martes, 8 de agosto de 2017

Ismo (de clasismo y egoismo)


"Hay que ver que cantidad de gente hay en la playa, no lo soporto ¿qué no soportas?, pues a la gente, que llegan, montan los toldos, las sombrillas y cogen media playa, los niños jugando a la pelota y gritan, las conversaciones en voz alta, la falta de espacio, es insoportable. Y ¿por qué es insoportable?, las playas son para todo el mundo y tienen el mismo derecho que tú y yo. Ya, bueno, pero es que yo no soy así. ¡ah!, así ¿cómo? hasta donde yo sé, llevas una sombrilla, una fiambrera, una toalla, a veces vas sola, a veces acompañada. Mira, no, a ti, con lo tranquila que vives sola ¿no te molesta tanta gente en la playa? Pues no, cuando voy sola llevo los auriculares, un libro, un bocadillo y mi cuerpo serrano y tengo buena capacidad para aislarme, cuando voy en grupo me convierto en eso que tanto te molesta, reparto bocadillos,  juego, corro, paseo, aunque a veces con la marea alta es más difícil porque a toda esa gente se le ha ocurrido lo mismo que a mí, pasear y puede que hasta le pegue alguna voz a alguien. Ya, pero es que tanta gente; mira, unos kilómetros más allá hay menos gente, sí, pero es que hay que andar mucho, y como voy tan cargada. Vale, lo que tu quieres es comodidad, espacio, tranquilidad y buen tiempo. Sí. ¡Qué casualidad, eso es lo que busca toda la gente que viene a la playa! Ya. ¿Tu sabes que hay playas privadas donde puedes estar bien tranquila? Si, pero en esas playas hay que pagar; bueno hija, es que en la vida no se puede tener todo, vas, pagas y estás tranquila; pero ¡si yo estoy en contra de que haya playas privadas! ¡las playas son de todos y así debe ser! Entonces ¿de qué estamos hablando?, mira, para un mes de vacaciones que tengo y para los domingos me gustaría un poco de tranquilidad, no pido más; oye, eso es justo lo que han pensado el resto de las personas que están en las playas ¡qué cosas! Siempre tienes la opción de irte al campo, seguro que allí estás más tranquila, si hombre, en el campo me aburro".

A estas alturas aún no sé si soy una persona solitaria o no, como le dije días pasados a un amigo, la soledad es algo que siempre está por definir; la verdad es que si bien siento vértigo en las aglomeraciones, por eso procuro siempre ponerme al principio y sobre todo al final, pocas cosas me gustan más que ver los espacios comunes de nuestras ciudades llenos de personas (que es lo que es la gente, personas) ejerciendo el disfrute de los mismos.

Y así, un verano tras otro, sin darnos cuenta, el clásico egoismo asoma la patita, somos buenos los humanos negando derechos que son de todos y de todas, quién lo diría ¿eh?

Pd.: es importante tener atajos para evitar las aglomeraciones, no sea que llegues tarde a algún otro lugar.

lunes, 24 de julio de 2017

A medias


No sabía muy bien como titular esta entrada de hoy porque a veces se me agotan las palabras para las injusticias y la alegría se queda a medias por quienes vienen y la tristeza porque quienes no lo consiguieron.

Sería allá por el mes de abril cuando en la universidad se confirmaron los cursos de verano que íbamos a tener este año y entre ellos, por segundo año, uno titulado Traducción, interculturalidad y comunicación (árabe-español) con un alumnado mayoritario de países árabes, Marruecos, Tunez, Argelia y Egipto. Se iniciaba entonces la odisea de que alumnos y alumnas de esos países iniciaran los trámites de visa. Para facilitar las cosas, desde la universidad enviamos información con los datos de las personas que iban a solicitar visa a los distintos consulados.

Al gobierno español se le llena la boca de palabras como "cooperación", "países hermanos", "intercambio" "colaboración mutua", pero a la hora de la verdad es todo lo contrario. No hay cooperación, ni somos países hermanos, no queremos intercambios y la colaboración mutua se refiere casi únicamente a negocios, para los que las fronteras no existen.

