miércoles, 13 de febrero de 2019

Una carta de amor al Festival de Cine Global Dominicano


Aún no había finalizado la última edición del Festival de Huelva Cine Iberoamericano cuando había llegado a mi correo una invitación formal a ser jurado de la Selección Oficial de la Competencia de Opera Prima Ficción en el Festival de Cine Global Dominicano. Al empezar a leerla sentí tanto vértigo que paré y miré a mi alrededor para ver si tenía que dársela a alguien; me levanté de la cama, fui al mercado y luego al médico, en la sala de espera retomé la lectura y cuando terminé, el vértigo seguía ahí, intenso, tanto que la médico me dio una nueva cita para el mes de marzo y no fui capaz de articular una protesta por la demora.

De camino a la lectura del palmarés me escribió mi amiga Begoña para felicitarme y decirme que no le había contado nada (en realidad no había tenido tiempo), le dije que no lo creía y que nos veríamos en unos minutos, ella se había enterado por Fermín Cabanillas, la otra persona de Huelva invitada a ser jurado.

En poco rato, Omar de la Cruz (a quien respeto, admiro, quiero y tanto tengo que agradecer) me confirmó la invitación. Colapsé. Salvo Begoña y otra amiga, Che,  Manauel H. Martín, director del festival de Huelva, a quien se lo conté por mi sentido de la lealtad, nadie más supo durante días, temerosa yo que el hechizo se rompiera y la invitación desapareciera. Confieso que en algún momento de ese día me emocioné. En ninguna circunstancia dudaba que la invitación fuera real, dudaba de mí, no sabía por qué yo, creo que aún no lo sé, pero ya no tiene vuelta atrás. Un día, un diario local, lo publicó como noticia y entonces empezaron las preguntas por WhatsApp, confirmé su existencia y expliqué que me seguía pareciendo una cosa tan bonita, como increíble y volvía al "por qué yo".

La vida siguió como siguen las cosas que no tienen mucho sentido, pasaban los días y nada sucedía con respecto a comunicación con el festival y yo borré la invitación de mi mente, segura como estaba que se habían dado cuenta que yo no era la persona idónea.

Hasta que un día de diciembre empiezo a recibir correos para cumplimentar datos y volvió el vértigo, los nervios, la alegría, la emoción, la satisfacción y las dudas, por supuesto. Ya lo podía contar. Hice los trámites que me pidieron, hablé con mi jefe para pedir el permiso (esto era importante) me lo concedió y guardé el secreto durante unos días como en una celebración íntima; en la comida previa a las fiestas navideñas con mis amigos les conté que sí, que me iba y en la comida familiar del 1 de enero se lo conté a mi familia (mi madre es presa del pánico cada vez que vuelo). Las reacciones de todas las personas que me quieren parecían confirmar el acierto del festival de cine global al invitarme.

Y en lo más crudo del crudo invierno (figurado y literal) llegó el día de volar, qué alegría, aún sabiendo que apenas aterrizara iba a subirme a un escenario, ante decenas de personas que no conocía y hablarles en nombre de mis compañeros y compañeras de los distintos jurados. Tras un vuelo largo, una larga fila para pasar migración y casi dos horas de atasco, me subí a unos tacones de vértigo (que justificaban el mío) y directa a la fiesta del cine.


Porque eso es un festival, una fiesta para disfrutar de historias con distintos acentos en los que reconocernos, encontrarnos con personas que llenan las salas con el mismo interés que nosotros, una fiesta para lucir una credencial orgullosa como si fuera una medalla, una fiesta de una semana feliz llenando de cultura el ruido que a veces es inútil y ensordecedor. No se me ocurre mejor acción para tender puentes y derribar muros que esta apuesta cinematográfica.

Como ya dije en mi intervención, un festival de cine es una puerta abierta al mundo, una apuesta por la cultura, la educación, el empleo, el turismo y el Festival de Cine Global Dominicano cumple con creces esa tarea. De su potencial da buena medida la presencia de una estrella de Hollywood como Vin Diesel y un director del calibre de John Singleton (que a mí me hizo muy feliz).





Repasando la historia de este festival es impresionante lo que han hecho en tan solo 12 ediciones, habiéndolo visto y vivido durante una semana, sigue siendo impresionante pero no sorprendente. Desde la primera hasta la última persona que trabaja y/o colabora voluntariamente en el evento, la dedicación y el desempeño es enorme, sin descanso. Conviene destacar el empeño del presidente Leonel Fernández, un caso insólito en un político, de llevar a cabo tamaña apuesta cultural, no es algo que abunde hoy en día entre la clase política. Qué bueno que a un dirigente le guste el cine y que además quiera compartir ese amor por el séptimo arte con un país entero, ya quisiera yo algo así en mi país.

