martes, 25 de octubre de 2016

No, no estoy enamorá


No estoy enamorada, ¿a qué viene esta afirmación? muy sencillo. En los últimos tiempos, hoy ha sido la última vez que me han dicho "te veo muy bien últimamente, de muy buen humor, muy guapa, seguro estás enamorada", a veces me dan ganas de responder "pues mira, tú tienes pareja, se supone que estás enamorado o enamorada y la mayor parte del tiempo estás de mal humor". No estoy enamorada y estarlo no es requisito indispensable para nada; no estarlo, tampoco. Y a veces estoy más guapa cuando estoy de mal humor (como aquello de Mae West "cuando soy buena, soy muy buena, cuando soy mala, soy mejor").

Y no seré yo quien reivindique algo que me parece una solemne estupidez, esa cosa de "estoy enamorada de mi familia, de mis amigos, de mi trabajo, de la vida", porque parece que es requisito indispensable estar enamorada para justificar una existencia. No. A mi familia y a mis amigos los quiero, el trabajo me gusta, unos días más y otros menos y la vida es la que nos toca, porque no elegimos el momento de nacer y tampoco el de vivir, si el como, así que lo que corresponde es vivir al día, a ser posible. Enamorarse es algo que tiene que ver con el ardor y la carne, quererse es otra forma de amor y tiene más que ver con la ternura y espíritu, pasión le puedes poner a ambos sentimientos, sin duda los deseos serán (son) diferentes.

Así que no, no estoy enamorada, hace mucho tiempo que no lo estoy, y no pasa nada. Después de mi ultima relación larga y durante un tiempo apenas vivía para saber si volvería a enamorarme, si alguien volvería a enamorarse de mí; casi todo lo que hacía y pensaba estaba encaminado a eso, no era consciente de la frustración que eso me generaba porque veía a mi alrededor a muchas personas en el mismo bucle y porque todas las conversaciones giraban en torno a eso, volver a tener pareja. En mi soledad siempre pensaba que en realidad echaba más de menos el sexo, el contacto con otro cuerpo, que el amor, y sentía que si lo decía en voz alta no se me iba a entender, porque aún se debate eso de el sexo con amor o sin amor. Aclaro, a mi el sexo me gusta con y sin amor. El tiempo ha ido pasando y con él el desasosiego de volver a tener pareja. He tenido amantes, he tenido sexo y ahora no tengo amantes, ni sexo, al menos en compañía.

Eso sí, enamoradiza soy mucho, pero no, no hay nadie que haga que mi estómago (el lugar donde yo siento las emociones) se revuelva, así que si no estar enamorada constituye un problema, debe ser de ellos, yo siempre estoy disponible a sentir.

Y va todo bien, o muy bien, y mal, o muy mal. Siendo honesta no me quejaré de la vida que tengo, primero porque es la he elegido, al menos la mayor parte de ella, porque no es una mala vida, porque he aprendido a disfrutar con lo que tengo, lo que voy logrando, lo que voy haciendo, he rebajado mis aspiraciones para no tener frustraciones innecesarias, he comprendido que no puedo salvar al mundo, sólo puedo estar a disposición de lo que considero mi mundo, donde caben muchos mundo (en homenaje al Sup Galeano, antes Marcos) y este es muy amplio. Tengo días buenos y días malos, también días normales, a veces creo que en estos es donde está el equilibrio, no hago muchos planes (salvo los que tienen que ver con billetes de avión, por razones obvias), como soy muy vaga, a veces me dejo llevar. Y sobre todo en la vida hay muchos placeres que nos van completando.

Creo que todos los días tengo el cincuenta por ciento de posibilidades de todo, de seguir trabajando, de quedarme en el paro, de seguir sana, de enfermarme, de reír, de llorar, de seguir viendo y de no, pero no pienso mucho en esto, porque hoy estamos y mañana no. Estar enamorada de un hombre y tener pareja suma, no estar y y no tener pareja, no resta.