Es realmente agotador; este año las piedras en el camino han sido varias, dar la cita en el consulado para un día de agosto cuando el curso se celebra en julio, pedir una documentación que no viene en los requisitos exigidos, no conceder los diez días de plazo para subsanar errores, que se dan en cualquier administración pública española y los consulados lo son, decir que no coincide un apellido porque en la constancia aparece una a y es una e y una que me ha dolido especialmente, citar a un alumno el míércoles del curso para entregarle la visa, siendo así que tendría que viajar el jueves y apenas estaría llegando a la clausura del curso, él se lamentaba amargamente en un correo de que era muy injusto eso; en fin, excusas indecentes con el único objetivo de impedir que hombres y mujeres de estos países llegaran a nuestro país. 

De los casi cincuenta alumnos que estaba previsto que vinieran, finalmente han asistido veinticinco y la mayoría está de vuelta ya en su casa y no sólo por voluntad propia, sino porque les ha sido otorgada una visa para diez días, una cosa absolutamente ridícula, no se les da la oportunidad de que hagan un poco de turismo y no porque no estuvieran interesados, el resto lo hará en los próximos días.
El grupo de alumnos y alumnas al completo


Desde el primer día he sido testigo de las zancadillas, de sus angustias, de su impotencia a veces. son hombres y  mujeres que hablan español perfectamente y que el curso les es útil para su trabajo y su formación, la mayoría se dedica a la educación y algunos de ellos están cursando un doctorado en filología hispánica, otros y otras tienen hijos e hijas, uno de ellos estaba recién casado; ninguno tenía ni una sola razón para querer quedarse a vivir aquí. El único objetivo de su viajes es un aprendizaje y un diploma que les va a facilitar mucho la vida para su tarea profesional. Es importante para ellos y ellas porque es un curso fruto de un acuerdo con la asociación de hispanistas árabes, esos que llevan años proclamando el español en sus países.

Desde el primer día que llegaron a La Rábida han pasado por la secretaría de alumnos para agradecer mi apoyo, yo les digo que ha sido el apoyo de la universidad, pero han insistido en su agradecimiento hacia mi persona y yo no puedo más que sentir que todo el trabajo, la insistencia y cariño que a veces una se deja en el camino, merece la alegría de los abrazos finales.

Najlaa, la primera en venir a abrazarme y pedirme una foto y que se fue diciendo que me iba a echar de menos.

Chafik, Hamid, Najlaa, Mohamed, Aloula y Lalia

Hamid, que quería presumir de foto con la "profesora"

Pd.: La política exterior respecto a la concesión de visados es un auténtico desastre  y por lo tanto dañina, no hay un criterio desde el ministerio de asuntos exteriores, ni desde el ministerio del interior, común a todos los consulados y embajadas, teniendo esto como consecuencia que cada uno de estos pida dcoumentos a su libre albedrío cuando la ley es clara. 

Pd2.: A ningún árabe rico (sin importar cual sea el origen de su riqueza) se le pone impedimento para entrar por tierra, mar y aire. A ningún africano rico (sin importar cual sea el origen de su riqueza) se le pone impedimento para entrar por tierra, mar y aire. Las fronteras han matado, matan y matarán. 

Pd3.: Otro día contaré el disimulo ridículo de la guardia civil para preguntar sin preguntar que era lo que había en la universidad para que vinieran tantos árabes ¡Ay, señor o Alá! 


lunes, 5 de junio de 2017

Leonor


En España, de cada diez cabezas, nueve embisten y una piensa. Antonio Machado


Aunque durante el pasado fin de semana he estado fuera de mi ciudad y bastante desconectada no he podido resistirme a conocer a fondo la polémica suscitada por el hecho de que la Infanta Leonor nos haya hecho saber, a través de intermediarios, que le gusta leer y que a sus once años lee a Robert Louis Stevenson y Lewill Carroll, además de que sabe inglés y tiene un perro y admira a Kurosawa. Produce vergüenza ajena el linchamiento de una niña por leer; sí, por leer.

Y a mí que todo esto me parece normal,  ya me molesta bastante tener que salir en defensa de un miembro de la familia real española, pero cuando tocan a una lectora, nos tocan a todas (las pocas que somos).

Porque mirad, sí, a los once años hay que leer La isla del tesoro y Alicia en el país de las Maravillas, hay que tener buen conocimiento de inglés y tener un perro, o al menos llorar y/o suplicar a tus padres que quieres tenerlo, otra cosa es que sea posible. 