Y de él, para abajo, un capitán llamado Omar de la Cruz, multiplicado en todas partes, en todos los frentes, en todas las responsabilidades, en todos los afectos y un tipo con un gusto cinéfilo que es un genial compartir y sobre el que es un placer conversar.

Durante una semana cálida por dentro y fuera, el festival ha sido un torbellino de actividades, presentaciones de libros,  mesas redondas, conferencias, talleres para hablar de sexismo, de justicia social, del aceite de oliva, de nuevas plataformas, del trabajo de escribir un guion, de montar una película, de ser agente de actores, de mujeres en el cine, de distribuir películas, de dirigir películas, sesiones de Actors Studio con Jesse Terrero. Ha habido encuentros entre directores, productores, agentes, escritores, actores de los que saldrán historias que veremos en los próximos meses. El cine no es solo un arte, es una industria que genera empleo, consumo y por lo tanto riqueza, en Santo Domingo parecen tenerlo muy claro, ojalá cunda el ejemplo.


Durante una semana hemos visto las doce películas a concurso en la Competencia de Opera Prima, cinco documentales en Competencia en Opera Prima Documental y once cortos en el Concurso Corto Global, siendo difícil la elección de cada uno de los distintos jurados.

Durante una semana se han proyectado películas en distintas sesiones como País de honor, que este año en el festival ha sido Corea, Una parada documental, Miradas hispanas, Una muestra de cine y moda, Miradas del Caribe, Muestra gastronómica, Presentación especial, Pulso global y Soy dominicano. Una oferta cinematográfica que no palidece otros festivales más consolidados, más bien al contrario; una oferta que en lo personal me ha permitido disfrutar de títulos que no había podido ver en la ciudad en la que vivo porque no llegaron a sus salas. Una oferta excepcional e inabarcable que afortunadamente consigue hacer un mundo donde caben muchos mundos, para toda clase de público, para toda clase de inquietudes, para toda clase de gusto e interés. Una auténtica fiesta para los ojos, los sentidos y el saber. Ojalá haber tenido más tiempo.



Mención especial merece el amor de los dominicanos por su cine, hasta cinco veces se tuvo que proyectar la película Colours ante la alta demanda para ser vista, igual suerte corrió en la clausura Miriam Miente, quedándose el aforo realmente pequeño. Y no solo, cuando en la gala de clausura se anunció que el país invitado a la próxima edición sería España, la ovación fue atronadora, pudiendo una sentir una pizca de orgullo y mucha emoción.

Un festival de tal magnitud no está exento de caos, pero el caos, decía José Saramago, es un orden por descifrar y en ese orden por descifrar es donde sus responsables admiten todo tipo de sugerencias para mejorar de cara a la siguiente edición; la celebración de un festival no es más que la culminación del trabajo de todo un año, el momento en el que ya se respira porque la suerte está echada y la criatura camina sola.

En lo personal no estoy segura de ser imparcial con respecto a mi experiencia, realmente no quiero serlo, me parece el Festival de Cine Global Dominicano un festival por el que apostar, al que defender, al que agradecer y al que llevar en el corazón. Del que sentirse orgullosa de haber sido parte.

Yo he sido muchos años jurado en algunos de los premios paralelos que se otorgan en el Festival de Huelva y siempre he intentado serlo con honestidad y respeto a los creadores; la experiencia de ser parte de un jurado oficial, con Desiree Reyes, Alfonso Quiñones, Carlos Gómez Iniesta y Fermín Cabanillas, compañeros tan calificados y cualificados para la tarea exigía una alta dosis de responsabilidad. No es fácil juzgar con respeto, con rigor, afortunadamente fuimos un equipo como jurado, con sintonía y complicidad, esperamos haber acertado y deseamos que a todas las películas a concurso les vaya muy bien y tengan un largo recorrido en salas. En la gala de apertura prometimos ver, juzgar y disfrutar y creo que cumplimos.



