lunes, 18 de mayo de 2020

Las películas de mi cuarentena (3). D´A Festival Barcelona 2020

La tercera entrega de películas que he visto en la cuarentena ha tenido una parada especial, el D´A Festival Barcelona, que este año ha tenido lugar dentro de la plataforma Filmin entre el 30 de abril y el 10 de mayo. Si no recuerdo mal, en lo que va de dos mil veinte solo se han celebrado el Festival del Cine Global en República Dominicana, el Festival de cine de Berlín y la mitad del Festival de Miami; el resto de los festivales han sido cancelados o pospuestos. Son estos momentos en los que buscar alternativas y hay quien ha optado por ofrecer parte su programación en las plataformas.

El festival de cine de autor de Barcelona (D`A festival) se viene celebrando desde el año dos mil once y en él se pueden ver películas aún no estrenadas en salas y que han pasado por otros festivales, algunas premiadas en sesiones paralelas y otras premiadas en los premios de cine de cada país. Este año había 65 películas, yo creo que podría haberlas visto todas, pero no habría hecho otra cosa, y trabajar, hay que trabajar. Así que os cuento las que más me han gustado de las que he podido ver.

Habitación 212 (Chambre 212, Christophe Honoré 2019, Francia); quizás lo mejor de esta historia es la actriz protagonista, Chiara Mastrioanni que está en su mejor momento, también como mujer. Ella interpreta a una mujer que después de 20 años de matrimonio y varios amantes, decide separarse de su marido mudándose para ello a un hotel en  la acera frente a su casa y desde la ventana de su habitación, la ve; a través de los dos espacios aparecen novias y novios anteriores de ambos, amantes actuales, familiares, en un intento de saber que habría sucedido sí. Lo bueno de esta película es que no te aburres en ningún momento con la variedad de personajes siempre elegantes e impolutos como solo saben serlo los franceses.

Los sonámbulos (Paula Hernández 2019, Argentina); una adolescente en pleno apogeo físico y espiritual es sonámbula, su madre lo descubre y se acerca el día de fin de año que toda la familia celebra en una casona en el campo. Y es ahí donde todos los demonios familiares salen a pasear, de la mano del alcohol y la droga en algunos casos, de la maledicencia y rivalidades familiares en otros, y todo eso en un entorno clasista que finalmente desata la tragedia y los pone a todos frente a un espejo en el que lo que ven, no les gusta. Reconozco que me costó entrar en esta película que parecía una más de familia con adolescentes problemáticos, a medida que pasa el metraje y ves cómo actúan los personajes, sabes que se masca la tragedia y no sabes cuál será, el final te duele.

Algunas bestias (Jorge Riquelme Serrano 2029, Chile); una historia durísima, desagradable, tosca, oscura hasta en los planos. Un matrimonio invita a su familia (hija, yerno, y nietos a una casa de descanso en una isla del sur de Chile, todo parece normal hasta que el guarda de la casa, tras una situación de abuso y acoso, abandona el lugar y la familia tiene que empezar a resolver para sobrevivir mientras discuten un negocio en público y se práctica la pederastia en privado.  Esta película cuenta con quienes probablemente sean la mejor actriz y el mejor actor chileno en la actualidad, Paulina García y Alfredo Castro, interpretan a unos personajes de terror, de no querer cruzarte con ellos en la vida, ellos dos y el juego de  la cámara en sus sombríos rostros hacen que te cuesta dormir si ves la película por la noche. El título de la película define perfectamente lo que son estas personas.

Una vez más (Guillermo Rojas 2019, España); una mujer vuelve a Sevilla al entierro de su abuela y en el velatorio en su casa están sus familiares, sus amigos y su antiguo novio sevillano, este la invita a salir un rato a despejarse y es a partir de ahí donde empieza una larga conversación con todo lo que quedó pendiente de decir. Ahí aparecen el amor, el desamor, tomar decisiones, las despedidas, la vida. Hay quien dice que la duración de esta película es excesiva, debo reconocer que a mí no me lo pareció, es una película fresca, honesta, bonita por realista, y, contra lo que pueda parecer, no te deja triste lo que en ella ocurre. Tiene una banda sonora estupenda, un buen puñado de actores y actrices andaluces con mucho talento y Sevilla, no se necesitan más razones para disfrutarla.

La mami (Laura Herrero Gavín 2019, España); este documental nos cuenta la historia de la señora que guarda los baños del cabaret Barba Azul de la ciudad de México. Un lugar donde las mujeres bailan y comparten tragos con los hombres que allí van a buscar compañía (no es prostitución). La mami llegó a ese lugar hace muchos años cuando se quedó sin trabajo, y aunque uno de sus hijos se la llevó a su casa porque estaba mayor, ella volvió porque no se haya sin hacer nada. Y sobre todo cuida de las chicas, cada una con una razón para estar trabajando ahí, un hijo con cáncer, un marido que abandona, un trabajo con el que no gana lo suficiente, ninguna está allí por gusto, es la necesidad, nada más llegar Mami les dice “sepan que aquí los hombres vienen para dos cosas, para nada y para dar dinero”. Qué personaje es esta mujer, que sin hablar mucho sostiene un lugar y a este documental que, además, ha obtenido una mención especial de parte del jurado de este festival.

Los lobos (Samuel Khisi 2019, México); esta película es bellísima. Y aquí podría dejarlo, es de esas películas que se te quedan en la cabeza durante días y no te cansas de recomendarla. La historia de una madre y sus dos hijos que emigran de México hasta Alburquerque buscando una vida mejor. Mientras la madre va a trabajar todo el día, los dos niños se quedan encerrados escuchando cintas de cassettes para aprender inglés (su madre les ha prometido ir a Disneylandia), observando por la ventana y dibujando lobos. Pero la vida se abre paso y empiezan a relacionarse con la vecina que les alquiló la habitación y la relación entre madre e hijos se deteriora a ratos. Una nueva forma de narrar la emigración a través de los ojos de dos niños, es en sus rostros donde está la historia, la suya, porque no son actores y son también hermanos en la vida real; el mérito del director es haber conseguido que los niños estén magníficos sin caer en el maniqueísmo y en la búsqueda de la lágrima fácil. Sí, es una de mis películas favoritas de las vista en este festival, no voy a disimular.

