jueves, 7 de abril de 2016

De vez en cuando la vida...


Algunas veces hago deshonor a este lugar y soy más bruja que sirena; y otras donde pongo el ojo, pongo el embarazo, tengo habilidad para comunicar embarazos antes de que ellas lo sepan o lo confirmen, no siempre, pero ha sucedido alguna vez y algunas que hoy son mamá puede confirmarlo.

El pasado mes de enero llegaron los estudiantes para participar en los programas académicos de nuestra universidad. Pasados unos días, una tarde de los lunes que me toca trabajar me cruzo con una alumna y charlamos.
- ¿Cómo va la estancia, qué tal el fin de semana?
- Bien, nos estamos adaptando y estamos planeando salir a pasear.
Y, poniéndole la mano en la barriga le digo ¿ estás embarazada? No, es su respuesta, qué tengas una buena semana, linda.

Con el paso de los días se ha hecho evidente que está (estaba) embarazada, es algo que no se puede ocultar. Ella ya ha finalizado la parte presencial del máster y ha prolongado unos días la estancia en nuestra residencia. Sé por experiencia que entre alumnos y alumnas se crean fuertes lazos y me preocupaba que ella se esté sintiendo sola, al fin y al cabo aquí nadie somos su familia.

Así que me decidí a hablar con ella un rato.
- Mira, no lo puedo evitar, quiero saber como estás, si has ido al médico, si tienes un seguro, si todo va bien, claro que también eres libre de no responder, estarías en tu derecho.
-Ay, Marivi, yo te quiero pedir disculpas porque cuando preguntaste yo te dije que no, pero bueno, es que yo no quería que mis compañeros me trataran diferente, que me preguntaran; además este es un embrazo que no esperábamos y a mi familia no le gusta mi novio.
- Bueno, a las madres nunca les gustan los novios que a nosotras nos gustan y no nos gustan los que les gustan a ellas, es ley de vida.
- Lo que me preocupa es que estés bien atendida sanitariamente y el futuro bebé también.
- Sí, sí, todo está bien, he ido a ver al médico y todo está correcto, salvo muchas náuseas,  en unos días me voy a Madrid a esperar que llegue mi mamá y entonces nos vamos a Inglaterra.
- ¿A Inglaterra?
- Sí, tengo la doble nacionalidad, mi papá es inglés y yo quiero que mi hijo (es un varón que se llamará como el padre) también la tenga porque en mi país nunca se sabe que puede pasar.
- Bonita, yo solo quiero saber que no vas a estar sola en los dos meses que te quedan, que vas a estar acompañada, que tienes lo que necesitas, en fin, cualquier cosa, sé que no ha de ser fácil esto para ti, ser madre es una decisión muy valiente y en tus circunstancias más aún.
- No quise dejar pasar la oportunidad que se me ofreció de venir a estudiar a España y a pesar del embarazo inesperado y la complicada situación familiar, estoy muy contenta de haber venido. cuando nazca el bebe y podamos viajar nos volveremos a casa.
- El papá ¿no va a venir?
- No, él quería venir y yo prefiero que se quede allí, ya viene mi mamá y son muchos gastos, nos encontraremos en casa para ser una familia.
- Igual te repito, lo que necesites mientras estés aquí, lo pides y por favor cuídate mucho para que todo salga bien.
- Lo que si voy a necesitar es alguien que me lleve hasta la estación el día que me vaya, sobre todo para llevar las maletas que todo me parece cada vez más pesado.
- No te preocupes, eso no es problema, te llevaremos a la estación.
- Mariví, y quería darte las gracias por esa oportunidad que nos dieron de conocer La Alhambra de Granada, es un sueño hecho realidad, un día volveré con mi hijo y pasaremos por aquí a verles.

Nos abrazamos. Ella quiere parecer feliz y yo no voy a dudar de sus palabras, pero la veo nerviosa y no puedo alcanzar a imaginar lo que de verdad está sintiendo, salvo el peso de una barriga de siete meses.





jueves, 31 de marzo de 2016

Apuntes de marzo (y 3)

 He entrado en una tienda a comprar chucherías, sí, las compro y las consumo, si no hay edad para el amor, no la hay para comer chucherías. Es una tienda pequeña, de barrio, huele dulce y la regenta una señora mayor, bueno un poco más mayor que yo; tiene un libros sobre la repisa que lee cuando no hay nadie en la tienda, lo tiene abierto por la página que ocupa y no he podido ver el título, es gordo.