Antes de empezar yo tenía la sensación de que este festival iba a ser una de las mejores cosas que me han pasado en la vida, ahora tengo la certeza de que es así. La calurosa, en todos los sentidos, acogida en el aeropuerto por parte de los voluntarios, las atenciones a la llegada a la gala, las salidas al cine a ver la películas, las visitas a las oficinas de trabajo y prensa han sido de una calidad humana excepcional, siempre ha habido un abrazo, un halago, un café; Taína, Erika, Gabiana, Adriana, Aurora, Delia, Aurora, Rosa, Johny son solo algunos de sus nombres, ojalá me acordara del de todos y todas, porque, señoras y señores, sí, el Festival de Cine Global también es un espacio donde las mujeres son mayoría.



Los reencuentros con quienes ya habían estado en el Festival de Huelva, Celia Rico, directora del Viaje al cuarto de una madre, Oriol Estrada, Natalia Cabral y la pequeña Lya, directores de Miriam miente, Rafael Martínez Moreno y Manuel Álvarez, director y protagonista de El Piedra, llenos de abrazos, risas y recuerdos. Qué orgullo que quienes han pasado por nuestra ciudad estén deseando volver y quienes no han estado, tengan muchas ganas de venir. No se me ocurre nada mejor que la cultura para tender puentes en tiempos de muros.

Los encuentros derivados en complicidad, risas compartidas y deseos de futuros reencuentros con Rubén, Linda, Ximena, Kaliah, Gonzalo, Antonio, personas todas ligadas al mundo del cine y que contagian la pasión por él y por la vida. Gracias por todos los buenos momentos.

Mención especial para Desiree y Martín, su esposo. Una noche nos invitaron a cenar en su casa, una cena espectacular cocinada por Martín y acompañada de buen vino, buenos postres y muy buena compañía. Nos dieron calor de hogar y nos hicieron muy felices.

Una de las palabras más bonitas en castellano y, a veces, más difícil de decir es gracias. Gracias al Festival de Cine Global Dominicano, por existir, por ser, por apostar a la cultura, por todo y por tanto. Y una de las palabras que más me gusta decir es felicidades. Felicidades al Festival del Cine Global Dominicano. Os deseo todos los años del mundo para esta fiesta.

He sido muy feliz en él y he querido escribir una carta de amor al festival. Y bailar.

Pd.: En esta página del Festival de Cine Global Dominicano está toda la información y podréis observar que me he quedado corta en el relato.





lunes, 11 de febrero de 2019

Memoria de ti

Sé que coincidimos en el escenario, pero yo no recuerdo casi nada de ese momento, salvo el vértigo.

Creo haberte visto pululando por la planta dos.

Fue el sábado, en el que al compartir espacio, sonreíste y todo se iluminó; sí, sonreías para las fotos y yo no recordaba haber visto una sonrisa tan esplendida hace mucho tiempo, te lo dije, es más, me acerqué y te dije, a una persona que le llega la sonrisa a los ojos, es una persona de fiar, me diste tu tarjeta y la guardé en el bolso, por alguna razón, más tarde la rescaté y la guarde en la funda de mi teléfono, ahí sigue.

Ese mismo día, en la noche, nos cruzamos en el cine y dijiste, usted me está persiguiendo y me parece bien, yo respondí, no, pero podría, luego te dije que estaba esperando a un compañero para entrar el cine y sonreí.

El domingo, sintiéndome presa de una torpeza infinita, bajé a la planta dos a pedir ayuda tecnológica y ahí estabas tú, yo llevaba una camiseta ajustada y con escote y me miraste de esa manera, no solucionamos el problema y conseguí salir ilesa de esa mirada; más tarde, solucionado el problema, te di las gracias y te dije que iba al cine, dan Cold War, respondiste; esa es la que tenía intención de ver.

El martes, estábamos en el almuerzo con varias personas y apareciste, creo que con tu hermano, parecías serio y preocupado, se escuchaban nuestras conversaciones y creo recordar que en algún momento cruzamos miradas; más tarde te sentaste a mi lado, apenas quedábamos tres o cuatro personas, hablamos de varias cosas, te he empezado a seguir, dijiste, yo he empezado antes, dije yo  y fuimos a tomar un café, quedamos en ir a cenar chicharrón.

Fuimos a cenar, querías hacer una historia con mi abanico y no fue, las meigas, nunca hay que minusvalorar el poder de las meigas; cenamos, reímos, volvimos la hotel y subimos a la terraza en una noche húmeda. Nos sentamos juntos en el sofá, me hubiera acurrucado sobre ti, quería hacerlo, nos despedimos y quedamos para desayunar.