Recuerdo el primer libro,  que por recomendación de mi madre, a la que siempre he visto leer, tengo conciencia haber leído y que hizo que quisiera seguir leyendo, tenía yo doce años, el libro se llama El otro árbol de Guernica, no es un libro de cuentos, tampoco es ficción, es una novela durísima que relata el exilio de los niños del País Vasco en la extinta Unión Soviética, un libro que me dolió y me concienció, el primero de muchos que me generan esas emociones; pero yo no sólo leo para sufrir, leo para vivir, con todas las emociones que ello conlleva. También a esa edad leía a Los cinco, La vuelta al mundo en ochenta días de Julio Verne y tebeos, muchos tebeos, y ya en la adolescencia alguna novela de Corín Tellado, la gran ignorada de la literatura española.

No recuerdo que película es la primera que vi en mi vida, si recuerdo que empecé muy joven a ver películas, todas las posibles, mi padre siempre fue un gran aficionado al cine, algo extraño en los hombres de su generación, más aficionados al fútbol; tuve la suerte, además, que durante unos años mi padre fuera el señor que proyectaba las películas en uno de los dos cines de verano que había en mi pueblo, lo que hizo que desde muy pequeños pasáramos las noches viendo las dos funciones que por entonces se proyectaban, lo pasábamos muy bien. No recuerdo haber visto en esa época a Kurosawa, si recuerdo haber visionado a Hitchcock.  Mi padre vio cine en su casa hasta casi los últimos días de su vida.

No aprendí inglés, es mi época, en la educación general básica se daba francés y latín; y tuvimos una perra, Roca se llamaba, mis padres la tuvieron que sacrificar porque se enfermó y había niños pequeños en mi casa y no era sano; la quisimos mucho.

De los nueve sobrinos que tengo, los dos mayores hablan inglés bastante bien, leen en inglés, ven películas y series en inglés y juegan videojuegos en inglés, los más pequeños están aprendiendo inglés y parecen felices por eso. Y piden libros y vamos a la biblioteca y a las librerías. Leen. Y me llaman para decirme que quieren ir al cine a ver tal película, de su elección. Y vamos.

Y ¿porqué salgo en defensa de la infanta Leonor? porque me ha parecido terrible que se insulte a una niña de once años porque lee, porque leer con once años es algo que deberían hacer todos los niños y todas las niñas, así como deberían tener unos padres a los que les guste leer para que sean ejemplo.

Porque yo como lectora me siento en la clandestinidad, no está bien visto leer y sobre todo no está bien visto leer buena literatura y no basura; porque vivimos en un país donde el presidente del gobierno reconoce no haber visto ninguna de las películas candidatas a los premios Goya y un país con uno de los índices de lectura más bajos de la Unión Europea; porque se persigue a escritores que cobran su jubilación para que no puedan seguir proclamando la palabra; porque vivimos en un país con gobernantes profundamente incultos; porque es preferible colgar en las redes sociales (un mundo que habitamos lo reconozcamos o no) un cuadro de colores con una frase de auto ayuda a una cita de un libro que hayamos leído, algo imposible si no leemos.

A mi me gusta la clandestinidad de la lectura, no me molesta, siempre hay personas que te reconocen como a una igual, la editora de La Bella Varsovia, Elena Medel tuvo a bien saludarme en la feria del libro de Madrid como a una de las lectoras del Sur y eso produce satisfacción. Aunque lo que de verdad produce satisfacción es comprar libros, sacarlos de las bibliotecas y leerlos.

La vida no me va a alcanzar para agradecer a mi madre y a mi padre haberlos visto leyendo y viendo películas, no sería quien soy sin ese equipaje.


miércoles, 3 de mayo de 2017

Francia y la responsabilidad

Hace unos meses dije que Donald Trump ganaría las elecciones y todo el mundo negó la mayor, era tan evidente que hasta una bruta como yo fue capaz de verlo; ahora vuelvo a tener la visión. En Francia puede ganar el próximo domingo Marine Le Pen y tampoco pasará nada.

No hay que confundir deseos con la realidad, al igual que no quería que ganara Trump, no quiero que gane Le Pen, pero no soy yo quien puede evitarlo, ni soy yo quien ha hecho todo lo posible para propiciar esa posible victoria. 

No me gustaba Hillary Clinton (aunque la habría votado como mal menor) y tampoco me gusta Enmanuel Macron (aunque lo votaría como mal menor). Pero alguien tiene que entender que llevar al electorado a elegir entre lo malo y lo peor es pervertir la democracia y mucho peor, acusar y responsabilizar a los electores de sus errores como gobernantes.