My Mexican Bretzel (Nuria Giménez Lorang 2019, España); para mí la joya de todo lo que he visto en el festival. Creo que es una fórmula nueva porque rescatando imágenes rodadas por León Barrett y habiendo leído los labios de los protagonistas, la directora  nos cuenta la vida con su mujer Vivian Barrett entre los años cuarenta y sesenta, “estoy harta que me mire sólo para enfocarme, dice ella en algún momento, parece que tuviera un arma”.  Él era dueño de una empresa que fabricaba Lovedyn una medicina que resultó ser un placebo y fue retirado del mercado. También, y según deja ver el documental, era vividor, mujeriego, machista, snob, tanto que su esposa se aburría y se escapaba sola, tenía amantes y sobre todo viaja mucho y se cultivaba lejos de su marido, aunque nunca lo abandonó. Está tan bien contado, tan bien narrado todo, hasta los silencios, que cuando se acaba quieres seguir viendo, quieres saber más, sientes que podrías ver horas y horas de esta pareja y su mundana vida. Hay que verlo dos veces, una para disfrutarlo y otra para tomar notas, porque dejadme que os diga que se intuye que Vivian Barrett era una mujer excepcional. Sí, la otra película favorita de las vistas en este festival y ganadora del premio del público.

El festival ha tenido una retrospectiva dedicada a la directora austriaca Jessica Hausner, de la que yo intente ver la muy reconocida Little Joe y no fui capaz de pasar de la primera media hora, nadie es perfecto.

Los festivales son lugares de encuentros y contactos y ojalá podamos recuperarlos pronto, también será una señal de que todo va mejor. Mientras tanto cuidad y cuidaos, también viendo cine.

Pd.: Esta entrada fue publicada inicialmente en Cocalecas.net Las películas de mi cuarentena

sábado, 16 de mayo de 2020

Fragilidad (semana nueve)

"Tu destino está en los demás
tu futuro es tu propia vida
tu dignidad es la de todos.
Otros esperan que resistas
que les ayude tu alegría
tu canción entre sus canciones", Palabras para Julia, José Agustín Goytisolo

El lunes pudimos ir a ver a mi madre, mi hermano y dos de sus hijos, Daniel y Darío, no pudimos besarnos ni abrazarnos, lloré mucho cuando llegue a mi casa, sentía una sensación agridulce. Fue muy reconfortante verla, mucho. Todos los hermanos y nietos la habremos visto antes de que acabe la semana. Y lo mejor es que no hemos sido los únicos, son muchas las personas que han podido reencontrarse estos días con sus familias, cuando hemos podido movernos por nuestra provincia.

Esta semana hemos cumplido dos meses desde que se declaró el Estado de Alarma, una echa la vista hacia atrás y tienes más preguntas que respuestas, ¿cómo fue posible parar el mundo o gran parte de él?, esta una de las que me hago a menudo y me respondo, por miedo, por solidaridad, para cuidarnos entre todos, porque no hay más remedio; yo sólo puedo responder por mí y, como mucho, por mi entorno familiar, pero me lo sigo preguntando. También pienso que esta pandemia nos ha cogido con la clase política mundial más mediocre posible, y aún así, muchos están haciendo hasta lo imposible, que es lo que hay que hacer, lo otro es predicar y no dar trigo.

En estos dos meses ha habido días de no querer salir de la cama (dormir poco y mal me pasa factura física y anímicamente, cansada no soy ni buena persona), no habría hablado con nadie, no habría comido, pero todos los días he salido de la cama (casi siempre muy temprano), he hecho ejercicio, he caminado, he hablado con mi familia y amigos y he comido; sobre todo porque lo que no he querido es perder la perspectiva. 

Las personas fallecidas, las personas hospitalizadas, personas mayores viviendo solas, personan que han perdido lo poco que tenían, personas que ya no tenían nada; y aun así, el personal sanitario siempre está acompañando, en todo momento, a los muertos y a los vivos, trabajadores sociales y voluntarios de asociaciones están atendiendo a diario a quienes viven solos, a quienes necesitan alimentos, a quienes necesitan ayuda con sus hijos. Miles de personas siguen yendo a los mercados y tiendas a trabajar, al campo a recoger las cosechas, a la mar a pescar, a la carretera para transportar, miles siguen limpiando nuestras calles, nuestros colegios, nuestros hospitales, miles siguen recogiendo nuestras basuras durante el día y la noches, miles trabajan sin descanso en los cementerios, miles atienden los centros de acogida habilitados para personas que viven en la calle. Mi respeto y agradecimiento eterno, también el de miles de personas, no soy la excepción, somos millones.

También somos muchas las personas que trabajamos desde nuestras casas, no todas en las misma condiciones, yo vivo sola, así que puedo organizarme como quiera (aunque tengo mi horario), pero hay millones de personas, que están trabajando desde sus casas con sus hijos y esto ya no es tan fácil, el teletrabajo es una buena idea si se plantea bien, de no ser así, todo resulta mucho más difícil y sin embargo, me consta que se está trabajando bien.

Me quiero acordar de todas esas personas que nos traen a casa la comida, los libros, los caprichos que compramos aunque no necesitamos, los trabajadores de Correos y quienes están todo el día en la calle sobre una bicicleta.

Capítulo aparte merecen los profesores tratando de que ningún niño se quede atrás. Todas, todas las actividades que son un derecho y un servicio público están siendo atendidas, todas, a pesar de años de recortes, maltrato, precariedad. Y qué orgullo formar parte de esto, qué orgullo y qué responsabilidad, pero esto es mucho más difícil que estar todo el día vociferando, culpando a otros, poniendo palos bajo las ruedas, buscando rédito político y siendo mala persona. 

En todos los lugares, en todos los idiomas, esto que describo aquí, es a diario, en todos los lugares, en todos los idiomas, todos los días, que no se nos olvide.

En todo este tiempo yo nunca he sentido miedo, es ahora cuando empiezo a sentirlo, no sé si mucho o poco, no sé si prefiero llamarlo preocupación, pero una vez pasado la más duro de la pandemia, el futuro se ve aterrador. Nada va a ser igual y no podemos jugar a sálvese quien pueda porque eso no hablará bien de nosotros como sociedad.

Ahora que salgo a caminar por las mañanas no veo a los vecinos que veía desde la azotea, he subido un día esta semana y no estaban, supongo que ahora todos salimos a la calle, los recuerdo a menudo, me gustaría encontrarlos para saludarlos y agradecerles la compañía tantos días; en la calle y bajo las mascarillas no nos saludamos tanto; aunque ya lo veo cada vez que salgo, me cuesta hacerme a la idea de un mundo en mascarillas. A un mundo sin besos ni abrazos por el momento.