Nadie lo piensa, pero quizás esa cosa tan extraña como es el estar guapa, de buen humor o muy bien de ánimos, tiene más que ver con tener la conciencia tranquila, con no estar siempre enfadada con el mundo sin razón, con no querer caer bien a toda la humanidad y que toda la humanidad te caiga bien a ti, no dar importancia a lo que no la tiene, saber hasta dónde puedes llegar, aceptar críticas y ejercerlas, no caer en el buenismo barato que siempre es un reducto de falsedad, ser leal a tu criterio, no creer esa burda mentira de nuestro siglo que consiste en que podrás conseguir todo lo que propongas, mandar a la mierda a quien corresponda, e ignorar a quien quieres odiar porque el odio te quita una energía que luego necesitas para hacer pilates y hacer lo que te va dando la gana, que con tener un novio, o también, que no son excluyentes.

Disfruto de lo que me gusta porque suele ser lo que elijo y elegir es fundamental para ser libre y la libertad es una forma de felicidad. Así que por favor, dejad de asociar el bienestar al amor carnal, porque es una apuesta irreal y excluyente y seguro que a los hombres ni se les plantea. Esto es lo que pienso hoy y si mañana cambio de opinión diré lo contrario y me sentiré humana y contradictoria y os lo contaré, si me echo un novio, también.

lunes, 17 de octubre de 2016

Hipoteca(s)


El pasado quince de octubre terminé de pagar la hipoteca de mi casa.

Hace más de veinte años y por razones personales que no vienen al caso decidí vivir en Huelva y dejar mi pueblo, Gibraleón; lo hice alquilando un piso enorme, desangelado y cuyo único atractivo residía que en el edificio de enfrente vivía una chica a la que su amante (por entonces un cargo público importante en la provincia) venía a visitar.Cuando cambiaron las circunstancias personales, aquel piso se hizo más enorme y menos necesario y me puse a la tarea de buscar otro.

Ese otro quería que fuera un poco más pequeño y además quería comprar, en ese momento estaba convencida que alquilar era tirar el dinero y me lancé a la búsqueda; la suerte quiso que en el edificio en el que vivía mi abuela los vecinos del bajo acababan de poner su piso a la venta. A mi siempre me ha gustado ese lugar, el único pero que encontraba al piso es que solo tiene dos habitaciones y yo siempre he querido tres; nos pusimos a negociar y enseguida llegamos a un acuerdo justo.

Tras el acuerdo llegó el peregrinar por las entidades bancarias; la primera, con la que yo trabajaba entonces fue un despropósito, ninguneo y negativas, la segunda posibilidades imposibles y la tercera llegó sola; un amigo trabajaba en ella y me contó que iban a lanzar una oferta que consistía en dar el cien por cien de la hipoteca solicitada sin pasar por el trámite de la tasación que era el que de verdad me daba miedo, siempre lo tasan en menos de lo que piden y toca hacer más números y piruetas.

Y así fue como me embarqué en una hipoteca de seis millones de pesetas ¡entonces era mucho dinero! y un viaje de veinte años para pagarla. Sola, sin aval de nadie, sin ayuda, sin trabajo fijo, me pareció un salto mortal sin red y pensaba que me haría vieja pagando la hipoteca. No me he hecho vieja pero me he hecho mayor. No ha sido un camino fácil; a los cuatro años de estar hipotecada me quedé sin empleo y esto duró un año, un tiempo difícil sin duda que afortunadamente superé. 

La casa se fue convirtiendo en un hogar, una vez finalizados los trámites de hipoteca y sus gastos me quedaba lo justo para comprar una cama, un sofá y un frigorífico, me instale en ella con los muebles que dejo la anterior inquilina y hasta unas cortinas y una televisión heredadas de mi madre, poco a poco y no sin esfuerzo he ido poniendo, quitando, cambiando cosas. La casa también ha envejecido y va siendo hora de hacerle unos arreglos, poco a poco, el dinero que iba destinado a la hipoteca será ahora para los retoques.

Ahora ya puedo decir que la casa es mía, antes nunca me he sentido propietaria, quizás ahora tampoco. Esa casa ha sido de mis novios, de mis amantes, aún lo es de mis hermanos, mis sobrinos y mis amigos; algunas de las razones por las que yo quería tener una casa eran estas, tener un lugar donde las personas que quiero pudieran venir y estar, también era muy importante tener un lugar para los libros y algunos discos, recuerdos de viajes, en definitiva donde tener una vida. Me produce especial satisfacción que siendo una casa unifamiliar quienes pasan por allí la ven un hogar con calor de hogar, que transmite paz, supongo que eso es mérito mío.