El domingo por la noche espero estar equivocada, pero de acertar, no me sorprenderá; eso sí, la responsabilidad de que Le Pen pueda ser presidente será única y exclusivamente de quienes le han votado sabiendo lo que iban a votar, nunca de quienes no han votado a Macron, se han abstenido o han votado en blanco, todas opciones absolutamente democráticas. Un sólo voto a Marien Le Pen es una derrota de la Europa civilizada, los millones que ya tiene y tendrá es una victoria de la desesperanza.

La socialdemocracia se hizo fuerte después de la segunda guerra mundial porque se ocupo de mejorar la vida de las personas marginadas, violadas, empobrecidas, maltratadas, castigadas; en los últimos tiempos la socialdemocracia se ha ocupa de mejorar la vida de las élites financieras y estos sectores, tras padecer muchos recortes laborales y en educación que nos hace incapaz de distinguir el bien del mal, se han echado en los brazos de los fascistas que les han prestado un mínimo de atención, fascistas a quienes estas personas no importan pero saben fingir que sí. 

La socialdemocracia y la izquierda en el mundo pueden seguir mirándose su ombligo, así les va bien y si a ellos les va bien ¿qué importancia tiene que a los demás les vaya mal?

Qué tristeza volver en Europa al punto de partida. Qué futuro tan feo para un proyecto tan bonito. Qué alegría no haber tenido hijos a quien dejarles un mundo peor. Allá quienes los tuvieron, ellos sabrán porque han dejado de luchar por el presente y el futuro. 

Disculpad el análisis simplista y el desahogo, solo soy una trabajadora que madruga, paga impuestos y vota el mal menor; triste existencia a veces.

lunes, 17 de abril de 2017

Enrique y las señales


Hace unos días Enrique García Bolaños me invito a presentar su segundo libro de poemas y lo hicimos, lo pasamos muy bien, lo disfrutamos muchos, antes lo habíamos sufrido un poco y creo que repartimos alegría con las palabras; algunas personas me han preguntado que dije en la presentación, esto fue lo que conté. Espero que os animéis a comprar y disfrutar el libro.


He venido a confirmar que Enrique García Bolaños es un valiente, como lo demuestra el hecho de que me haya invitado a presentar su libro de poemas.

A mí, que nada sé de poesía ni de muchas otras cosas de la vida; tampoco es que sea una lectora habitual de este género, es más, a veces la detesto, sobre todo la poesía de autoayuda que tanto invade nuestros espacios virtuales últimamente en Huelva, en Andalucía, en España y la humanidad.

Si soy capaz de distinguir la poesía mala de la buena porque creo que la poesía sólo es buena si es útil. Más Enrique no es solo valiente por esto.

Lo es además porque siempre se espera que los poetas vengan de las letras y Enrique viene de la ingeniería, que así es como se hacen los dúos famosos, noche y día, blanco y negro, Sergio y Estibaliz.

A mi me parece que es un escritor valiente porque para escribir este libro ha sobrevivido a la guerra, a veces sucia y de baja intensidad (la peor de las intensidades) entre editoriales, a la misma guerra entre subpoetas, propoetas y postpoetas, misma guerra entre personas cultivadas, personas culturetas y personas postureantes, a la oficialidad cultural correcta, que a veces es un collar que todo lo atrapa y lo desdibuja.

Y sobre todo ha sobrevivido al desamor, y creédme si os digo que el desamor es mejor para la supervivencia que el amor, porque el desamor nos obliga a desdoblarnos y desandar mucho de lo andado; por eso sus poemas en Señales nadan a contracorriente y se instalan en la realidad huyendo de la posverdad.

Porque si bien es cierto que toda persona que escribe se convierte en escritora, hacerlo no la convierte en buena; un buen escritor (en este caso) es quien escribe sabiendo usar las palabras, palabras que en Señales se convierten en declaraciones de amor, en rebeldías, en noticias, en resistencias, en radiografías en sentencias, en alegatos, en acusaciones, en música, lugares comunes que han de servir para reconocerse.

Entre las Señales en que yo me he reconocido están Boetticher y Navarro, O fortuna, Plus Ultra, Los flamencos, La recuperación y la grieta y en cada uno por causas distintas, aunque todos me han enseñado algo de mi que no veía, algo que no entendía e incluso algo que me había pasado desapercibido.