En el barrio donde vivo he visto a unos abuelos viendo a su nieta a través de una reja, he sentido tristeza, alegría y ternura al mismo tiempo; la misma nieta que un par de días antes en uno de los paseos, estaba en la ventada y me preguntó si me gustaba su falda, que la había (es)cogido ella.

En el campo de la frivolidad os tengo que contar que esta semana he ido a depilarme las cejas y a arreglarme las manos, para seguir resistiendo.

Y abrieron las librerías, que son otra forma de felicidad.

Os quiero dejar esta semana un reportaje que recoge todo lo bueno que se ha hecho estos dos meses, vale para todos los lugares, todos los idiomas y todos los días y para todas las personas que no están citadas en el mismo, es un canto a la esperanza, al trabajo bien hecho, a la profesionalidad y la bondad Con las puras manos; y un espacio realizado por unos fotógrafos en el que se recoge el trabajo de todos ellos en España desde que se declaró el Estado de Alarma el pasado 14 de marzo y en el que podemos ver lo que en el día a día, no se ve Ocho fotógrafos, un virus.

Sigamos caminando con la duda como signo de sabiduría. Quizás esta sea la entrega más personal hasta el momento, además de frágiles, yo siento que somos vulnerables y peor para quien no lo sea; ya sé que me repito en algunos pasajes, pero no quiero olvidar, no quiero perder la perspectiva. Hay que seguir cuidando, hay que seguir cuidándonos, hay que seguir haciéndolo porque es la única manera de agradecer a quienes nos cuidan y nos cuidarán, este camino es largo. Cuidados, salud, paciencia, empatía y amor.

Volviendo al principio, el poema Palabras para Julia, de José Agustín Goytislo, publicado en 1979:

Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable.
Hija mía es mejor vivir
con la alegría de los hombres
que llorar ante el muro ciego.
Te sentirá perdida o sola
tal vez querrás no haber nacido.
Yo sé muy bien que te dirán
que la vida no tiene objeto
que es un asunto desgraciado.
Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.
La vida es bella, ya verás
como a pesar de los pesares
tendrás amigos, tendrás amor.
Un hombre solo, una mujer
así tomados, de uno en uno
son como polvo, no son nada.
Pero yo cuando te hablo a ti
cuando te escribo estas palabras
pienso también en otra gente.
Tu destino está en los demás
tu futuro en tu propia vida
tu dignidad es la de todos.
Otros esperan que resistas
que les ayude tu alegría
tu canción entre sus canciones.
Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti
como ahora pienso.
Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino, nunca digas
no puedo más y aquí me quedo.
La vida es bella, tú verás
como a pesar de los pesares
tendrás amor, tendrás amigos.
Por lo demás no hay elección 
y este mundo tal como es
será todo tu patrimonio.
Perdóname no sé decirte
nada más pero tú comprende
que yo aún estoy en el camino.
Y siempre siempre acuñerdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

sábado, 9 de mayo de 2020

Fragilidad (semana ocho)


"Un pájaro no canta porque tiene una respuesta, canta porque tiene una canción", Maya Angeolu en Yo sé por qué canta el pájaro enjaulado

El presidente del gobierno ha dicho en su comparecencia que es posible que la próxima semana puedo ir a ver a mi madre, pocas cosas hay ahora mismo que desee más en lo personal.

Dice también que va a ser obligatorio llevar las mascarillas en el transporte público; así será. Confieso que yo me llevo mal con ella y que es un golpe para mi coquetería, pero no hay opción y no se trata de mí, se trata de todas, todos, como comunidad y debemos cuidarnos, eso sí, me pinto los labios igual, no sería yo de no hacerlo.

Y como podemos salir a pasear de manera ordenada, hemos salido y salvo una minoría, toda la ciudadanía sigue siendo ejemplar, es reconfortante el compromiso adquirido en cuidarnos entre todas y todos, aunque una vez más el ruido sobre quienes lo han hecho mal ha sido más fuerte, el ruido de la maldad lo voy a llamar y así se va a quedar.

Tras siete semanas de confinamiento hay quien no ha levantado el pie del acelerador, que suelen ser quienes saben de todo, sí, también de epidemias, quienes tienen solución para todo, quienes quieren tener la última palabra, quienes gritan más, quienes tienen poca o ninguna educación y poca vida, porque de otro modo no se entiende que estén en todos los frentes, me agota solo pensarlo.

Hay muchas cosas que veo, escucho y leo que no me gustan; para eso está la libertad de expresión para decir y que digan lo que nos gusta y lo que no, eso sí, también la libertad de no compartir los pensamientos únicos y uniformados, al fin y al cabo hay quien se está haciendo un retrato a la medida y se ve feo, la verdad.

Es desagradable que haya quien se enfade cuando las cifras de personas fallecidas es menor, cuando las cifras de personas hospitalizadas es menor, cuando las cifras de personas dadas de alta es mayor; igualmente es desagradable que haya quien se enfade por tener que abrir un negocio al cincuenta por ciento, que es mejor que tenerlo cerrado, quien se enfade porque el gobierno esté dando cobertura a los sectores (que los componen personas) más perjudicados, quien se enfade porque podamos salir un rato, que ya antes se enfadaba por no poder salir un rato. En fin, lo que me consuela es que hay tal cantidad de personas que sin hacer ruido, sin hacer alarde, sin colgarse medallas, que se están dejando la piel estos días por llegar a todos lo frentes, que esas son las personas junto a las que quiero vivir y caminar después de esta cuarentena.

No va a ser fácil lo que viene después, ni siquiera sabemos cuándo y cómo va a ser ese después, por eso me molestan más ciertas actitudes, no todas las personas van a quedar o están ya en buena situación; ya hay miles de personas acudiendo a los bancos de alimentos, siendo ayudadas por organizaciones no gubernamentales, que no pueden pagar sus hipotecas, ni la luz ni el agua, que las facturas corren sin pararse en pandemias, que no tienen acceso a internet para que sus hijos estudien, que probablemente tardarán meses en poder salir a tomar una cerveza a uno de esos bares que tanto se queja de no poder abrir a aforo completo, me parece importante tener todo esto presente, como digo siempre, nadie, nadie, debe quedar atrás, que ya sabemos que delante van a quedar mucha gente de la que estaba.

La realidad está presente, aquí un magnífico trabajo de Nacho Carretero en El País La cara detrás del dato: una familia ahogada por la crisis. Y aquí un monográfico de El Diario sobre como está afectando la pandemia en todo el mundo Desprotegidos: la desigualdad se propaga con el virus.