El miércoles íbamos a ir a bailar y mi cuerpo me traicionó. Aún sigo furiosa con él. Me hubiera gustado tener sexo rápido contigo, me hubiera encantado tener sexo lento contigo. Conjugando el presente, me encantaría. Y bailar.

Ahora lo escribo para que no se me olvide.

jueves, 5 de abril de 2018

Los días después


"El feminismo es la idea radical que sostiene que las mujeres somos personas" Angela Davis

Dedicada a Mairelle Franco y en ella a todas las mujeres anónimas que trabajan por la igualdad y nos las reconocemos hasta que son asesinadas.

Habrá quien piense que voy un poco tarde, pero en mi larga trayectoria de llevar la contraria casi siempre, también esta vez me he tomado un tiempo para pensar tras el pasado 8 de marzo.

Un éxito de convocatoria, sin paliativos, un éxito magnífico. Pero los éxitos casi siempre en la vida se miden por los días después y de momento no ha habido muchos cambios. Yo he tomado apuntes.

Me preocupa y me entristece mucho vivir en un país que amenaza y coacciona a mujeres que hicieron la huelga convocada para ese día; me preocupa y entristece mucho vivir en un país donde muchas mujeres no hicieron huelga por miedo a perder sus trabajos; me preocupa y entristece mucho vivir en un país donde un derecho recogido en la constitución no puede ser ejercido. Me preocupa y me entristece mucho vivir en un país con el miedo a flor de piel. 

Hubo organizaciones políticas que dijeron no apoyar las convocatorias de huelga y manifestación (aunque luego se sumaron a esta última) porque decían que eran anti capitalistas y acertaron, el capitalismo más salvaje se nutre de la brecha salarial y la desigualdad, cuando con el salario que pagas a un hombre pagas a dos o tres mujeres. Así que sí, cuando el capitalismo es machista, el feminismo es anti capitalista.

Hubo organizaciones políticas que dijeron no apoyar las convocatorias de huelga y manifestación (aunque luego se sumaron a esta última) porque decían que eran de ideología de izquierda. Esto se ha demostrado transversalmente falso. Es cierto que el feminismo tiene ideología, la ideología de la igualdad en derechos y deberes entre hombres y mujeres; ya una de las primeras feministas de los Estados Unidos en los años setenta, Gloria Steinem decía que "feminista es cualquiera que reconozca la igualdad y la humanidad plena de hombres y mujeres".

Lo más gracioso es que acusan el feminismo es que quienes acusan al feminismo de tener una ideología van por la vida como si no la tuvieran y sería para echarse reír si no fuera que los dedos acusadores vienen de organizaciones políticas, que ¡oh, sorpresa! tienen ideología; una ideología conservadora, que en muchos aspectos rechaza la igualdad, así que me temo que la acusación se les podría volver en contra. Ni ideología, ni política son palabras feas, solo hay que aprender a usarlas.

Si tuviera que destacar una nota triste ese día, fue el hecho de que en las redes sociales y algunos grupos de WhatsApp se hayan compartido memes, chistes y comentarios que sobrepasan el machismo de nuestras vidas si no que sobrepasan los límites de la mala educación y el mal gusto. Lo más doloroso ha sido la participación de mujeres en esas actitudes, no es humor, es grosería y pienso constantemente e las madres, las esposas, las hijas, las nietas y las amigas de esas personas.

Fue un gran día; un gran día que se podría repetir en cualquier momento sin esperar una fecha señalada, nada se ha movido y los presupuestos generales recién presentados por el gobierno en el congreso de los diputados es la prueba.

No quiero terminar sin agradecer a todas las mujeres que se sumaron por primera vez y a todos los hombres que estuvieron. Gracias, seguimos.

martes, 6 de marzo de 2018

Huelga feminista, yo paro

En el momento que tuve conocimiento que se había convocado una huelga feminista mundial para el 8 de marzo de este año lo primero que hice fue sonreír, con complacencia, es algo que sucede en mi siempre que se convoca una huelga con conciencia de clase, de clase obrera, además. Porque eso somos las mujeres que trabajamos, obreras.

Mentiría si dijera que decidí hacerla desde el primer momento, hay una parte de mi que a veces piensa que por edad ya he hecho todas las huelgas que me correspondían hacer y que ahora le toca a las nuevas generaciones. Pero leí algo que me iluminó.