Hace dos años, y tras haber previsto un viaje a Jordania,  hice testamento; por alguna extraña razón pensaba que en cualquier momento los disparos que sobrevuelan los países de Oriente Medio podrán llegar hasta donde yo estaba y yo no quería que una persona que estaba circunstancialmente en mi entorno familiar se viera beneficiada del hecho de no tener las cosas en orden. El testamento no es el que yo siempre he querido hacer, confío en poder cambiarlo en algún momento.

A tenor de lo escuchado estos días cuando lo he contado, el haber llegado al final tiene algo de épico, o de suerte en la lotería, y parece que no es poco en estos tiempos. A veces fantaseo con vender el piso y con el dinero que gane con la venta, viajar y cuando deje de viajar volver  al pueblo, a la casa de mi madre, al hogar. Luego se me pasa y ahí estoy, entre la fantasía y la libertad.

Una cosa he aprendido, si volviera a nacer, jamás me compraría una casa. Debemos fomentar el alquiler justo de viviendas y descartar el sentido de la propiedad.

El pasado quince de octubre terminé de pagar la hipoteca de mi casa. Y el día uno de noviembre hará viente años que vivo en ella. Un poco orgullosa de mí si que estoy. Y un mucho feliz por haber llegado aquí, también.


viernes, 2 de septiembre de 2016

La ciudad en la ciudad, Coyoacán

México Distrito Federal, esa es para mí la ciudad, podría escribirlo con mayúsculas pero no es necesario, cualquier que me conozca sabe que es así, no es que tenga una historia de amor con esa ciudad, es mucho más, es pasión. Aunque estoy un tanto enfadada con sus gobernantes, quieren aprobar un nuevo nombre y que pase a ser Ciudad de México, dejando de ser distrito federal, que es lo que le da rebeldía.
De todos los lugares de esa ciudad mi favorito es el barrio de Coyoacán, siempre vuelvo a él y van siete las veces que visito ese país. Coyoacán ha sido siempre el barrio bohemio y artístico de la ciudad, allí está la casa azul de Frida y Diego con túnel por debajo que la comunica con la casa de Trotsky (la leyenda cuenta que León y Frida eran amantes). En una de sus cuadras hay una casa que ocupa toda una esquina entre calles que fue la casa del mítico Indio Fernández y un poco más allá “La Escondida” una finca inmensa que fue de la gran Dolores del Río y que ahora es un lugar de celebraciones, de hecho la boda de mi amiga Irma se celebró allí; fue impresionante pasear el mantón de manila de más de 100 años que es herencia de mi madre por esas escaleras, esas rampas, esos salones con esas lámparas. Soñar.
Coyoacán no es un barrio peligroso, no me lo parece y lo he recorrido varias veces; es un barrio lleno de pequeños barrios y casi todos tienen una plazoleta y zócalo y árboles centenarios y jardines muy bien cuidados y no todos son populosos, y ¡¡¡cinco iglesias!!! (que yo contara).
Llegando y desde tres calles antes hasta donde llega el aroma, me gusta siempre tomar café en El Jarocho. El Jarocho es una tienda pequeña donde venden todos los cafés que produce México y son muchos, y también te lo sirven, lo bonito del lugar es que no es un bar, coges tu café y te puedes sentar en el único banco que hay frente a la puerta de entrada o seguir caminando; con el café en la mano puedes ir hasta la casa azul e intentar entender a Frida Kahlo y a Diego Rivera y sorprenderte de que no es tan azul por dentro. Todo es excesivo en esa casa, quizás como ellos.
Saliendo de la casa me gusta caminar hasta el mercado de artesanías, es enorme, tiene muchas calles y ahí encuentro siempre todos los regalos que nunca tengo tiempo de comprar según avanza el viaje, mis favoritos son los paliacates y las catrinas, estas, si son buenas, suelen ser muy caras, pero dicen que dan buena suerte si te las regalan, también hay toda clase de remedios caseros para el amor, el desamor, el desempleo, el salud, los estudios, muñecos y muñecas indígenas e incluso aún hay quien los vende con pasamontañas en un eterno homenaje al Subcomandante Marcos.