Mientras llenaba la bolsa entraron en la tienda unos zagales y mientras dos de ellas elegían que comprar otro ha empezado a hablar:
- María ¿tú que haces para no aburrirte cuando no entra nadie?
- Leo.
- Eso no es bueno para la salud.
- ¿Quién te ha dicho a ti eso? ¿Cuántas te han quedado este trimestre en el cole?
- Seis.

María se ha echado las manos a la cabeza y le ha reprendido.
- Si leyeras y estudiaras no te habrían quedado tantas.
- No María, tú te traes aquí la play y pan, pan todo el día y no te aburres.

Al dirigirme yo a pagar, ella me ha mirado con complicidad porque ha visto mi cara de asombro.
- Mira, leer no solo no es malo para nada, al contrario, es buenísimo para la salud, y la educación, si tú leyeras habrías dicho buenas tardes al entrar, te habrías dirigido a María con respeto, no habrías suspendido tantas asignaturas y no serías tan analfabeto como para presumir de ello.
- Así se habla, lo ha explicado usted mejor que yo, ha dicho María y ha añadido, mira hijo, yo no pude estudiar, pero aprendí a leer y cuando no tenía libros nuevos, volvía a leer los viejos y me he preocupado siempre de que mis hijos lean así que no digas más algo así de delante de mí.

Salí de la tienda sabiendo que ha hablado más sabia y segura que yo y  sintiendo que con María el mundo es un lugar mejor, más ilustrado, más dulce y más libre.

Pd.: he tenido ganas de contarlo después de leer esto:  Muskaan Ahirwar, niña de 9 años, gestiona una biblioteca en la India

miércoles, 16 de marzo de 2016

Apuntes de marzo (2)

Hoy tenía una cita en un hospital de Huelva para una pequeña cirugía.

Hace unos meses, mientras estaba en Chile empecé a sentir un dolor donde la espalda pierde su casto nombre y empieza el culo, era un dolor que sentía sobre todo al estar sentada, no presté mucha atención; podía ser cansancio, nervios, una cama diferente, cualquier cosa y me dije a mi misma que cuando regresará iría al médico.

Al volver a la normalidad el dolor se iba haciendo mayor y fuí al centro de salud para ver a mi médico de cabecera. Al contarle lo que sentía, la doctora hizo que le enseñara mi culo para ver que era y diagnosticó un quiste pilonidal para lo que derivo a un cirujano para que lo viera, dos mese después el cirujano ratificó lo dicho por la doctora e inició el trámite para ir al hospital a quitar el quiste con una cirugía rápida.

Tras haber superado las pruebas de la anestesia, el día era hoy. A las 9,30 de la mañana, tal y como se me había indicado ingresé en cirugía diurna, me indicaron la habitación que debía ocupar, me dieron uno de esos camisones horribles de hospitales y me dijeron que no podía tener las uñas pintadas y que debía despojarme de pulseras y pendientes, también trajeron acetona para quitar el esmalte de uñas. Cumplidos todos los requerimientos me acuesto hasta que venga una enfermera a cogerme una vía con un tranquilizante; como me había despertado temprano e iba en ayunas, dormité hasta que llegó la compañera de habitación.

Sobre las 11 de la mañana llega una enfermera que nos toma la tensión, nos clava una aguja en la mano y me dice que no puedo llevar los labios pintados, le digo que me los he pintado de rojo a propósito, para darme fuerzas, ella sonríe, nos hace una serie de preguntas y que al rato vendrán a llevarnos al quirófano. He de decir que a mi me acompañaban mi madre y mi hermana Marta, a la compañera la acompañaban cinco personas, en total eramos nueve personas en ese pequeño espacio. Nunca entenderé esas multitudes acompañando a enfermos en los hospitales.

Un rato largo después entra un amable celador para llevarme a quirófano, aunque antes me deja aparcada en una larga sala donde hay varias camas, unas libres y otras ocupadas. El anestesista se acerca y me pregunta si me duele el culete ¡¡el culete!! le digo que sí, pregunta que si soy  alérgica a algún medicamento y le digo que a la sulfamida, pregunta que porqué y le digo que no lo sé, que mi madre me lo ha dicho siempre y qué como lo sabe mi madre y le digo que probablemente de pequeña me hicieron alguna prueba y se lo dijeron ¡yo que sé! dice que tengo que hacerme las pruebas de la alergia para comprobarlo. Tengo frío pero no tienen mantas y me echan encima otra sábana; un enfermero me pregunta que porque estoy en posición fetal, le respondo que me duele mucho la espalda para dormir boca arriba y que prefiero dormir así, en un alarde humorístico le digo que también extraño mi colchón.