Enrique es un lector avezado, no en vano lo hace desde muy pequeño y eso se nota y se siente, y es un escritor muy joven, demasiado joven para escribir las cosas que escribe, como dijeron una vez de Luis García Montero; abro paréntesis, y muy guapo, cierro paréntesis y en sus Señales hay muchas de estas, de buen observador y narrador de la vida; yo, además de que siga escribiendo, le pido que no caiga en el malditismo, que hoy por hoy es la mejor manera de ser políticamente correcto en la literatura, que sea natural, que es hoy por hoy la mejor manera de ser subversivo, aunque doy por hecho que él sabrá lo que ser y cómo.

Llegando al final he de decir que tan solo me preocupa que este retrato haya gustado a la madre de Enrique, Mari Carmen, porque entonces sabré que todo está bien.

Enrique y yo en la presentación


El público generoso llenó la sala 

El momento para el que un escritor escribe, los lectores

El autor y su voz


miércoles, 29 de marzo de 2017

De aeropuertos y ladrones

Para Ingrid e Inma, por el calor y el disfrute.

Los aeropuertos son lugares que me apasionan. Son el mundo entero concentrado en unos metros, basta entrar en ellos para saber que ya estás en otros lugares, porque en ellos habitan personas de muchas nacionalidades, razas, religiones.

Hay días en que también hay mucha seguridad, como esta última vez que he viajado, el día siguiente del atentado en Londres y era la primera vez que presenciaba un minuto de silencio por las víctimas en un lugar así. Sigue habiendo un muy molesto y desde mi punto de vista, innecesario control de pasajeros; no es posible que sigamos teniendo que descalzarnos para poder acceder al avión.

A veces esos vuelos salen con retraso, como esta última vez que he viajado y entonces te dan un vale para que tomes un refrigerio, y en ese espacio de tiempo es cuando aprovechas para observar más detenidamente a tu alrededor, charlar con quien está al lado con esa mirada cómplice de quienes empiezan a estar enfadados por la demora, ir al baño, comprar un periódico y leerlo, sacar el libro que llevas en la maleta o mirar el móvil, esto último la mayoría.

He de confesar que en los móviles ahora está parte de la utilidad, como esta última vez que he viajado, en la que he interpelado a la compañía a través de la red social Twitter sobre el retraso del vuelo y han respondido amable e inmediatamente pidiendo disculpas y anunciando una nueva hora de salida y han cumplido la palabra dada en la disculpa.

Cuando hemos empezado a volar, el piloto se disculpado por la demora hasta tres veces y ha explicado la causa; el primer vuelo que ha hecho el avión por la mañana hacia A Coruña ha sido alcanzado por un rayo como consecuencia del temporal  desatado ese día y había que revisar posibles daños en el aparato antes de volver a volar. Las disculpas me han sabido a la satisfacción de poder decir "que me parta un rayo" y vivir para contarlo.

Postdata que nunca pensé contar; el trayecto de A Coruña a Vigo lo hice en tren, apenas dura una hora y veinte minutos, tiene paisajes bonitos, es bastante cómodo y no muy seguro. Me robaron la maleta. Sí, incluso haciendo lo correcto que es poner la maleta en el portamaletas habilitado para ello, se la llevaron y me dejaron compuesta y con lo puesto.

No había nada de valor en la maleta, entendiendo por valor algo que quien la robara pudiera sacar algún dinero; cuatro camisetas, ropa interior (incluyendo mi sujetador favorito), una falda, una botas de deporte, las gafas de ver cuando me quito las lentillas, un cargador de móvil, las cosas de aseo y un libro. Un libro de setecientas páginas que estaba leyendo e iba por la mitad, El Salvaje del mexicano Guillermo Arriaga (a ver si el ladrón o ladrona tiene huevos u ovarios para leerlo y aprende a ser mejor persona). Me sentí totalmente desamparada; he de contar que el personal de Renfe fue muy amable, tanto que al día siguiente la revisora me llamó para saber como estaban mis ánimos; la maleta nunca apareció.

Como la vida está llena de buenas personas, las amigas con las que iba a encontrarme enseguida me abrazaron, me vistieron y me calzaron; lo que más eché de menos fue la colonia, ese olor personal que cuando te lo pones hace que te sientas protegida y a salvo de todo, o casi.