Se acerca la hora de comer y la oferta es muy grande, cantinas, puestos en los mercados, puestos en la calle, y nunca sé que elegir, mi hambre burguesa me lleva a la Guadalupana, una cantina mexicana, mexicana donde hacen unos de los mejores chiles enogadas que puedas probar y quesadillas; mi hambre atrevida me lleva a comer chicharrones bañados en chile picante de cualquier puesto de la calle, lo que hace que mis amigos se preocupen por si me enfermo, nunca ha sucedido, se ve que Moctezuma no se quiere vengar en mí.
Como resultado de la edad cuando viajo me gusta cada vez más aprovechar el día en la calle, soy más diurna que nocturna y tras la comida, paseando para bajarla un poco, el sentido me lleva a la heladería Siberia, qué gran nombre para una heladería ¿verdad? sus helados y nieves son exquisitos, aunque pienso que los últimos años han perdido calidad; ah! y una de las cosas que más me gusta es hacer la cola y escuchar hablar en mexicano, observar a las personas.
Y hablando de observar a las personas, llegamos a la parte triste del relato. La hora del café. Aún recuerdo la envidia que me produjo descubrir en mi primer viaje una gran cantidad de librerías-cafeterías, es mi sueño dorado, poder tener un lugar así. Y llegar a El Parnaso, podéis imaginar el porqué del nombre, del que me enamoré. Un flechazo brutal. Estaba la librería y al lado la cafetería-restaurante, las fotos te contaban como por allí pasaban habitualmente Carlos Fuentes, Octavio Paz, García Márquez, Elena Poniatowska, Ángeles Mastreta, Carlos Monsiváis, los Taíbo y muchos más como residentes que eran, pero también Mario Vargas Llosa, Sergio Ramírez, Arturo Pérez Reverte , que pasaban por la ciudad. Toda la literatura iberoamericana aquí desconocida, estaba allí; también toda la literatura española a precios más asequibles que aquí.
Me produjo una emoción especial pisar esa librería y ese café. Llegabas, ojeabas un libro, lo comprabas o no, pedías La Jornada en el quiosco de la esquina y con una taza de café o del exquisito chocolate que hacían, veías la vida pasar. Allí estaba el corazón del distrito federal, trabajadores y trabajadoras a la salida del trabajo elegantes, los estudiantes con sus mochilas, las indias vendiendo artesanías, los más pequeños jugando a la salida del cole o pidiendo, los manifestantes y sus reivindicaciones. El parnaso ya no existe, la poesía se ha trasladado otros lugares.
Y como no hay historia de amor que no se bañe en alcohol, me gusta acaba en el El Hijo del Cuervo, que es lo que nosotros llamamos bar, y ellos antro aciertan a calificar.
PD.: este texto lo escribí hace unos meses para un taller de escritura.




domingo, 28 de agosto de 2016

La rutina (no rutina)


Puedo decir que las tres semana que he tenido de vacaciones no han sido las mejores de mi vida y también puedo decir que han sido unas buenas vacaciones. Apenas las había iniciado falleció padre, con todo lo que eso conlleva, y aún así han sido buenas vacaciones, si por buenas vacaciones entendemos un no parar; donde ha habido un poco de todo. 

Un mucho de mimos de familia y amigos, un poco de limpieza en el hogar, un bonito viaje a Marruecos, unas escapadas a las bonitas playas de Huelva y el sur de Portugal, un poco de películas infantiles, un poco de música y un poco de lectura. Esto último es raro, en verano nunca decae el ritmo de lectura que llevo en invierno, la diferencia estriba en ir a la playa sola o acompañada, en este último caso leo menos y también en el tiempo que paso en casa y no, no ha sido mucho, es verano, al fin y al cabo.

He de decir que agosto no es mi tiempo favorito para coger vacaciones, las tomo porque no tengo opción, y siempre me guardo unos días para disfrutar del tiempo que me gusta, allá por final de septiembre. Todo esto para decir que tenía ganas de empezar a trabajar ¡sí! puede sonar raro, pero así es, trabajar para volver a la rutina y ¿porqué no? al descanso. La rutina de un horario para levantarse, un horario para trabajar, un horario para almorzar, un horario para descansar (entiéndase por esto dormir unas seis horas por la noche, todas seguidas) tras u buen rato de lectura en la cama, entre sabanas frescas y sin apenas ruido pues la mayor parte del vecindario no está. Y toda una tarde libre para muchas cosas y casos.

