y días que no.  Y miedo, y con este la certeza de que es legítimo tenerlo.

Agosto este año tampoco ha aclarado las eternas dudas y no nos ha dado la receta para acabar con el sufrimiento, el propio y el ajeno.

Agosto ha sido este año el mejor mes para ir en dirección contraria al resto.

*Hago constar que no tengo nada contra las ciudades llenas de personas habitándolas, nada, contra nadie, nunca, es más, me fascinan las calles llenas.


martes, 22 de agosto de 2017

El sueño (de las noches de verano)


No tengo problemas para dormir, nunca los he tenido, hasta hoy no hay nada que me quite el sueño, esto no quiere decir que alguna noche me haya desvelado por un problema, una alegría, una preocupación o una pena, alguna ha habido, pero no es lo habitual, es algo que he heredado de mi madre, cuanto más grande es el problema, más temprano te da sueño y a la mañana siguiente todo seguirá ahí, los problemas, las alegrías, las preocupaciones y las penas.

Igual también tiene que ver con tener la conciencia tranquila, que sé yo.

Cuando llega la hora, suelo echarme a dormir sin mayor problema, duermo del tirón y salvo pesadilla, o ganas de orinar, no me despierto, sí cuando hay gritos o voces más altas de lo habitual, que es lo que vengo a relatar.

Y  no suelo quejarme yo de la convivencia, me encanta tener vecinos y nunca he tenido problemas con ellos; ahora mismo en el bloque donde vivo hay una madre con dos hijos adolescentes, un matrimonio con dos hijas pequeñas, una chica joven y sus dos perros, un matrimonio con una niña y un perro, varias señoras mayores con perro y algunas más mayores sin perro.

Pero este verano no ha sido fácil, quizás el mucho calor nos ha afectado en demasía; de pronto los adolescentes han empezado a llegar tarde y cocinar de madrugada, cocina cuya ventana da hacia el patio interior al que da la ventana de mi habitación, se han puesto a comentar las incidencias nocturnas, la madre se ha levantado y de pronto todos han hablado en voz alta. La joven y los perros han llegado tarde también y los perros han ladrado. Las niñas pequeñas han llorado una noche sí y otra también. Y todo esto, durante varios días siempre después de las doce de la noche.

Y aunque algún verano anterior me había tenido que levantar de madrugada a chistear desde la ventana para que, por favor, se callaran, este año no ha sido suficiente. He perdido la cuenta de las veces que lo he hecho estos últimos meses y como no soy muy enfadona (a pesar de que no dormir las seis horas que considero suficiente), la pasada semana decidí expresarme de otra manera, ya que mi paciencia (que es infinita) se había agotado.

Hice un cartel con el siguiente texto "Agradecería mucho que a partir de las 12 de la noche se respetara el descanso de vecinas y vecinos de este bloque. Gracias".  Lo firmé y lo pegué en el cristal de la puerta principal.


Oye y mano de santo, llevamos una semana de lo más bien durmiendo después de las doce de la noche sin voces, ni ladridos, ni llantos. Todas las mañana pienso en quitar el cartel, y todas las noches decido dejarlo. Y ni tan bien.

No hay nada como la educación. La buena. Felices sueños.

Pd.: Todo el vecindario me sigue saludando cuando nos cruzamos.

martes, 8 de agosto de 2017

Ismo (de clasismo y egoismo)


"Hay que ver que cantidad de gente hay en la playa, no lo soporto ¿qué no soportas?, pues a la gente, que llegan, montan los toldos, las sombrillas y cogen media playa, los niños jugando a la pelota y gritan, las conversaciones en voz alta, la falta de espacio, es insoportable. Y ¿por qué es insoportable?, las playas son para todo el mundo y tienen el mismo derecho que tú y yo. Ya, bueno, pero es que yo no soy así. ¡ah!, así ¿cómo? hasta donde yo sé, llevas una sombrilla, una fiambrera, una toalla, a veces vas sola, a veces acompañada. Mira, no, a ti, con lo tranquila que vives sola ¿no te molesta tanta gente en la playa? Pues no, cuando voy sola llevo los auriculares, un libro, un bocadillo y mi cuerpo serrano y tengo buena capacidad para aislarme, cuando voy en grupo me convierto en eso que tanto te molesta, reparto bocadillos,  juego, corro, paseo, aunque a veces con la marea alta es más difícil porque a toda esa gente se le ha ocurrido lo mismo que a mí, pasear y puede que hasta le pegue alguna voz a alguien. Ya, pero es que tanta gente; mira, unos kilómetros más allá hay menos gente, sí, pero es que hay que andar mucho, y como voy tan cargada. Vale, lo que tu quieres es comodidad, espacio, tranquilidad y buen tiempo. Sí. ¡Qué casualidad, eso es lo que busca toda la gente que viene a la playa! Ya. ¿Tu sabes que hay playas privadas donde puedes estar bien tranquila? Si, pero en esas playas hay que pagar; bueno hija, es que en la vida no se puede tener todo, vas, pagas y estás tranquila; pero ¡si yo estoy en contra de que haya playas privadas! ¡las playas son de todos y así debe ser! Entonces ¿de qué estamos hablando?, mira, para un mes de vacaciones que tengo y para los domingos me gustaría un poco de tranquilidad, no pido más; oye, eso es justo lo que han pensado el resto de las personas que están en las playas ¡qué cosas! Siempre tienes la opción de irte al campo, seguro que allí estás más tranquila, si hombre, en el campo me aburro".