He disfrutado tanto del viaje, que no he recordado el robo hasta que al volver a casa he tenido que narrar lo sucedido. La ciudad de Vigo, que como todas las ciudades portuarias que visito, se cuelan en mi corazón a las primeras de cambio, es una ciudad manejable, amable, bonita. Los alrededores que visité son lugares que van conformando la historia de esa provincia, castros, pazos, faros, puertos, piedras, océanos, iglesias y monasterios. Por no hablar de la comida ¡qué barbaridad, qué bien se come y qué buenos precios! Y la amabilidad de quienes se dedican a la restauración, no pides un café que no te sirvan con uno o varios dulces por el mismo precio.

Y hablando de monasterios os voy a contar la anécdota del viaje; el viernes por la tarde pasamos por Oia que tiene un monasterio del siglo doce que está frente al mar resultando una imagen y un encuentro extraordinario que sólo puede ser visitado cuando hay misa, así que preguntamos a una señora a qué horas era y cuando nos dijo que a las siete de la tarde seguimos camino con la intención de volver a esa hora para poder entrar. Y así lo hicimos, llegamos siete minutos antes del inicio de la misa y los pocos habitantes del pueblo iban entrando tranquilamente en el templo, cuando parecía que estaban todos dentro, nosotras decidimos salir para no molestar el oficio y cual no sería nuestra sorpresa al dirigirnos a la salida y ver que había una señora cagando a escasos metros de la puerta de entrada, ella no parecía incomoda mientras nosotras no salíamos del asombro; con toda naturalidad la señora se limpió y entró en el monasterio a escuchar la misa. Nos reímos mucho en ese momento y luego al contarlo; no te puedes cagar en Dios, pero te puedes cagar en la puerta de su casa. Amén.


Plaza de la Iglesia

Museo de Arte Contemporáneo

Castro

Castr

Librería en Vigo

Plaza de Portugal

Monasterio de Oia

Pazo de Castrelos

Combarros

Combarros

O Grove

Cabo Home
Lacón, orejas, tortilla y vinos en OPorco

Zamburiñas en Combarros
Inma, Ingrid y yo

Postre de torta de Santiago

Nécoras en Amina

























jueves, 9 de marzo de 2017

Los días agridulces

Ayer y hoy.

Ayer, 8 de marzo, un año más celebramos el día de la mujer (trabajadora) que aún no sé porque ha desaparecido el adjetivo y todo apuntaba que no iba a ser un día más de un año más y así fue. 

Porque la convocatoria de este año no era como la de otros años. No voy a contar porqué se celebra este día, al que un día le quitaron el adjetivo Trabajadora sin saber muy bien la razón, porque doy por hecho que es sabido y si no es así, la información está al alcance de todas y todos. 

Una de las cosas que me llamó la atención ayer fue el enojo de muchas mujeres al ser felicitadas respondiendo que no querían serlo, que no había nada que celebrar que es un día para reivindicar. Y no puedo estar más en desacuerdo en lo de no ser felicitadas; somos mujeres trabajadoras y lo somos porque un día de principios del siglo veinte 120 mujeres murieron abrasadas en una fábrica textil en la que estaban en huelga para pedir muchos de los derechos de los que disfrutamos ahora, así que sí, sólo por respeto a esas 120 mujeres debemos ser felicitadas y revindicadas, que no está reñida una cosa con la otra. Por esa regla de tres nadie podría felicitar el día del padre porque somos millones quienes hemos perdido al nuestro, ni el día de la madre porque hay millones que han perdido a la suya, nadie podría felicitar al colectivo Lgtb por lo conseguido porque aún hay quien no sale del armario y así otros días reivindicativos. A mi me gusta ser felicitada y me gusta felicitar a otras mujeres que veo trabajando porque me reconozco en ellas. Y por respeto a todas las mujeres muertas para mejorar nuestras vidas.

Lo que pienso que no hemos sido capaz de explicar bien es porqué este año el 8 de marzo era diferente; la diferencia la marcaba la convocatoria de huelga internacional de mujeres convocada por los movimientos feministas de muchos países, en unos lugares fue una huelga normal de 24 horas y otros se convocaron paros simbólicos de media hora, como sucedió aquí en España. Y creo que no los supimos explicar porque no se trataba de que los hombres se solidarizaran con las mujeres parando también, se trataba de que los hombres se solidarizaran con las mujeres que paramos haciendo las tareas que normalmente hacemos las mujeres en la calle y en casa y no lo explicamos bien.