Hasta que te das cuenta que la rutina no es tanta; durante esta primera semana de trabajo he podido hablar varias veces con un chico que quiere estudiar uno de nuestros programas académicos y que es de Costa de Marfil. También he hablado varias veces con una chica libanesa, que quiere lo mismo y la gran sorpresa ha sido que habla muy bien español, según me cuenta porque siempre tuvo interés en aprenderlo. Estos contactos emocionan y estimulan a partes iguales, de sus respectivos países las noticias que nos llegan siempre suelen ser malas, así que este interés deja un lugar muy amplio a la esperanza, la de ellos y la de nosotros.

La rutina deja de serlo cuando una de las mañanas aparece en la oficina C. (una mujer que fue alumna nuestra), ella es  víctima de violencia de género y una sobreviviente, porque consiguió terminar su tesis y presentarla, trabaja cuando puede, a pesar de estar protegida y saca a su hijo adelante; mientras dice que viene a preinscribirse en uno de nuestros posgrados, me va narrando lo duro que le resulta ver cuando su hijo sale al punto de encuentro establecido para reunirse con su padre, padre que la mayoría de las veces no acude y deja al niño desolado. C es una gran mujer, siempre me alegra verla, porque sé que no es fácil que pueda andar libremente, y espero que un día la vida la recompense, lo merece. Lo mejor, siempre, el abrazo cálido con la promesa de que se repita pronto.

Y el placer de la rutina es volver a coincidir con mi amiga Che Duarte en las idas y venidas a La Rábida, la alegría de ver como su hija Carla va creciendo y cuando sonríe ilumina sus ojos y mi mundo; retomar los desayunos al aire libre en el bar de siempre, poder elegir quien te acompaña en esos momentos, intercambiar chismes y relatos de las vacaciones.Trabajar sin jefes.

Y cuando menos lo esperas, escapar a la playa y saber que aún queda verano. ¡Viva la rutina!








martes, 16 de agosto de 2016

La ropa


Acabo de llegar de un viaje a Marruecos, ha sido sólo una semana en Martíl una pequeña localidad del norte, ubicada en la provincia de Tetuán, así que no me haré la experta en nada, quiero contar mi experiencia, porque al volver me he encontrado con la foto (polémica) de las jugadoras de vóley y con alguna tertulia sobre ese tema de terror. 

Cuando supe que entre las actividades que íbamos a tener durante la estancia allí era un encuentro con un colectivo de jóvenes y con un colectivo de mujeres, toda mi idea era preguntar porque se visten toda cubierta y usan Hiyab; desde la superioridad moral que a veces nos caracteriza a Occidente nos hemos acostumbrado a juzgar y criticar sin conocer y por supuesto, a sentar cátedra.

Así que a la primera de cambio me aventuré a preguntar a una chica de Tetuán, llamada Mariam Fathi. Es una chica que gracias a la formación que ha recibido, impartida por la asociación a la que vimos, ha podido conseguir un trabajo. Lo primero que me llamó la atención de ella fue su elegancia, cubierta de pies a cabeza, resultaba deslumbrante; luego su carácter, durante todo el tiempo que mantuvimos el encuentro, ella, recriminó a una compañera que comiera chicle, que era de mala educación, le dijo a un chico que se sentará bien para que cupiéramos más personas y hasta corrigió al traductor porque dijo algo que no le gusto.Todo un carácter que acompaña de una sonrisa.



Ella contó que era una chica muy vaga, que solo quería dormir y que apenas salía de casa, que la educación había cambiado todo eso, entre otras cosas, ahora apenas quería dormir, se llevaba mejor con su familia, hace lo que hacen todas las chicas jóvenes, aunque sea a escondidas y quiere viajar mucho. Se viste así porque le gusta, nadie la obliga y alguna de sus amigas visten de manera occidental, sí reconoció que vestirse así tiene mucho que ver con las agresiones que sufren los países árabes y que es una reivindicación de su cultura, no de su religión; me dijo que yo estaba muy guapa con la ropa que llevaba (un pantalón corto y una camiseta), le di la gracias y le respondí que ella también estaba muy guapa y muy sexy (hacía viento y la falda larga se ceñía sobre sus piernas)y dibujo una ancha sonrisa en su rostro.