Ese algo fue la liberación de Teodora del Carmen Vasquez después de diez años y siete meses de prisión. Teodora es una mujer salvadoreña que tuvo un aborto involuntario y aún así fue condenada a treinta años de cárcel, porque en El Salvador el aborto está prohibido. Pero no fue este hecho el que despertó mi rabia, que también; lo que de verdad me tocó la moral fue que el viceministro de seguridad, Raúl López, que cree que este caso es un ejemplo de como el sistema penitenciario prepara para la reinserción a la sociedad: "la señora Teodora nunca habría tenido la oportunidad de terminar el bachillerato estando allá fuera", y cito textual sus declaraciones recogidas en el diario El Faro.

Y mira no, machote de manual, eso no. Un gobierno tiene la obligación de facilitar el derecho a la educación de las mujeres y los hombres de su país. Un gobierno tiene la obligación de facilitar el derecho al aborto a las mujeres de su país. Un gobierno tiene la obligación de legislar los derechos y deberes de toda la ciudadanía de un país más allá de su ideología.

Voy a hacer huelga por Teodora, por todas las mujeres que nos precedieron en la conquista de derechos, por todas las que queriendo hacer la huelga no van a poder, por todas a las que el miedo (legítimo) atenaza y por todas las mujeres que pudiendo hacer huelga, no solo no la hacen sino que además la descalifican y con ella a las huelguistas, porque ellas también se van a beneficiar de los derechos, avances y mejoras que se consigan.

Solemos decir que cuando tocan a una, nos tocan a todas. Cuando algunas consiguen igualdad, la igualdad es para todas.

El próximo 8 de marzo yo no trabajo, no educo, no cuido y no consumo. En la calle nos vemos.




Pd 1.: En el siguiente enlace Teodora recupera su libertad más no su inocencia y en este El privilegio de abortar más información sobre la situación y condenas del aborto en El Salvador.

Pd 2.: Esta es la entrada que ha publicado este mes el programa Plaza niña de Radio Huelva de la cadena ser Es hora de visibilizar el trabajo que hacemos las mujeres.

viernes, 12 de enero de 2018

Gracias, presidente Trump


Ya está. Ya no podemos llamarnos a engaño, por fin tenemos un presidente de gobierno sincero y no es poca cosa. El presidente más sincero del planeta (él hace todo así, a lo grande) es el de los Estados Unidos, el país que, hasta el momento, es la primera potencia mundial y con sinceridad os digo que es una cosa muy de agradecer. 

El presidente Trump es racista, machista, acosador, clasista, homófobo, analfabeto emocional e intelectualmente, grosero, maleducado, ordinario, soez, cateto; esto no es una opinión, es todas estas cosas y lo mejor es que no se molesta en ocultarlo, más bien al contrario hace gala de ello en cada momento de su mandato; antes también lo era, pero solo nos parecía gracioso, ahora es una tragedia, o una tragicomedia.

Ciertamente vivimos unos tiempos en lo que casi toda persona que es alguien y hace una reflexión en voz alta, se ve obligada a rectificar si lo dicho no es políticamente correcto. A mí esto me parece una soberana estupidez, prefiero saber lo que un político piensa de verdad a una mentira, que de mentira vamos sobrados, en política y en la vida.

Dicho esto no puedo más que felicitar a quienes decían que con él todo iba a ir mejor, acertaron.

Si tuviera la oportunidad de hablar con él, le diría usted no sabe lo que se pierde al no comer las pupusas de chicharrón de El Salvador;usted no sabe el orgullo que una siente cuando un hombre o una mujer de Haití consigue, después del terremoto más terrible de su historia, un doctorado en una universidad que no es la suya; usted no sabe que la mejor literatura contemporánea se está haciendo en África. En realidad usted no sabe nada que no tenga que ver con usted mismo y menuda tristeza, esto también se lo diría.

Pero no me alargaré en contar de su presidencia lo que ya sabemos. Ahora la dignidad recae en el resto, en quienes no somos Trump ni sus votantes. Me temo que no sucederá, es el signo de estos tiempos, los tiempos de la mediocridad. Y de la cobardía.

Pd.: Esta entrada la hice el viernes, desde entonces he esperado que el gobiernos español salga en defensa de El Salvador o de los emigrantes latinos y también he esperado que el gobierno francés salga en defensa de Haití y los emigrantes haitianos. Nada de eso ha sucedido. Tampoco ha habido pronunciamiento de la Unión Europea. Apenas la ONU (qué menos) ha protestado.