Ya me llevan al quirófano y como vas mirando hacia arriba he de decir que es como en las películas, muchas luces en los techos y muchos aparatos por todos lados. Cambio de camilla, me pongo boca abajo y mi glorioso culo queda expuesto a la mirada de la cirujana que me explora, llama a otro cirujano que hace lo mismo. Tocan un bulto que me molesta y un hueso que duele mucho. Deciden que no van a operar, que el quiste es tan pequeño, que el daño que harán será peor que lo que tengo y que el dolor me lo provoca el coxis que ha crecido afilado y es lo que causa el dolor. 

Entonces me echo a llorar, tengo la impresión de que me están riñendo, les digo que no he llegado hasta ahí por gusto, que lo indicaron los médicos y que siento que hayan perdido su tiempo. Me llevan de nuevo a la habitación y vuelve la amable enfermera a preguntar cómo estoy, y de nuevo me echo a llorar, ella me toma la mano y dice que a veces los médicos no saben explicarse y que no es mi responsabilidad lo que ha sucedido, me quita la vía y dice que va a buscar los papeles con el informe y el alta médica.

Mi madre y mi hermana están hablando con la cirujana que les explica lo mismo que me han dicho a mi allí dentro. Me visto, mi familia vuelve y la enfermera también a traer los papeles, me dice que siente lo que ha sucedido y que mejor que nos veamos por la calle, la abrazo y le doy dos besos, olvidé preguntarle como se llama.

A la salida del hospital con un estado de ánimo cansado, alegre y triste, como en una tragicomedia, compró un cupón y aunque era la hora de almorzar, me tomó un café. El primero del día, me hacía falta.

A pesar de la lentitud en los tiempos y del diagnóstico erróneo solo puedo agradecer una vez más a los trabajadores y las trabajadoras de la sanidad pública por su entrega. A mi familia, amigos y compañeros que han estado pendiente, también. Gracias. 

Y todo esto me ha permitido asistir a la concentración en contra del acuerdo de Unión Europea y Turquía y en solidaridad con los refugiados. Ahora volvemos a empezar con el traumatólogo.

lunes, 7 de marzo de 2016

Apuntes de marzo

Lunes
No recordaba haber visto nunca todas las películas candidatas a los Oscar antes de la ceremonia y menos en Huelva; algo está cambiando en la ciudad. Ganó el Oscar a la mejor película una que habla de periodismo bien hecho y he visto a montones de periodistas que no practican el periodismo que recoge dicha película recomendarla.

Martes
Nunca pensé que ser Europa fuera esto, la indiferencia. Apenas unos miles de personas nos concentramos en ciudades europeas días pasados para pedir vías seguras y acogida a los refugiados. Es lo que tiene la memoria frágil, conocemos la historia pero no la interiorizamos y no todos los lugares son iguales; muchos países tienen memoria y acogen a  refugiados e inmigrantes . Y sí, hacer diferencias entre unos y otros es obsceno, huir del hambre y la persecución por ser diferente también te convierte en persona necesitada de refugio.

Miércoles
Aquí quería poner mis apuntes sobre como veo las redes sociales últimamente, pero me ha quedado largo; si digo que no parecen tan estimulantes y divertidas como antes, a ver qué, lo dejo para otra entrada.

Aunque al hilo de eso, hoy para publicar un libro solo necesitas tener unos miles de seguidores en las redes sociales, no importa que estos tengan faltas de ortografía al escribirles, ni tampoco que el tuitero se pase el día pontificando con razón o sin ella y es muy importante sentirse atacado en su ego, o inventar el ataque, o que escribas mierda. En los próximos días el una famosa tuitera. Pienso en algunos amigos y conocidos, buenos escritores y qué duro les resulta publicar y vender, eso sí, estos tienen lectores exigentes.

Jueves
En la universidad, cuando los bancos y las empresas entran por la puerta, le duración salta por la ventana. Y cuando en unos años veamos las consecuencias, nadie podrá decir que no estábamos avisados.