Y en los lugares de trabajo tampoco se entendió bien, en el que yo trabajo, de hecho, fue un acto bastante lamentable en el que lo importante era hacer la foto y leer el comunicado más desangelado y vacío que yo he escuchado en mucho, y una vez terminada la lectura apenas seis compañeras nos quedamos secundando el paro. En otros lugares algún jefe le pidió a una trabajadora que se quedara de guardia porque era él quien iba a hacer el paro de manera solidaria y hasta ha habido quien ha querido descontar esa media hora de la nómina de la trabajadora. 

Todo bien en la idea, nos falta la pedagogía, porque, amigas y amigos, una huelga de mujeres de verdad sería un movimiento sísmico de consecuencias incalculables, hagámoslo y cambiemos el mundo.

Lo mejor, las muy numerosas manifestaciones en todas las ciudades, las más numerosas de los últimos años con gran presencia de jóvenes y eso es esperanzador.

Hoy, 9 de marzo, jornada de huelga en la educación pública. Hasta el día de hoy he hecho todas las huelgas que se han convocado en la educación pública desde que trabajo en la universidad, todas, que si no cuento mal han sido cuatro en la legislatura de Mariano Rajoy.

La de hoy no y esa decisión me tiene el alma partida en dos. Como siempre me han parecido inverosímiles las razones que se esgrimen para no hacer huelga no usaré ninguna; no he hecho huelga porque no me ha dado la gana de hacerla. Ahora, si me preguntas porque no me ha dado la gana de hacerla, te diré que por desinformación, no es que no sepa los motivos que hay para la huelga, los conozco todos, porque muchos de ellos los vivo día a día, quizás no debería llamarlo desinformación y si llamarlo desinterés. En mi lugar de trabajo ningún representante sindical (y los hay) ha informado sobre la huelga, tampoco ha venido ningún colectivo a explicarnos las razones de la huelga, no ha habido una asamblea de trabajadores en la que se nos haya explicado las razones para la huelga, yo supe de la huelga porque vi un cartel y vi las redes sociales, nada más.

Y para no repetirme por lo dicho más arriba, todo bien en la idea de la huelga educativa, pero mal la pedagogía ¡qué redundancia cuando hablamos de educación! La mayoría de las personas no son conscientes del daño que se está haciendo a la educación de todos los niveles, desde todas las administraciones y lo importante que es atajar este daño, porque es el presente, no ya el futuro lo que está en juego, el de vuestros hijos, que yo de eso no uso.

Hay todas las razones para hacer huelga, pero solo es posible que una huelga sea efectiva si es seguida de manera masiva, si el seguimiento es escaso ni siquiera los propios convocantes se podrán respetar y será difícil volver a convocar. Hay quien dice que el tiempo de las huelgas ha pasado y que así no se consigue nada, nada más lejos de la realidad, pero podemos seguir instalados en nuestra comodidad que ya vendrán otros detrás.

Ojalá la huelga haya sido un éxito. No haber participado de ella no me ha hecho feliz, esa es la realidad, aunque no me reprocho nada, si me muriera mañana lo haría con la tranquilidad de haber peleado para dejar un mundo mejor, casi toda mi vida.Y así son los días agridulces, pequeñas victorias y grandes derrotas. 

miércoles, 1 de febrero de 2017

Juan

Hoy nos hemos cruzado en la puerta de salida, o de entrada; llevaba un libro de Geroge Simenon en una mano, un cigarro en la otra, le he cedido el paso, me ha parecido que tenía prisa, él me lo ha cedido a mí y finalmente yo a él.

Juan tiene unos cincuenta y cinco años, el pelo cano, es muy delgado y no muy alto; casi siempre viste vaqueros, a veces de unos insolentes colores, verdes o lila, cazadora de cuero como un adolescente y botas. Es uno de esos tipos de Huelva de toda la vida y cuando éramos jóvenes, era lo que se llamaba entonces un moderno, lo encontrabas en todos los lugares y querías que fuese tu amigo.

Juan pasa el día en la biblioteca provincial, llega por la mañana minutos antes de que abra, guarda sus cosas, que lleva en una bolsa de plástico a cuadros en la taquilla y sube a la segunda planta a leer la prensa del día, los lunes tiene más tarea porque lee también la de los domingos; a veces se suman otros colegas que van llegando de los mismo lugares que él, a media mañana salen a la calle a fumar un cigarro, nunca a tomar un café.