Una, ilusa, pensaba que esta vez sí, que esta vez la humillación era definitiva y había llegado el momento de decir algo, qué digo decir, gritar y no. Qué vergüenza, va ser que todos somos países de mierda.

Pd 2.: En el siguiente enlace Corresponsales por el mundo, hay profesionales de distintos ámbitos que nos cuentan historias de más allá de nuestros ombligos a golpe de click.

Pd 3.: Y algunas cuentas de Instagram para visualizar la vida, maravillosa a veces, de los lugares citados, si os interesan, unas os llevarán a otras.
           @everydayafrica
           @everydayhaiti
           @suykerphoto
           @africancityzens
           @oxfamintermon
           @everydaylafrontera
           @tripinafrica


lunes, 20 de noviembre de 2017

En el camino y qué bien


"Me alegro de veros, este es vuestro festival, vuestro festival", de esta manera se dirigió a mi amiga Begoña y a mí, un conocido en la gala inaugural del recién finalizado Festival de Cine Iberoamericano de Huelva.

Y aunque no deja de ser halagador, no, este no es nuestro festival, es el festival de Huelva y provincia, que no son pocas las personas de los pueblos más cercanos que se acercan a las salas. Es el festival de todas y de todos, desde la más temprana edad hasta la mayor.

No soy de esconder mis emociones, así que puedo decir que este año, durante el festival, he sido muy feliz, más que en los últimos años. He disfrutado. Supongo que es la sensación de que estamos de nuevo en el camino que nos lleve a seguir cumpliendo años, porque eso significará que sigue habiendo películas para concursar y películas para ver.

Pero no quiero perder perspectiva, merecemos más. Merecemos más películas, merecemos más recursos económicos, merecemos más visitas de todas las personas relacionadas con el cine en Iberoamérica, merecemos más salas, merecemos más encuentros que elaboren proyectos de futuro. Y necesitamos que todos los trabajadores y todas las trabajadoras del festival tengan unos salarios dignos y que el equipo que lo saca adelante, con el director, Manuel H. Martín a la cabeza, sea un equipo continuo que trabaje todo el año, sólo así podremos conseguir un festival mejor, porque es el que nos merecemos. 

Y en esta no perdida de perspectiva, quiero decir que si hay una manifestación cultural que desde hace cuarenta y tres años, festeja como se merece el encuentro entre dos mundos, esa es el Festival de Cine Iberoamericano de Huelva y es hora de pasar de los dichos a los hechos. Hay que seguir apostando por este puente que une más que separa a uno y otro lado del océano.

Podría contaros que después de muchos años he visto el patio de butacas del Gran Teatro lleno a diario en las funciones de la tarde; que también hay publico que ha decidido asistir a los pases de prensa en la mañana; que he visto colas en la taquilla, que he visto retrasos en el inicio de las películas porque había que esperar que última persona que formaba parte de esa cola tuviera su entrada; que, al menos en dos ocasiones, sin contar apertura y clausura he visto el palacio de congresos repleto de espectadores; que también ha tenido mucho público el homenaje a Federico Luppi, yo misma he estado sentada en la sección Nuevos Realizadores a las 17 horas viendo películas y documentales rodeada de decenas de personas. Que la proyección de cortos a horas en las que solo apetece dormir siesta, estaba casi llena.

Os cuento, de hecho, que congregar el festival en torno al Gran Teatro y la Casa Colón es un pleno acierto porque las calles se sentían vivas a horas en que ya no es habitual; que algunos días no ha sido fácil encontrar un lugar con disponibilidad para almorzar y/o cenar; que es increíble encontrar corrillos al terminar las películas donde cada quien dice lo que piensa de ella sintiéndose parte de un momento especial; que una se hincha de orgullo cuando escucha Huelva en los programas culturales de España e Iberoamérica, tanto de radio, televisión y prensa escrita y digital. 