Viernes
Todos los programas electorales se están cumpliendo, los programas electorales son programas de televisión y ahí están todos o casi, depende de que tengan mucha cuota de pantalla y muchos comentarios en las redes sociales. Dicen que la política se ha convertido en un circo y eso es pervertir las palabras; la función del circo es alegrar la vida de las personas, la de la política es mejorar las vidas de las personas. Luego, la información es otra cosa y el espectáculo, también.

Sábado
Necesitamos comprensión lectora. No se lee, y cuando digo esto me refiero a que no pasamos del titular, damos pábulo a noticias que no son ciertas o matamos a muertos de hace años para ser los primeros en contar la no noticia; a veces resulta enternecedor.

Domingo
He observado fascinada en la prensa del fin de semana, general y cultural, el desfile de periodistas culturales (supuestamente prestigiosos) y de críticos literarios (igual de supuestamente) por la casa de Isabel Preysler para hablar con Mario Vargas Llosa de su última novela. Mis respetos a esa señora.

No he nacido para vivir en este siglo, y no lo digo con tristeza y pesar; lo digo con la seguridad de quien ya lleva vivido más de la mitad de lo que le corresponde y con la alegría de saber ser de otra época, aunque sea a medias y con muchas risas, risas que me producen el observar o el ser mirona.

miércoles, 24 de febrero de 2016

Pedagogía de la bruta

A veces mi jornada de trabajo ofrece posibilidades nunca imaginadas.

Un alumno que quiere hacer una estancia de investigación en una universidad latinoamericana, a ser posible de un país seguro (¡menudo concepto!) y alguien la ha contado de mi estancia en la universidad Austral de Chile, en Valdivia, viene y pregunta; pregunta todo, respondo a todo, le digo que en algunos países latinoamericanos hay muchos españoles y españolas trabajando, que allí nos tratan humanamente mejor que nosotros a ellos aquí  y le animo a irse casi aplaudiéndole.

Una alumna cubana tiene una visa de estancia en España para tres meses, es un visado tipo C. Igual no se entiende pero que un visado sea C o D puede significar que puedas renovarlo en España o no; y el de ella no se puede renovar. Es una buena persona que está acostumbrada a formar parte del aparato vigilante de su trabajo en Cuba y eso a veces la convierte en alguien inaccesible; dan ganas de abrazarla. Ella no entiende porque le han dado una visa de turista (yo tampoco, pero eso es otra triste historia) cuando lo pidió de estudios y porque solo le han dado noventa días cuando la fase presencial del máster finaliza en junio. Con más paciencia de la que tengo habitualmente y tengo mucha, le explico el reglamento de la ley de extranjería, le explico que en embajadas y consulados españoles en el exterior no todas trabajan igual y que no hay una directriz del ministerio de asuntos exteriores que cumplir y que en realidad este gobierno que tenemos da visas limitadas porque no quiere que nadie venga o se quede según de que países sean, no entiende la actitud de los trabajadores de la embajada, yo tampoco. Ella dice que ha escrito al ministerio de educación y que de este le han dicho que se dirija al de asuntos interiores y no entiende porqué; le explico que las visas se otorgan a través del ministerio de asuntos exteriores pero que su gestión depende del ministerio del interior porque es de quien depende la oficina de extranjería; oficina a la que ha ido y le han dicho que su visa no se puede renovar.

Me cuenta que no quiere quedarse ilegal y le explico que ninguna persona se queda ilegal porque ninguna persona es ilegal, que las personas tienen los documentos en regla o no, y que entonces se les podría llamar indocumentadas pero nunca ilegales; que la razón por la que quiere quedarse es para presentar su trabajo fin de máster de manera presencial porque la opción de hacerlo de manera virtual en Cuba es casi inviable, que no existe tecnología para eso, yo, que he estado en Cuba varias veces pienso para mí que sí, que es algo tremendamente complicado. Y no sabe qué decisión tomará, qué si yo podría decirle cómo actuar y le digo que estaría bien que Fidel Castro llamara a Mariano Rajoy y le pidiera el favor, que no veo otra posibilidad, que legal no la hay, ella se declara dispuesta a no rendirse y yo aprovecho para contarle que este gobierno que tenemos es muy racista y que por eso actúan así, que con la excusa de la crisis no quiere que vengan inmigrantes, que de hecho están felices de que seamos los españoles quienes tengamos que emigrar, me dan ganas de abrazarla y le sonrío.