No se me va de la cabeza tampoco el hecho de que la violencia machista se ha incrementado durante el confinamiento, no sólo en España, en todo el mundo según informa  Onu Mujeres, también la violencia hacia los niños en muchos lugares en los que están más desprotegidos, esto debe hacernos pensar y actuar, el vivir con un maltratado o abusador en un espacio reducido deberíamos, como sociedad, evitarlo a quien lo sufre.

Esta semana ha sido mucho mejor anímicamente que las anteriores, la consecuencia de poder salir a pasear es que pude ver a mi hermana Marta después de dos meses, mi hermana Mari Carmen me pudo traer los primeros caracoles de la temporada, mi hermano Octavio vino dando un paseo; volví a ver a mis sobrinos Daniel, Dario, Mario (ayer fue su cumpleaños), Lucas y Martín. Una mañana que volvía a casa vi, sin esperarlo, a mi hermano Mané, que ya ha empezado a trabajar y lloré como hacía días de la alegría que me dio. También pasaron a verme Bego y Miguel, me trajeron chocolate y una invitación a comer a su casa, y  Estela, que cumplió años ayer también y su madre; puedo visitar a Lucía Vallellano que me regala el periódico. Y he hablado mucho de cine y series con Rubén.  Estas personas y sus visitas han sido mi respiro esta semana.

Hay una tentación permanente cuando encuentras a alguien querido en querer besarles y abrazarles, es, de manera inevitable nuestro primer impulso, somos personas de piel, de contacto físico, de afectos corporales; nos va a costar trabajo acostumbrarnos a prescindir de estas demostraciones afectivas. De vez en cuando nos decimos, un beso como los de antes, un abrazo como los de antes.

Cuidad mucho, cuidaos muchos, sigamos siendo personas buenas y ejemplares y cuidemos a quienes nos cuidan con nuestra actitud responsable, hay un alto número de profesionales sanitarios contagiados de coronavirus, es imperativo que pensemos en ellos. Gracias a ellos, ojalá se curen pronto, y gracias a quienes en otros ámbitos siguen en primera línea para que los demás estemos bien, gracias infinitas y siempre. En todos los lugares, en todos los idiomas.

Esta semana he visto un documental y me trajo el recuerdo de la gran Miriam Makeba y su Malalaika, os la dejo con mis deseos de salud, paciencia, empatía y amor.







lunes, 4 de mayo de 2020

Las películas de mi cuarentena (II)


“Hacer cine es inventar recursos para ver el mundo”, Lucrecia Martel

Y ver el mundo a través de las películas es una de las cosas que podemos hacer en esta cuarentena que sigue, no es poca cosa en tiempos de confinamiento tener la libertad de elegir que ver en nuestras pantallas. Aquí os cuento algunas de las cosas que he visto estos días y, como dije anteriormente, más me han gustado ver o volver a ver.

También os digo que estoy intentando ver cine de distintos países para salir a otros mundos. Ahí van.

Las diabólicas (Les diaboliques , H.G. Clouzot , 1955); la historia del director de un colegio, machista, maleducado, grosero que además vive con su esposa y su amante en dicho colegio, ellas se hartan y deciden acabar con él, pero las cosas nunca son lo que parecen. Una de las cosas que me ha llamado la atención en este nuevo visionado, por haber escapado a la censura,  es el hecho de que la actriz brasileña Véra Clouzot, se pasa gran parte del metraje con un precioso camisón blanco cuyas transparencias nos muestran sus pechos todo el rato de manera sutil y elegante; esta actriz no tuvo mucha suerte en su carrera y era una mujer bellísima. Y, por supuesto, Simone SIgnoret, qué talento, qué clase, qué belleza ajena a lo que se espera de la época; cómo me ha gustado volver a ver esta película en blanco y negro, la he disfrutado mucho más.

El hombre tranquilo ( The quiet man, John Ford, 1952); vemos aquí como un boxeador retirado (John Wayne) vuelve a su país natal para recuperar una granja, olvidar el pasado de las peleas, su rápido enamoramiento de la mujer más temperamental del pueblo (Maureen O´Hara) y la compra de tierras, hará que no sea fácil la vuelta a los orígenes. Es raro ver a John Wayne sin pistolas y hay quien piensa que esta película es machista; no podemos medir con parámetros de hoy lo que se rodó hace más de medio siglo. A mí no me parece que lo sea, Maureen O´Hara es todo lo que está bien en esta película y en la vida, la rebeldía, el marcar su territorio, el poner sus condiciones, su personalidad, todo.

Una gran mujer  (Dylda, Kantemir Balagov, 2019); dos amigas en Leningrado, una vez finalizada la segunda guerra mundial tratando de reconstruirse como personas al mismo tiempo que quieren ayudar a reconstruir la ciudad, pero cada una de ellas lleva encima un largo y doloroso equipaje y además, en algunos momentos no parecen querer lo mismo, en otros parecen haber perdido la cabeza. Es una historia dura, puedes sentir el dolor en muchos momentos y volver a tener la certeza de que las guerras, casi siempre hechas por hombres, son una mierda. Las actrices están magníficas en  esta historia que apareció en mi catálogo de Filmin sin buscarla, de hecho no sabía de su existencia a pesar de haber sido premiada a la mejor dirección en Un certain regard en Cannes; 28 años tiene el director y es su segunda película, hay que seguirle la pista.

La gunguna (Ernesto Alemany, 2015); una tragicomedia con un humor negro  que no te deja parpadear durante los noventa minutos que dura, podría ser la historia de una pistola muy especial, pero  lo que cuenta es como se convierte en objeto de deseo de algunos de los protagonistas de la historia, cada cual más pintoresco, más bizarro, más hortera en sus respectivos oficios de prestamista, gánster, jefa de billar, chica de compañía, traficantes, jugadores de billar, en definitiva un coctel explosivo que hace que no te aburras. El cine dominicano, poblado de talento en todos los campos que abarca, es un soplo de aire fresco en la cinematografía latinoamericana. Si te gusta la novela negra, es tu película para estos días.

Asamblea  (Alex Montoya, 2018); más que una película yo diría que es un retrato de lo que ocurre en los últimos tiempos en muchos lugares cuando el hastío y el enfado hace presa a la ciudadanía con respecto a sus gobernantes, que nos constituimos en asambleas para cometer los errores, en cuanto a discurso y actitud, que ya cometen quienes nos gobiernan, tener la última palabra y tener razón.  Es el retrato de un grupo en España, podría ser el del cualquier lugar, un espejo en el que mirarse y ¿por qué no? en el que reírse, porque sonreír es lo que yo hice mientras lo veía.