Siempre tienen conversación; una mañana que yo entraba en la biblioteca, Juan le decía al otro “voy a irme a la puerta de la subdelegación del gobierno con un cartel colgado en el pecho que diga, soy tonto por haber votado al PP”, sin poder evitarlo le dije “y tanto que sí”, Juan y su amigo sonrieron, luego me contó que, salvo el personal de la biblioteca, casi nadie les habla y que muchos los miran como si fueran locos. Pero no son locos, Juan y sus compañeros habitantes de ese lugar viven en el albergue unas veces y en casas de acogidas, otras.

A mediodía se va a almorzar, siempre de la caridad y al terminar vuelve. En la tarde suele leer libros, entre los que le he visto entre manos, Agatha Christie, Paco Umbral y Stephen King, y lleva auriculares que comparte siempre que alguien se lo pide, también ve películas en los ordenadores disponibles.

Una tarde, en una de sus pausas para el cigarro y de las mías para el café, discutía con un compañero que quería coger sus cosas y volver a casa antes de la hora de cierre, Juan le respondió “eso no es una casa, es un albergue y solo hay pobres tío, aquí hay gente normal”. Cuando está solo, se apoya en una barandilla que sostiene a las escaleras y parece que mira a quienes pasan o pasean por la calle, en ese momento su mirada se pierde, no sé si entre la  gente que camina o en sus recuerdos de cuando se sentía parte.

La biblioteca no lo parece, es un edificio de hormigón que no deja entrar la maravillosa luz de Huelva, tan solo por unos cristales en la planta baja puedes ver que ahí habitan libros. Y es en el interior de ese hormigón donde Juan tiene su lugar en el mundo.

Juan tuvo familia, tuvo trabajo, tuvo casa, tuvo coche, tuvo drogas, tuvo novias, tuvo dinero, tuvo diversión, tuvo éxito. Y un día no tuvo nada, se encontró en la calle. Juan ahora duerme en casas de acogidas y albergues y vive en la biblioteca. Juan sonríe casi siempre, pero la sonrisa no llega a sus ojos.


martes, 17 de enero de 2017

A ver

Decía Federico García Lorca "el español que no ha ido a América, no sabe que es España" y digo yo que quizás por esa misma razón, para no vernos en otras personas, tampoco queremos que América venga a aquí. Salvo que seas futbolista o escritor famoso (siendo la medida de famoso el salir en las revistas y diarios, no necesariamente escribir bien).

Un año más y sigo sin entender algunas cosas, año tras año la misma torpeza habita en mi.

A ver como explicas que haya personas que solicitaron una visa de estudios hace más de tres meses en distintas embajadas de España en Latinoamérica y aún no tengan respuesta.

A ver como explicas que la respuesta a la solicitud de visa de estudios sea negativa porque la persona solicitante no dispone en su saldo bancario de una cantidad (3000 euros) de la que  no disponemos lamayoría en un país, este, donde sólo tres personas acumulan la misma riqueza que el 30% más pobre (Informe Intermon Oxfam).

A ver como explicas que a personas de la misma nacionalidad se les de una visa de duración de tres meses cuando el programa académico tiene una dirección de seis, además según sea el visado, una vez aquí, puedes ampliarlo o no.

A ver como explicas que a personas de la misma nacionalidad se le niegue la visa de estudios y a otras se les de; sería bueno saber y que  explicaran también porque los consulados (que son el estado español en el extranjero) les dicen a las personas solicitantes que ya no necesitan visa para entrar en España, cuando están pidiendo una visa de estudios para seis meses y la no necesidad de visa es solo un sello de turista para noventa días de estancia una vez que estén aquí. 

A ver como explicas que sin visa de estudios esas personas no pueden acceder a hacer prácticas en una empresa o entidad española una vez finalizada la parte presencial de máster (y las prácticas forman parte de este), no pueden acceder a otras becas que se ofertan a estudiantes como de movilidad o Erasmus.

A ver como explicas que estudiantes con becas y ayudas otorgadas, con calificaciones brillantes, con un buen curriculum pierdan la posibilidad de venir a estudiar e intercambiar conocimientos que nos van a enriquecer a todos. 

A ver como explicas que el gobierno español, este maldito gobierno, no tiene una política unificada de concesión o no de visados, no hay un criterio común, lo que deja la decisión de otorgar visa o no al libre albedrío del funcionario de turno, cuya actitud muchas veces es maleducada y despectiva, siendo siempre las perjudicadas las personas solicitantes. 

A ver como explicas todas estas trabas a personas de países con los que tenemos más de quinientos años en común.

Y se explica, se llama provincianismo, falta de miras, superioridad moral e intelectual impostada y racismo institucionalizado.