Luego quiso hacerse selfis con todo el grupo, sin importar que fueran chicos o chicas, dio buena cuenta del té y los pasteles y aunque había perdido permiso en el trabajo para poder reunirse con nosotros, se resistía a irse porque lo estaba pasando muy bien. Nos dijo que las buscáramos en facebook. En esta asociación había chicas y chicos vestidos con hiyab y sin hiyab, de hecho, a una de ellas la pudimos encontrar esa misma noche en un concierto al que asistimos en la escuela de artes y oficios de Tetuán.




Así ha sido en muchos lugares, mujeres vestidas de manera occidental y oriental, y hombres vestidos de manera occidental y oriental, en los bares, lugares de trabajo, en el mercado, en la calle, en la playa, salvo que lo de los hombres nunca lo vamos a cuestionar; 

No diré que me parezca ideal esa ropa, no podría vestir así, aunque me han regalado una chilaba preciosa que luciré en algún momento, si diré que ahora tengo mucho respeto a sus decisiones, mucha empatía a la lucha por sus derechos, porque si algo parecen tener claro es que  tienen derecho a vestir como quiera y que tienen los mismos derechos que los hombres, y esa es una lucha universal.


lunes, 4 de julio de 2016

El insulto

Podría decir que hoy ha sido uno de los días más triste de mi vida laboral, ha ocurrido algo que nunca había sentido. Desprecio.

Muy temprano sonó el teléfono, era un señor preguntando si habían salido los resultados de las solicitudes de beca, le respondo que no, que salen hoy a lo largo del día o mañana; el señor muy ofuscado dice que la pasada semana envío la documentación que le faltaba, el curriculum, le respondo que el plazo para presentar documentación finalizó hace una semana y me dice que si no le van a dar la beca por falta de documentación que ya sabe que no hacía falta enviarlo, a pesar de conocerla de memoria le leo la convocatoria y le digo que sí, en todo caso, si no le otorgan beca por falta de documentación puede usted alegar, ya, pero es que mañana no voy a estar en casa, puede usted hacerlo pasado mañana, hay plazo para alegar, sí pero es que no es justo, mire, aún no sabe si se la han dado o no, mejor será que espere y de pronto se hace el silencio al otro lado del hilo teléfono y con todo el desprecio de que fue capaz dice "en fin, funcionarios" y cuelga.

Hoy no ha hecho mucho calor y aun así, se me heló el corazón, jamás en mi vida nadie se había dirigido así para cuestionar mi trabajo, he oído muchas veces, demasiadas, las generalizaciones sobre los funcionarios pero nunca lo habían usado como insulto. Como no me gusta el corporativismo siempre he pensado que lo que mejor define a los funcionarios es su trabajo y puedo decir con rotundidad que es impecable, no diré que no haya quien no haga nada, los hay, son minoría, afortunadamente minoritaria y valga la redundancia. Mi madre ha sido funcionaria durante casi 30 años y nadie puede decir que no haya sido diligente y resolutiva, no lo digo yo, podéis preguntar en mi pueblo; y no lo tuvo fácil, sufrió la ira de dos alcaldes que la apartaron de sus funciones y ella jamás dejó de acudir a su trabajo, no invento baja, malestares o se cruzó de brazos, nunca.

Los funcionarios en este país hemos soportado en los últimos tiempos una carga muy pesada, los recortes y las celebraciones de quienes se alegraban de esos recortes, sí amigos, hay quien se alegra de la pérdida de derechos de los funcionarios, trabajadores al fin y al cabo. Nos han recortado el sueldo durante los últimos seis años, nos obligaron a trabajar dos horas y media más a la semana con decrecimiento salarial, nos quitaron días de vacaciones y asuntos propios ganados a pulso y una paga extraordinaria en a navidad de 2012 y hasta hemos ido a trabajar enfermos porque una semana de baja te dejaba el sueldo en nada, sin importar los años que lleves trabajando. Ahora nos han devuelto la paga extraordinaria y algunos de los derechos que nos quitaron, devolución que no pienso agradecer, no se agradece que te devuelvan lo robado. Diré más, a mi los cuatro años de gobiernos de Mariando Rajoy me ha supuesto una pérdida añadida de unos trescientos euros, porque hice la huelga general y las tres huelgas en la educación que fueron convocadas durante su mandato, así que como ya he dicho alguna que otra vez, no me toquen el coño, ni me den lecciones.