Que ha sido maravilloso encontrarse por las calles con Lucía Carrera, una directora mexicana que ya merece un título de hija adoptiva de Huelva y que este año ha sido presidenta del jurado; con Desiree Reyes (Productora de Luis) y Amelia del Mar Hernández (productora y guionista de El hombre que cuida) con su maravilloso acento dominicano y la sonrisa de agradecimiento que les llegaba hasta los ojos, con Jorge Marrale, protagonista de Maracaibo que nos contó las ganas que tenía de volver desde que estuvo en una edición anterior con otra película; con un premio Ciudad de Huelva, Dario Grandinetti que se ha sentido como en casa (literal); con el musical acento brasileño de Elis, con las lenguas indígenas de México en Sueños en otro idioma, con el mexicano moderno de Cuando los hijos  regresan (para mi gusto lo más flojo de la sección a concurso), con Los Perros chilenos que aullan muchos años después de finalizada la dictadura, con la soledad desgarrada de El Pampero (que es un viento y no sólo una región), menos solitaria porque tuvimos a su protagonista César Troncoos, con la música de Los Bravos, con la emoción y el orgullo de un Federico García Lorca inmenso como pocas veces en Luna Grande: un tango por Lorca. 

Dejo un espacio especial para La novia del desierto, que ha sido la gran triunfadora del festival, una película dirigidas por dos mujeres (Cecilia Atán y Valeria Pivato) que habla de mujeres y de libertad. Una estupenda película que en sólo setenta y ocho minutos nos explica porque estamos en el tiempo de las mujeres. En el tiempo de las mujeres libres.

Quiero también contaros que todas estas personas traen sus películas a nuestro festival con la misma ilusión que quienes van a la gala de los Oscar (no estoy exagerando), es hablando con ellas que te das cuenta de la puerta de entrada tan grande que es Huelva para que el cine iberoamericano entre en Europa.

De la misma manera os digo que me habría encantado tener tiempo para ver más películas y documentales, para asistir a las actividades de Cine y Valores, que este año ha estado especialmente dedicado a las mujeres realizadoras, directoras y productoras, a los cursos de formación. Me habría encantado volver a uno de los pases en la cárcel de Huelva, solo este hecho de llevar el cine hasta allá, justifica el festival. Y muchas otras cosas que se hacen durante una semana, pero una no se puede, no ya multiplicar, sino dividir.

Porque detesto a quienes hablan de oídas y sin saber, y entrando en un terreno más personal, os cuento que como acreditada y miembro del jurado de Radio Exterior de España, que otorga un premio a la película que mejor representa la realidad latinoamericana, he usado mi acreditación para ver las películas de la sección oficial a concurso; el resto de las películas y documentales que he visto ha sido abonando los tres euros que cuesta la entrada, porque yo creo que la cultura es un derecho humano, y creo que la cultura no debe ser gratis, porque la cultura también es una industria con personas que por su trabajo han de comer y vivir con dignidad.

Me gustaría decir a estas personas que antes de seguir criticando y/o cuestionando el festival sin pasar por él, lo visiten, siempre es mejor hablar con conocimiento de causa. Me gustaría decir también que hay muchas cosas que mejorar, muchas que pulir y algunas que cambiar, pero se hace camino al andar.

Que, en contra de los buenos deseos de algunas personas que me aprecian, yo no quiero trabajar en la organización del Festival de Cine Iberoamericano de Huelva, que no quiero ser asesora del festival. Que yo ya formo parte del festival como espectadora y lo que quiero es seguir viendo muchas películas durante una semana al año en el mes de noviembre. 

Que si un mal festival lo hacen malas personas, un buen festival lo hacen buenas personas, y estas personas son Manuel H. Martín, Nacho Vázquez, Andrés Martín Cejudo, Rafa López, Manolo Bayón, y muchos y muchas más cuyos nombres desconozco, pero quiero que sepáis que conozco vuestras caras y quiero daros las gracias más humildes y grandes del mundo, porque a veces las personas no pasamos un buen momento y vosotros y vosotras habéis hecho fácil lo difícil. Gracias. 

Por último, quiero que sepáis que algunas de estas personas son amigas mías y que a otras solo las veo una vez al año, que para eso sirve el festival, para encontrarnos. Esto somos y es un orgullo.




lunes, 6 de noviembre de 2017

Qué desasosiego. Qué tristeza


A quien corresponda.

Qué desasosiego. Qué tristeza. Qué angustia. Qué dolor. Qué desazón. Qué rabia. Qué pena. Qué miedo. Qué mal todo, todo. Y así es más o menos como me siento últimamente (que ya va para el tercer mes). Creo que no soy la única en sentirse así, me consta que hay más personas sintiéndose igual y no sé si decirlo en voz alta va a cambiar algo.

Cataluña, sí. Cataluña y España.