No quiero dormir sola (Natalia Beristain, 2012); no sé si esta cuarentena, en la que hay tantas personas mayores fallecidas, ingresadas en hospitales y solas en las residencias de mayores o en sus casas,  es el mejor momento para ver esta película. En ella una abuela, actriz retirada, abandonada por sí misma  y alcohólica solo encuentra ayuda en su nieta que está sin trabajo, sin poder dormir y con un hombre que no la llena. Lo que empieza siendo una obligación acaba siendo devoción y complicidad, un aprendizaje para los últimos años de vida de la abuela. El triste el relato de soledad de una persona mayor, ignorada por su hijo y como el cuidado y la paciencia de su nieta termina salvándolas a ambas. Esta película ganó el premio a mejor largometraje mexicano en el Festival de Morelia de 2012 y no me sorprende, es una pequeña joya y el talento de su directora, actriz y guionista merece un futuro en el cine y no debemos perderla de vista.

Próxima (Alice Winocour, 2019); una mujer astronauta, Sarah, es elegida por la Agencia Espacial Europea para formar parte de la tripulación de  una importante misión en el espacio de larga duración; es una mujer separada y tiene una hija, Stella, de 7 años que vive con ella, cuando empieza la preparación con el resto de compañeros deja a la niña con su padre y empiezan los desencuentros entre madre e hija, haciendo la etapa de entrenamiento muy difícil emocionalmente sintiendo a menudo la tentación de abandonar. Lo mejor de esta película es sin duda la actuación de Eva Green, que lleva el peso de la historia y en su rostro están todas las emociones que vive; también que pone sobre la mesa el debate de lo difícil que es ser mujer y querer cumplir tus sueños profesionales, debate que no se da entre los hombres como demuestra todo el metraje la actitud condescendiente del personaje interpretado por Matt Dillon.

The Rider (Chloé Zhao, 2017); un joven que es una estrella del rodeo en los Estados Unidos tiene un accidente a causa del que le tienen que poner una placa en la cabeza y eso lo incapacita para volver a competir. Cuando vuelve a su casa a recuperarse es consciente de que no sabe hacer otra cosa, que la situación económica de su familia no es muy buena y que sus amigos, salvo uno, siguen con su vida, aunque en ningún momento lo abandonan; así que dedica su tiempo a recuperarse, a cuidar de su amigo del alma, que está en silla de ruedas también por un accidente y decidir qué hacer, es ese mundo afectivo en su pueblo el que le sirve de sostén vital y moral. Esta historia se me ha quedado en el corazón, todo en ella rezuma verdad y naturalidad y me alegro mucho de haberla visto. En realidad los personajes de la historia son ellos mismos en la vida real, no hay actores ni actrices y el impresionante paisaje es otro protagonista, lo que ha resultado ser un acierto de la directora.

Os quiero dejar un artículo que he leído y que me ha gustado mucho justo cuando se cumplen 40 años sin Alfred Hitchcock  Helen Scott, la espía que medió entre Hitchcock y Truffaut

Espero volver a encontraros por aquí en unos días con más películas, aunque sea por última vez, eso significará que la cuarentena ha finalizado y todo va mucho mejor. Cuidad y cuidaos.

Pd.: este texto fue publicado anteriormente en Cocalecas.net  Las películas de mi cuarentena (II)

sábado, 2 de mayo de 2020

Fragilidad (semana siete)

"Cuando no podemos anticipar el porvenir, nos invade la incertidumbre. Ante el estrés, hay que pensar que ocupamos el asiento del conductor", Cómo afrontar el confinamiento, publicado en El País el 29 de marzo por Luis Rojas Marcos, psiquiatra y profesor de universidad.

Me acordé esta semana de este artículo que leí en los primeros días de la cuarentena porque han sido estos siete unos días difíciles, más que los anteriores, en mi caso, pero no he sido la única en sentirse así; pesan los días, la soledad, la falta de afecto físico, la distancia de los seres queridos, el cansancio, la incertidumbre, la desinformación, la maldad.

Los niveles de maldad alcanzados por alguna gente, minoritaria pero muy ruidosa, me tienen asombrada y triste, se me hace insoportable, y mira que intento evitarlas, pero siempre se cuelan por una rendija y terminan haciendo daño y provocando miedo, hay muchas personas mayores asustadas.

Mi madre está asustada, esta semana me lo dijo y a mí eso se me hace insoportable, me cuesta pensar en perdonar a quienes están causando ese miedo a las personas que más queremos; lo haré, les perdonaré, porque somos mejores que ellas y ellos y será su Dios quien les tendrá que pedir cuentas.

También a toda esa policía que muchos llevan dentro cuando están en los balcones, qué manera de generalizar unos comportamientos perfectamente localizados, qué triste no tener una vida que vivir (tampoco en el confinamiento) y tener que estar pendiente de la de los demás. Toda esta semana he pensado que saldremos de esta sin haber aprendido nada, pero también he pensado que no quiero rodearme de gente que solo tiene certezas, que nunca se equivoca, que nunca perdona nada; quiero rodearme de buenas personas. Yo no conduzco, pero entiendo que lo que quiere decir Rojas Marcos es que tengamos empatía.

Uno de estos días decidí hacer para almorzar guisantes con jamón y huevo, se lo conté a mi madre y ella, además de explicarme como se hace de otra manera, me dice que cuando vaya a su casa me lo va a cocinar y entonces me echo a llorar; más o menos esta ha sido la tónica de la semana, llorar por cualquier cosa, no estar de muy buen humor, no querer hablar mucho, yo lo achaco al hecho de no dormir bien, eso es algo que siempre ha hecho que no me sienta buena persona, necesito dormir pocas horas pero bien dormidas y eso no está sucediendo estos días, hasta el jueves en la noche que ya por puro agotamiento dormí más horas aunque despertando varias veces. Una noche duermo bien y vuelta a empezar, paciencia.

La parte buena es que ahora mi madre en ningún  momento me dice, anda hija, que no se te cae la casa encima, ya entendéis.

Esta semana el tiempo ha mejorado mucho, sale el sol y parece que el frío se va, no sé si eso es bueno contra el virus, si lo es para los estados de ánimo.

Escribo a los alumnos que tenemos en la residencia de la universidad con la esperanza de volver a verlos pronto.