Luego viene C; C es mi alumno de Guinea Ecuatorial (aunque no me gusta el sentido de posesión, le digo mi por la ternura que me produce), a veces lo cruzo por el patio y le digo “no vas a verme ¡umm!", entonces sonríe y dice “ya iré a verte cuando tenga problemas” y aquí está. Cuando llega le pregunto ¿qué problema hay? Me lo cuenta y en realidad no tiene tal problema, ha hecho uno donde no lo hay, se soluciona enseguida. Le pregunto si han salido de viaje algún fin de semana y dice que sí, que el sábado fueron por la noche a Huelva, "¡andando!" le digo y contesta "!no, en bus!" me echo a reír porque él ha pensado que le he preguntado, le cuento que he exclamado, “aún no entiendo muy bien como hablan los andaluces” me suelta. Sonríe y se va, hasta el próximo problema.

A la hora de salir pregunto a una compañera que como lleva una operación en la boca y que si finalmente ha conseguido para esta mejor precio que el primero que le dieron, y sí, lo ha conseguido más barato; mientras otra compañera dice “claro les pagan las operaciones a los mariquitas y no pagan los dentistas”, así que me veo obligada a explicarles que las operaciones que son en la sanidad pública son a personas transexuales porque viven en un cuerpo que no es suyo, que los mariquitas son otra cosa y que me parece muy bien que se puedan operar. Bufa.

Y con esto y un bizcocho, hasta mañana a las ocho.


viernes, 19 de febrero de 2016

Las salas (de espera)

Esta semana he tenido que ir dos días a distintos hospitales de Huelva; la primera cita era el martes por la mañana, debía hacerme una analítica y la cita era a las nueve cincuenta. Como hay que ir en ayunas, salí de casa a las nueve siendo mala persona, compré El País y tome el bus para el hospital, pensando como siempre que si llego antes de la hora, antes acabaré y antes podre irme, nunca es así. Cuando llego hay como setenta personas que han debido pensar lo mismo que yo, las citas van con retraso, entrego mis papeles y encuentro un hueco para sentarme. Saco el periódico, ya nadie lee periódicos ni libros en las esperas, todos miran el teléfono y algunos niños juegan con sus maquinas, suspiro con un poco de tristeza y siento que la rara soy yo.

Hay de todo, mujeres embarazadas, personas mayores, adolescentes, niños como ya he dicho y a pesar de los letreros diciendo que se apague el móvil, a cada momento suena la llegada de mensajes y aún así, conforme pasan los minutos el ruido de las voces se va elevando hasta que llega un momento que una enfermera pide silencio. No entiendo eso de tener que hablar en voz alta, todo el rato, en cualquier lugar.

Me gusta que a los niños que llegan,  la enfermera que los atiende les da un chupahups les endulza la espera y me parece bien, de pronto uno de los niños se echa a llorar, la enfermera no le ha dado el suyo por despiste y el niño le dice a su madre que se lo pida, finalmente se acerca él y vuelve a sentarse feliz. Una hora después salgo del hospital salgo del hospital con menos sangre de la que llevaba al llegar y siendo muy mala persona; la ausencia de café me convierte en eso.

La segunda cita fue el jueves por la tarde en otro hospital, también llego poco antes de la cita con la misma esperanza del día anterior, y no. En esta sala de espera hay menos personas, también ruidosas. Me llama la atención un chico que no levanta la mirada del teléfono ni para responder al saludo, debe ser porque tiene el sonido del mismo puesto para todo el hospital. A mi lado una pareja que todo el rato se coge de las manos y él le pregunta hasta tres veces si está bien allí y si lo quiere, yo creo que están empezando y sonrío.

Más tarde de la hora citada avisan para hacerme un electro, ponen sobre mi cuerpo todos esos parches y esas pinzas de colores que me fascinan y todo sale bien; cuando salgo hay menos personas en la sala de espera pero con más prisas. El chico del teléfono para todo el hospital ni se ha movido, cuando lo hace se da cuenta que quien ha llegado después de él ya han salido, pregunta y le toca.

La siguiente soy yo, una hora después de la de la cita; me atiende un médico muy repeinado, estrecha mi mano al entrar y pregunta y pregunta, una de estas es “¿se levanta usted tosiendo y mal por la mañana?”, no, le respondo, me levanto feliz, y me mira como si no entendiera, quiero decir que aunque a veces cuesta salir de la cama para mí no es especialmente difícil y que tengo más problemas para salir de la modorra de la siesta, cuando hago siesta.