Y ya que estoy, lamentar también la cantinela de que los funcionarios somos de un partido o de otro. A ver si se entiende bien, los funcionarios no servimos a quien da la orden de que paguen nuestro salario; los funcionarios servimos y nos debemos a quienes con sus impuestos cada año sostienen las administraciones públicas, los hombres y las mujeres que forman parte de este país, sean españoles o no. Las instituciones son de los pueblos y permanecen, los políticos hoy están y mañana no, ya pasaron los tiempo de tener señor y amo. Y qué triste que digan que el trabajo es un privilegio y no un derecho, más triste aún son los trabajadores pelando contra otros trabajadores.

Estoy convencida que no siempre hago las cosas bien, aunque lo intento cada día, el servicio público es tan, tan maravilloso que hasta un día malo los usuarios lo pueden convertir en bueno. Intento ser profesional y educada, y también amable, que una actitud no está reñida con la otra. Si yo contara las formas de agradecimiento que recibo por mi trabajo podría publicar una enciclopedia, pero aunque nadie lo agradeciera yo intentaría hacerlo bien igual, porque como empleada publica me gusta tratar a las personas como me gusta ser tratada. Por eso hoy ha sido un día tan triste, por la maldad en la intención. 

* Los funcionarios engloba también a las funcionarias (obvio).

lunes, 30 de mayo de 2016

Desarmados

La empatía es una palabra que proviene de Grecia y es la capacidad cognitiva de percibir en un contexto común lo que otro puede sentir. También es descrita como un sentimiento de participación afectiva de una persona en la realidad que afecta a otra (Wikipedia).

Empatía es el sentimiento de identificación con algo o alguien y capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos (RAE).

Según Acnur, la semana del veintitrés al veintinueve de mayo (o sea, la pasada semana) han fallecido en el Mar Mediterráneo entre setecientas y mil personas. En todo 2016 la cifra es de dos mil trescientas veinticinco, creedme si os digo que en Huelva hay pueblos con menos habitantes, pueblos bonitos, pueblos resistentes. Si en algunos de esos pueblos viviera una sola persona que no quisiera marcharse de allí aunque la obligaran, yo estaría de su parte. Una sola persona ahogada debería ser mucha.

Aoussama (mamá), Zohra (Mari Carmen), Smail (Octavio), Merien (Marta), Yassine (Mané), Dalel (Paquito), Eman (Daniel), Zakaria (Darío), Abdelouhed (Mario), Marwa (Lucas), Hadeer (Manuel), Ibrahim (Pepe), Soumaya (Victoria), dalel (Pablo), Samir (Martín), Saliha (Rocío), Djilali (Lolo), Rimen (papá).

Anoche, mientras escuchaba la noticia, se me ocurrió imaginar que estas personas podrían ser mis padres, mis hermanas y hermanos, mis sobrinos y sobrinas; podría continuar con mis primas, con mis amigas y amigos, con sus hijas e hijos, con mis amores, pasados y presentes y ¿por qué no? futuros, si en el algún momento de la vida me cruzo con alguna de estas personas. Tardé en conciliar el sueño y es extraño, porque dormir es una de las pocas cosas que hago muy bien en la vida. 

No consigo acostumbrarme a la cotidianidad de estas cifras y trato de encontrar algo que me reconforte y pienso que afortunadamente las personas que forman parte de mi están bien, están presentes y están cerca, física y animicamente. Y que durante el próximo mes de julio, en la universidad donde trabajo, vamos a tener dos cursos con personas de algunos países con conflictos o cercanos a ellos (Marruecos, Egipto, Tunez y Argelia). Y que ojalá España fuera Italia o Grecia, sí, porque con todo en contra están demostrando una capacidad de ser generosas ilimitada, todos los días parece que no cabe un refugiado más y todos los días llegan más. Y que en las próximas elecciones votaré a quien de verdad tenga un programa serio para refugiados e inmigrantes o sea, para las personas y no para las cifras.

No se me ocurre casi nada más, no tengo fortaleza ni capacidad física y moral, para decir "durante las vacaciones voy a ir a ayudarlos", ya no la tengo, durante muchos años la tuve y lo hice, ahora ya no. Desde donde estoy,  sigo recomendando que ayudemos economicamente a quienes siempre están al frente Proactiva CEAR Médicos sin Fronteras y muchas más. 

Una última cosa, probemos todos a poner nombres a las cifras, el nombre de nuestras personas más cercanas, quizás seamos capaces de ser millones y obligar a quienes pueden resolver, a que resuelvan.