En esta semana hemos celebrado el primero de mayo, un día en el que en todos los países se honra a trabajadores y trabajadoras, por primera vez en decenas de año no ha habido manifestaciones salvo en Grecia creo haber leído, y la han hecho guardando las distancias. En lo personal se me ha hecho raro no salir a la calle ese día. Y no he dejado de acordarme de todas esas personas que están trabajando día y noche para cuidarnos desde el pasado 14 de marzo, en muchos ámbitos, en todos los lugares, en todos los idiomas. Me acuerdo también de todas esas personas que están acogidas a un expediente de regulación y de las que han perdido el empleo, empleos que ya eran precarios y mal pagados en muchos casos. 

Una vez controlado el virus y haya pocas personas contagiadas urge poner en marcha un plan de país y de mundo para que nadie quede atrás, sé que me estoy repitiendo con eso, pero esa es la realidad; es de esperar que poco a poco más personas puedan acceder a empleos. También es cierto que una vez iniciada la fase de desconfinamiento, la misma gente que lo pedía, ahora recela del plan, no tengo la menor duda de que esa gente está poniendo la economía por encima de la salud de las personas y son profundamente egoístas. Y por supuesto no tienen ni plan, ni alternativas, ni ganas de colaborar.

Mientras tanto me sigue emocionando ver personas salir curadas de los hospitales, aguantando las ganas de abrazar a sus familiares, ver al personal sanitario exhausto aplaudirles en la despedida y contándonos que ya tienen menos ingresos en los hospitales; me sigue emocionando saber de personas mayores que están solas, que no se han rendido y como se han emocionado cuando sus nietos han podido ir a visitarles y los han visto a través de las ventanas; me sigue conmoviendo la entereza con que las personas que han perdido a un familiar soportan el no poder despedirse de ellos; me sigue emocionando ver tanta bondad y generosidad en todos los lugares, en todos los idiomas.

Quiero agradecer de manera especial a todas esas mujeres y esos hombres que llevan días y noches en los laboratorios investigando sin parar para dar con una vacuna que controle el maldito coronavirus, solo la ciencia nos va a sacar de esto.

Y, a pesar de que esta entrada pueda parecer triste, esta semana he sido afortunada; el pasado domingo pude ver a mi hermano Octavio y a mi sobrino Lucas, apenas un  momento feliz; el jueves mi amiga Che vino a traerme habas enzapatás aprovechando que puede salir a caminar con su hija Carla, que además todo lo que quería era darme un beso y se me partía el alma al decirle que no, le dije que los guardaba para cuando pudiéramos besarnos. Y mi amigo Luis, también paseando con su hija pasó por mi casa, sin entrar y guardando la distancia. El viernes puede ver a Estela que me trajo unas mascarillas. Lo mejor de la semana ha sido volver a ver y a escuchar a niñas y niños en la calle,  como un adelanto de la esperanza, junto con el afecto y la compañía virtual. Hemos encontrado la manera de hablar los seis hermanos que somos juntos y eso nos hace bien.

Mi sobrina Victoria en su primer paseo fuera de casa me envía una foto del campo que estás precioso después de las últimas lluvias.

Mientras escribo esto la noticia es que 117.248 personas se han curado. Gracias a quienes están cuidándonos, sigamos cuidándoles quedándonos en casa. Cuidad a vuestro entorno y cuidaos. Sigamos con salud, paciencia empatía y amor.

Dejo aquí el artículo de Luis Rojas Marcos que cito más arriba  Cómo afrontar el confinamiento

Como sabéis algunas personas he viajado varias veces a México, y en uno de esos viajes tuve oportunidad de conocer al cantante de música popular Óscar Chávez, un hombre muy comprometido además con quienes menos tienen y que acaba de fallecer dejándonos a quienes lo admirábamos un poco más solos. 





sábado, 25 de abril de 2020

Fragilidad (semana seis)

"No tengo certezas ni un manual de instrucciones sobre el siguiente paso. Simplemente me digo que se necesitará un gran esfuerzo para reconstruir y saber crear de nuevo una vida colectiva en la que no tengamos miedo de nuestro prójimo", Hélène Gestern, escritora.

El pasado sábado, mientras escribía la anterior entrada, llegó a mi casa un libro que me había enviado mi niña Alejandra desde Madrid, cómo no sentirse querida.

Esta semana tampoco ha salido el sol, a mi madre, que algunos días ya la noto cansada y triste aunque esto ella siempre lo negará, no le gustan los días grises, a mí tampoco, y en esta cuarentena eso no contribuye al buen ánimo; claro que en mi querida familia el clima meteorológico siempre es tema de debate, como en casi todas, imagino.

El domingo y el miércoles salió el sol como si quisiera darnos una alegría, también hizo viento, como si quisiera llevarse lo malo.

A veces intento echar la mirada hacia atrás y parece que todo es muy lejano, como si lleváramos viviendo así más tiempo del que en realidad llevamos; ya se siente el cansancio y al mismo tiempo la esperanza de que pronto podamos volver a incorporarnos a nuestra vida habitual, aunque sea poco a poco. También hay quien dice que viviría siempre así, yo no sé si es postureo o irracionalidad, yo no querría vivir siempre así, porque vivir así implicaría que seguiríamos enfermos, quizás de otra manera y no es bueno vivir sin libertad. Salud y libertad, esa es la idea.

Y es cierto que nos hemos calmado en muchos aspectos, ya no somos tan graciosos en los grupos, ya no nos hacen gracia tantas tonterías, ya no estamos lanzados a querer cambiar nuestras casas de arriba a abajo; yo diría que estamos más serenos, pero como no me gusta hablar por nadie diré que yo me siento más tranquila, triste, preocupada, sin descansar bien, pero más tranquila, ya no me duele tanto la soledad impuesta, aunque sigo sin dormir bien y sin dormir mucho. Ahora puedo confesar que los primeros días de subir a la azotea por las noches soñaba que caía de ella, y claro, la opción era vencer esa pesadilla o dejar de ir a hacer ejercicio, y vencí a la pesadilla, ahora sueño otras cosas, a veces con algún chico guapo, el mismo siempre.

También he desayunado por videollamada con Alberto; tomado un vermú con mis amigos de Córdoba (Fidel, Toro y Jose; merendado con mis compañeras más amigas del trabajo, Che, Merchi y Betsy y con Jaime en un precioso reencuentro, no es poca cosa la compañía y las risas. Diego me envía fotos con margaritas y amapolas para que no olvide que es primavera.