Hay una enfermera también en la consulta. Momentos antes le había preguntado si iba a tardar mucho y ella dijo “¿eres María Victoria?” al responderle que sí ha sonreído, con esas sonrisas que llegan a los ojos, las que son de verdad “ahora vas tú, hay dos personas que no han venido y si vienen, tendrán que esperar” y he podido ver que es guapa a rabiar, que en su rostro destacan los ojos y que parece feliz haciendo su trabajo. Salgo de la consulta y le digo a la enfermera que es guapísima, ella da las gracias y sonríe.

jueves, 11 de febrero de 2016

Últimamente...

"Soy siempre yo misma, ¡pero con seguridad no seré la misma para siempre!" Pensamiento de Clarice Lispector

Sigue habiendo demasiados hombres y mujeres a quienes no les gusta que las mujeres mayores tomen decisiones libremente, que piensen y decidan sin necesidad de que lo hagan por ellas. Últimamente dos noticias relacionadas con las mujeres me han llamado la atención, no soy la única, aunque no ha sido muy comentadas, ya sabemos que hoy lo que prima es la rapidez de la noticia, esperar la siguiente y además estamos inmersos en la apasionante mediocridad de nuestro ombligo, perdón, quería decir nuestro país.

La primera fue una crítica por parte de un conocido periodista  de una televisión estadounidense, Piers Morgan,  sobre lo inapropiado del atuendo de Susan Sarandon  en una entrega de premios. Según este señor la actriz con 69 años iba, con un gran y elegante escote, inapropiada a dicha gala porque ella era una de las participantes en el tributo a David Bowie y el atuendo le parecía frívolo, olvidando que probablemente al homenajeado le hubiera encantado. Ella actúo con mucho amor y días después le tuiteo una foto en sujetador creo que de la película Los Búfalos de Durham.  En realidad lo que molestó a este tipo es que una mujer con esa edad se atreva a lucir los encantos que mantiene, que lo haga con seguridad  y que no se quede encerrada en casa. Qué haga uso de su libertad. Susan Sarandon es justo la mujer que yo querría ser de mayor. Aquí la foto de la Sarandon ese día y una mía, por solidaridad, que tiene su historia; hace unos días me dijeron "con lo bien que estás, soltera, tó lo que ganas es pa ti ¿porqué no te operas pa quitarte esas arrugas?" y mi respuesta fue "porqué no te operas pa no decir tonterías".



La segunda tiene que ver con la campaña electoral estadounidense que yo sigo apasionadamente siempre en esa relación de amor-odio que tengo con los Estados Unidos, en realidad más amor que odio por muchas razones. Como todos sabemos Hillary Clinton es una de las candidatas del partido demócrata en la pelea por la nominación para ser presidenta y que hasta el momento está siendo vapuleada por su contrincante en la contienda, el gran Bernie Sanders; como consecuencia de esto el pasado martes una conocida feminista, Gloria Steinem (de una trayectoria irreprochable), declaró que las chicas jóvenes norteamericanas no apoyan a Hillary porque con Bernie hay muchos chicos y más guapos y por eso hacen campaña con él.

No es que las mujeres estés mejor informadas y capacitadas para reconocer en Sanders una verdadera ideología de izquierda, no; no es que los hombres que siguen a Sanders sean más atractivos intelectualmente, no; es que son guapos y ellas tontas. Y perdonadme que lo dude, porque hasta yo, que soy mujer considero que Bernie Sanders es mejor candidato para los Estados Unidos y para el mundo; porque hasta yo, que soy la más frívola del planeta, pienso que con el trabajazo que tiene una campaña electoral, porque no hacerlo en un ambiente sensual intelectual y físicamente.

Como mujer Hillary Clinton me valdría si cuando su marido le puso los cuernos y todo el planeta lo supo, lo hubiera mandado a la mierda, porque lo que ella hizo fue enviar a las mujeres del mundo un mensaje en el que decía que para mantener tus ambiciones tienes que tolerar que te humillen. Entonces quiere utilizar el género para conseguir voto y mira, no.

Sí por el hecho de ser mujer todas las mujeres tuviéramos que votar a las que se presentan a elecciones nos habríamos visto obligadas a votar a Ángela Merkel, a Esperanza Aguirre, a Susana Díaz o a Rita Barberá y mira, eso tampoco.