Cuándo parece que llega la (relativa) calma, siempre hay quien da un nuevo paso hacia el abismo y no parece que vaya a imperar la cordura. Y doy mi palabra de honor que lo he intentado todo, reírme del problema, haciendo caso de lo de "defender la alegría como una trinchera" que nos legó Benedetti; hacer como si nada sucediera (el oasis de las lejanas vacaciones lejanas), no ver informativos, no escuchar radio, no mirar redes sociales, leer mucho, ver series (y yo nunca he sido seriéfila), caminar oyendo música, eludir el tema, hacer como que no importa.

Es imposible. No hay manera de mantenerse al margen y no es que no tenga un opinión formada, que la tengo, y sé que no gusta ni a unos ni a otros, es lo que ahora llaman equidistancia y yo llamo lucidez, aunque eso sea lo de menos. Lo que de verdad me parte el alma y me tiene en este estado es el daño que todo esto está causando; hay catalanes enfrentados con catalanes y hay catalanes enfrentados con españoles y la brecha que este enfrentamiento está abriendo es cada vez mayor y cada vez más difícil de cerrar y así va a ser casi imposible volver a vivir con normalidad.

Estoy cansada, profundamente cansada, casi derrotada. No tenéis ningún derecho a hacernos esto, ninguno, ni unos ni otros. Se supone que hacer política consiste en mejorar las vida de las personas mediante el ejercicio honesto de la función pública y a estas alturas eso no está sucediendo. Os falta empatía y responsabilidad; os sobran intereses bastardos y mala leche. Y honestidad, sobre todo os falta honestidad. Pagaremos un precio muy alto como país por todo esto y las secuelas serán terribles, hay heridas que se curan, y hay heridas que profundizan, tanto que te amputan un órgano o te mueres, y esa responsabilidad tiene nombres y apellidos. 

Soy una persona conocida por no tener miedo de nada, aunque si los tengo, lo que no he tenido en mi vida ha sido rencor, pero no sé si voy a ser capaz de perdonar a quienes han hecho que mi madre me llame asustada y me diga que tiene mucho miedo con lo que está sucediendo. Mi madre no ha tenido una vida fácil, es por eso que se me hace más difícil perdonar este miedo que le estáis causando. Y que yo también siento a ratos, porque nada indica que esto vaya a mejorar; de hecho estoy convencida que nos va a convertir en un peor país. Y a veces cuesta respirar.

Todo está emponzoñado, tanto que hasta las palabras las estáis ensuciando, unos y otros, sabiendo que las palabras hieren, las mentiras también. Y la mediocridad apesta, hasta personas a las que yo suponía un poco sentido común, a las que restaba, han renunciado a hacer pedagogía y van a lo fácil, qué desilusión. Ni unos, no otros aceptáis opiniones diferentes y que sumen, sólo queréis restar e imponer vuestro criterio. os ofendéis por estupideces, por un "quítame allá esta patria" convirtiendo el espacio en un estercolero.

Fui una de esas miles de personas que el sábado siete de octubre salió a la calle a deciros "parlem, hablemos" cosa que ignorasteis, los unos y los otros; así que dejad de darnos lecciones desde vuestras atalayas políticas, morales, judiciales e intelectuales, somos muchos y muchas y somos capaces de pensar sin doctirnas, de encontrarnos y reconocernos en la preocupación y en el intentar ves más allá. De deciros que el destrozo es enorme y nos afecta todas y a todos. Bajad a la calle y hablad con quienes no os bailan el agua, calculo que seremos unos cuarenta millones quienes os observamos con mucha preocupación. Dejad de pervertir las palabras y de adueñaros de su significado.

Mientras siguen sucediendo cosas, cosas que nos vuelven a quitar derechos y respeto. En España, en el mundo, todo eso que hay más allá de vuestro ombligo patriótico, sea cual sea la patria física que defendáis en este momento. Todos los días me digo "qué bueno que no tengo hijos a quienes dejarle tanta mierda", al momento me digo "qué pena tener sobrinos y tener que dejarle esta mierda".

En ese casi derrotada albergo la esperanza de que este conflicto se vaya solucionando; este país, con mucho dolor y mucha generosidad ha superado un terrible conflicto con una banda armada, quizás porque había personas capacitadas para llevar a buen puerto el final. Ahora también las hay, pero apenas las veremos y mucho menos las escucharemos, hay demasiado interés en que siga habiendo ruido.

En ese casi derrotada sé que somos muchas y muchos y esa es mi esperanza. Para que no queden dudas, quiero que Cataluña sea parte de España, para que seamos un país mejor después de todo esto.