Sigo teniendo una batalla con las palabras, con algunas de las que se utilizan estos días, una de ellas es reconstrucción, que me suena a transición y de esa ya hemos tenido una; preferiría construcción, construir de nuevo donde se pueda, con todo lo aprendido no solo estos días, también antes. Tampoco me gustan las palabras distancia social, yo diría mejor distancia física, que es lo que tenemos, por fortuna como sociedad si estamos funcionando y estamos cerca las personas unas de otras, quizás más que en otras ocasiones y quizás no sea para siempre, pero qué bonito es mientras es y como reconforta. Tengo la impresión de que el mundo se ha parado, gran parte al menos y eso, por sí solo, es un hecho histórico; la parte del mundo que no ha parado es porque no puede hacerlo, porque tiene que comer, porque no tiene donde parar, porque es invisible.

Escucho por todos lados que las cosas van a cambiar después de esto, y no estoy tan segura, las cosas no cambian, las cosas se cambian y las cambiamos las personas con nuestra actitud, nuestro voto, nuestro caminar, nuestra responsabilidad; también es cierto que hay momentos en los que no tengo esperanza de que suceda, para eso hay que tener un objetivo común y no parece el caso, mientras seamos una sociedad en la que unos intentan obtener beneficios y otros siguen siendo pobres, es difícil. 

La misma gente que hace un mes le reprochaban al gobierno que no hubiera tomado medida antes ahora le exige al mismo gobierno que vaya pensando en terminar el confinamiento, sin pensar más allá de sus propios intereses electorales, creo, qué irresponsable es esto. Son las mismas que no tienen respeto ni por las personas muertas a las que usan a su antojo a diario sin la más mínima vergüenza y sin pudor, no sé cómo se deben sentir los familiares, que bastante tienen con no poder velarlos; sigo pensando mucho en esto y en las personas que estando ingresadas en hospitales no pueden recibir visitas.

A menudo me pregunto qué está sucediendo este tiempo con todo lo malo que estaba ocurriendo en el mundo, la guerra de Libia, la de Yemen, los inmigrantes intentando huir por distintas fronteras y mares, la trata de mujeres, los niños trabajando en muchos lugares como mano de obra barata, los refugiados en los distintos campos del mundo, las revueltas en muchos países, las hambrunas, como siempre digo, todo lo que estaba mal antes de esto. Una de las noticias que más me ha sorprendido estos días es la que cuenta que durante el mes de marzo no ha habido ningún tiroteo en las escuelas e institutos de los Estados Unidos, una no sabe qué pensar.

Los vecinos de mi bloque que se fueron de la ciudad al inicio de la cuarentena han vuelto, ahora resulta agradable escuchar a niños reír y llorar. Y tengo una vecina que canta espectacular, no lo hace a menudo, pero cuando lo hace, me dan ganas de aplaudir y decirle que no pare, qué maravilla.

El pasado jueves 23 de abril fue el día del libro, como cada año, solo que este año no hemos tenido feria, ni librerías abiertas con descuentos, ni encuentros en las bibliotecas, ni rosas para regalar; por suerte algunas librería están vendiendo por internet y llevan los libros a casa, otras cogen pedidos para ser recogidos después; en muchas casas tenemos libros sin leer y leídos y eso en sí ya es una celebración.

Nos han prorrogado el estado de alarma dos semanas, cuando podamos salir a trabajar será casi verano y nos cogerá con estos pelos, en todas partes dicho sea de paso, con el sex appeal en precario o asalvajao como dice mi querida Estela y me causa mucha risa.

Seguimos con más dudas que certezas, también seguimos con menos personas fallecidas, menos personas ingresadas, más personas dadas de alta, más avances en las investigaciones científicas para encontrar vacunas. Más personas y colectivos quienes dar las gracias, más razones para seguir confiando, para seguir cuidando y cuidándonos, para tener paciencia y empatía. Gracias es mi palabra favorita junto con esperanza.

Esta semana también he leído varias cosas interesantes, pero sin duda el artículo que más me ha conmovido ha sido este Mejor callarse, solo un poco del que he sacado el texto que encabeza esta entrada.

Y una canción bellísima que me envió días pasados la querida Desiree. 








viernes, 24 de abril de 2020

Las películas de mi cuarentena


“Ningún arte traspasa nuestra consciencia de la misma forma que lo hace el cine, tocando directamente nuestras emociones, profundizando en los oscuros habitáculos de nuestras almas”, Ingmar Bergman

En esta soledad impuesta del confinamiento los días parecen más largos, así que hay que buscar compañía y distracción. Desde que empezó la cuarentena he visto casi todas las noches una película, algunos días dos, también ha caído alguna serie, pero menos. Así que os voy a contar las que más me han gustado volver a ver  o  ver de estreno, algunas antiguas y otras más recientes. Esto no es una crítica, para eso ya está el jefe de esta página.

Solo ante el peligro (High Noon, Fred Zinnemann. 1952); creo que esta es mi película favorita, y si no lo es, está muy alta en mis preferencias. Esta película nos cuenta como el sheriff de un pueblo, recién casado y dispuesto a empezar una nueva vida, decide posponerlo cuando se entera que un criminal que el detuvo y llevó ante las justicia, ha sido liberado y vuelve al pueblo, el decide esperarlo y se encuentra solo porque nadie lo va a ayudar, hasta su reciente esposa se quiere marchar. Nunca se me va a olvidar esa imagen de Gary Cooper solo, en un pueblo aparentemente vacío, con la pistola en la mano, es una historia que habla de la responsabilidad de un hombre, de la dificultad de tomar decisiones que implican a las emociones y de la valentía. Y Gary Cooper, claro, el hombre más guapo de la historia del cine.

Una mujer bajo la influencia (A woman under the influence, John Cassavetes, 1974);  una de las muchas y magníficas historias creadas por este matrimonio en la vida real, John Cassavetes y Gena Rowlands. La historia de una mujer trastornada, incapaz de cuidar de sí misma y de su familia, en la que su marido, interpretado por el inolvidable Peter Falk, tiene que trabajar, cuidarlos a todos y tomar decisiones cuando la actitud de su esposa empieza a perjudicar seriamente la convivencia familiar. Ahora sé que la primera vez que la vi no la entendí bien, después de volver a verla tengo otra perspectiva, ahora sé del estigma de una enfermedad mental, del ansia de una mujer por la libertad y hacer  lo que no se espera de ella, de la importancia de los cuidados y de vivir en comunidad. Gena Rowlans brilla con luz propia, la que siempre ha tenido.