A estas alturas aún no sé si soy una persona solitaria o no, como le dije días pasados a un amigo, la soledad es algo que siempre está por definir; la verdad es que si bien siento vértigo en las aglomeraciones, por eso procuro siempre ponerme al principio y sobre todo al final, pocas cosas me gustan más que ver los espacios comunes de nuestras ciudades llenos de personas (que es lo que es la gente, personas) ejerciendo el disfrute de los mismos.

Y así, un verano tras otro, sin darnos cuenta, el clásico egoismo asoma la patita, somos buenos los humanos negando derechos que son de todos y de todas, quién lo diría ¿eh?

Pd.: es importante tener atajos para evitar las aglomeraciones, no sea que llegues tarde a algún otro lugar.

lunes, 24 de julio de 2017

A medias


No sabía muy bien como titular esta entrada de hoy porque a veces se me agotan las palabras para las injusticias y la alegría se queda a medias por quienes vienen y la tristeza porque quienes no lo consiguieron.

Sería allá por el mes de abril cuando en la universidad se confirmaron los cursos de verano que íbamos a tener este año y entre ellos, por segundo año, uno titulado Traducción, interculturalidad y comunicación (árabe-español) con un alumnado mayoritario de países árabes, Marruecos, Tunez, Argelia y Egipto. Se iniciaba entonces la odisea de que alumnos y alumnas de esos países iniciaran los trámites de visa. Para facilitar las cosas, desde la universidad enviamos información con los datos de las personas que iban a solicitar visa a los distintos consulados.

Al gobierno español se le llena la boca de palabras como "cooperación", "países hermanos", "intercambio" "colaboración mutua", pero a la hora de la verdad es todo lo contrario. No hay cooperación, ni somos países hermanos, no queremos intercambios y la colaboración mutua se refiere casi únicamente a negocios, para los que las fronteras no existen.

Es realmente agotador; este año las piedras en el camino han sido varias, dar la cita en el consulado para un día de agosto cuando el curso se celebra en julio, pedir una documentación que no viene en los requisitos exigidos, no conceder los diez días de plazo para subsanar errores, que se dan en cualquier administración pública española y los consulados lo son, decir que no coincide un apellido porque en la constancia aparece una a y es una e y una que me ha dolido especialmente, citar a un alumno el míércoles del curso para entregarle la visa, siendo así que tendría que viajar el jueves y apenas estaría llegando a la clausura del curso, él se lamentaba amargamente en un correo de que era muy injusto eso; en fin, excusas indecentes con el único objetivo de impedir que hombres y mujeres de estos países llegaran a nuestro país. 

De los casi cincuenta alumnos que estaba previsto que vinieran, finalmente han asistido veinticinco y la mayoría está de vuelta ya en su casa y no sólo por voluntad propia, sino porque les ha sido otorgada una visa para diez días, una cosa absolutamente ridícula, no se les da la oportunidad de que hagan un poco de turismo y no porque no estuvieran interesados, el resto lo hará en los próximos días.
El grupo de alumnos y alumnas al completo


Desde el primer día he sido testigo de las zancadillas, de sus angustias, de su impotencia a veces. son hombres y  mujeres que hablan español perfectamente y que el curso les es útil para su trabajo y su formación, la mayoría se dedica a la educación y algunos de ellos están cursando un doctorado en filología hispánica, otros y otras tienen hijos e hijas, uno de ellos estaba recién casado; ninguno tenía ni una sola razón para querer quedarse a vivir aquí. El único objetivo de su viajes es un aprendizaje y un diploma que les va a facilitar mucho la vida para su tarea profesional. Es importante para ellos y ellas porque es un curso fruto de un acuerdo con la asociación de hispanistas árabes, esos que llevan años proclamando el español en sus países.

Desde el primer día que llegaron a La Rábida han pasado por la secretaría de alumnos para agradecer mi apoyo, yo les digo que ha sido el apoyo de la universidad, pero han insistido en su agradecimiento hacia mi persona y yo no puedo más que sentir que todo el trabajo, la insistencia y cariño que a veces una se deja en el camino, merece la alegría de los abrazos finales.

Najlaa, la primera en venir a abrazarme y pedirme una foto y que se fue diciendo que me iba a echar de menos.

Chafik, Hamid, Najlaa, Mohamed, Aloula y Lalia

Hamid, que quería presumir de foto con la "profesora"

Pd.: La política exterior respecto a la concesión de visados es un auténtico desastre  y por lo tanto dañina, no hay un criterio desde el ministerio de asuntos exteriores, ni desde el ministerio del interior, común a todos los consulados y embajadas, teniendo esto como consecuencia que cada uno de estos pida dcoumentos a su libre albedrío cuando la ley es clara. 

Pd2.: A ningún árabe rico (sin importar cual sea el origen de su riqueza) se le pone impedimento para entrar por tierra, mar y aire. A ningún africano rico (sin importar cual sea el origen de su riqueza) se le pone impedimento para entrar por tierra, mar y aire. Las fronteras han matado, matan y matarán. 

Pd3.: Otro día contaré el disimulo ridículo de la guardia civil para preguntar sin preguntar que era lo que había en la universidad para que vinieran tantos árabes ¡Ay, señor o Alá!