Espartaco (Stanley Kubrick, 1960); la versión íntegra, no la durante muchos años nos mostraron por la censura.  Esta película explica a la perfección lo mejor y lo peor del mundo, la esclavitud y la libertad y  nos cuenta la historia de un esclavo, espléndido Kirk Douglas, vendido como gladiador que lidera una rebelión contra el imperio romano y no deja de sumar, por donde  va,  esclavos y esclavas para derrocar a Roma y poder volver a sus casas. Cuando finalmente los tienen rodeados y les dicen que los liberarán si Espartaco se entrega, Yo soy Espartaco representa todo los bueno que tiene que tener un ser humano, la solidaridad y la bondad. No hay una sola vez que no la vea y la veo todos los años en Semana Santa, que no me emocione y me haga llorar.

La hija de un ladrón (Belén Funes, 2019); la historia de una chica muy joven con un hijo pequeño, con un trabajo precario, una vivienda precaria, un hermano por el que lucha en los tribunales para que viva con ella en la familia que quiere formar con un novio y padre de su hijo que no piensa lo mismo, para colmo el padre sale de la cárcel y acaba con la poca estabilidad emocional que ella tiene; un retrato implacable de nuestra sociedad, cientos de personas podrán verse retratadas en esa historia, triste y demoledora. Es la opera prima del pasado año en España por excelencia, no hay premio al que no haya  estado nominada su actriz protagonista, Greta Fernández que borda el papel y  ganó el Premio Goya a la mejor dirección novel su directora Belén Funes.

Los miserables (Ladj Ly, 2019); una nueva versión de la célebre novela de Victor Hugo en la que un policía se une a una brigada para luchar contra la delincuencia en un suburbio de Paris en la que los pobres entre los pobres controlan los barrios con sus distintas bandas, la violencia entre estas y la que emplea la policía, lo pone ante una realidad que probablemente no imaginó. El director no ha tenido que tirar de ficción para contarnos una dura realidad que lleva años existiendo en Francia con los hijos de los inmigrantes, pone la piel de gallina la violencia por todas partes, la de unos jóvenes sin futuro, la de unos padres sin esperanza y la de una policía deshumanizada.  Una de las películas francesas del año pasado, candidata al Oscar a mejor película extranjera. Un director a tener en cuenta y del que también he podido ver estos días la bellísima A viva voz.

Súper empollonas (Booksmart, 2019); excelente debut en la dirección de la actriz Olivia Wilde. Dos amigas que han estudiado juntas sacando muy buenas notas para entrar en la universidad, se dan cuenta de pronto que igual no han aprovechado muy sus años de estudiantes con respecto a las fiestas y en una sola noche deciden enmendar eso, y por supuesto, nada sale como piensan corriendo el riesgo de que su amistad salte por los aires. Una comedia ácida en a que no queda ni un solo tema por tratar, la asfixia familiar, la inseguridad, el feminismo, el ser lesbiana, el amor no correspondido, la inseguridad por el futuro, el posible error de hacer lo correcto y no lo que se desea. Una película fresca, muy bien interpretada por  Kaitlyn Dever y Beanie Feldstein a la cabeza de un reparto coral y divertido. Un soplo de aire fresco es.

La candidata perfecta (Haifaa Al-Mansour, 2019); una mujer médica en una ciudad remota de Arabia Saudí va a acudir a un congreso en Dubái y al llegar al aeropuerto no la dejan subir porque no tiene el permiso de su padre, la rabia y la impotencia la llevan a intentar presentarse como candidata a las elecciones municipales con el objetivo, además, de que asfalten la carretera de entrada al hospital, algo que lleva reclamando tiempo y nadie le hace caso. La cinta abre con una escena potentísima en la que un señor mayor llega al hospital muerto de dolor y se niega a ser atendido por una mujer. La lucha por ser candidata es una auténtica carrera de obstáculo que nos regala momentos hermosos como lo que las hermanas protagonizan vestidas de manera occidental al interior de su casa mientras preparan la campaña electoral. La película no nos cuenta nada que no sepamos sobre la terrible situación de la mujer en ese país, pero duele y al tiempo reconforta, verlo en imágenes. Un paso más en la carrera de esta directora que ya nos sorprendió con la estupenda La bicicleta verde y se atrevió con la biografía de Mary Shelley.

Dos bonus en forma de documental.

Ex libris: la biblioteca pública de Nueva York (Frederick Wiseman, 2017); magnífico documental de tres horas y cuarto que nos lleva de paseo por la biblioteca pública de Nueva York, nos cuenta la importante e imprescindible función de las bibliotecas, en las que lo más importante no son los libros, si no las personas que la habitan, personas de todas las clases sociales, de todas las razas, de todos los lugares de la ciudad, sean neoyorquinos o no, una declaración de amor a estas instituciones por la que desfilan Elvis Costello, Patti Smith, Edmund de Waal, Ta-Nehisi Coates, Richard Dawikins  y Caroline Engers entre otras muchas personas conocidas y anónimas, entre estas todas las personas que trabajan en esa institución. Estoy enamorada de este documental, muy enamorada, como de las bibliotecas.

Y es por este amor, que aprovecho y recomiendo mucho, mucho un libro que leí a finales del pasado año, La biblioteca en llamas de Susan Orlean, en la que nos relata el incendio que se produjo en la biblioteca de Los Ángeles en el año 1986 el mismo día que se estalló Chernóbil, lo que hizo que pasara desapercibida esta noticia. El libro nos relata la reconstrucción de dicha biblioteca y hace un repaso a la historia de esta, como surgieron los primeros bibliotecarios, el difícil acceso de la mujer a dirigirlas y las distintas formas de hacer bibliotecas que hay en el mundo. Una delicia de libro.

Sesión salvaje (Paco Limón y Julio César Sánchez, 2019); sorprendente documental español que supone un reconocimiento al cine gore, erótico y de terror (sí, todo junto) en España después de la dictadura. Un grupo de cinéfilos, muy cinéfilos, que reivindican este cine que en aquellos años nos parecía y espantoso y que después de ver el documental ya no lo quieres ver así, aunque te siga resultando así, muchas risas y sorpresas en esta pequeña joya que merece ser muy vista.

Esto es todo, de momento, si no escribo una segunda parte será porque la cuarentena ha terminado, no parece que vaya a ser así. Es el momento de cuidar y cuidarnos y una forma de hacerlo es ver cine, aunque opciones hay muchas, una de las mías, esta. Por amor al cine y a quienes lo hacen, que nos están aliviando estos días y es el momento de agradecerles.


Pd.: esta entrada fue publicada inicialmente en Cocalecas.net La películas de mi cuarentena