domingo, 1 de marzo de 2020

Alabardas como esperanzas.



Para Desiree Reyes, amiga.

Estamos celebrando los 40 años de la publicación de la novela Levantado del suelo, y si bien yo no voy a hablar de esta, es cierto que toda la rabia, la impotencia, la rebeldía que hay en ella, se vuelve una constante en la obra de José Saramago. Si me preguntaran qué identifica, desde mi punto de vista, la obra del escritor, diría sin dudarlo con la rebeldía, el compromiso y la esperanza. Y el buen uso de las palabras, porque las palabras mal usadas, no sirven para nada, no son útiles, ni al escritor, ni al lector, ni a la humanidad.

Y es por esto que pienso que gran parte de la obra de Saramago posterior a Levantado del suelo está impregnada de rebeldía, compromiso y esperanza y Alabardas no es la excepción.

Para empezar esta es una novela inacabada, al menos eso nos dice la faja que acompaña esta edición, una vez leída no estoy tan segura. Quizás es una novela no corregida o no editada, por el uso de las minúsculas en nombres y lugares, pero hasta eso ha de tener su razón de ser y da sentido a esta historia

No quiero con esto desmentir a la editorial, ni a Pilar, ni a la fundación; lo que quiero decir es que, dado que esta novela no tiene el final esperado, quizás podamos los lectores escribirlo, y no en papel, en nuestras vidas. Todas, todos, en algún momento de nuestra existencia, o en muchos, yo tengo épocas de a diario, hemos querido desenmascarar en nuestro lugar de trabajo algo que no nos gusta, que nos crea contradicciones, que nos molesta, algo que a veces ni nos atrevemos a comentar en voz alta, si acaso con nuestras personas más cercanas.

Lo que esta historia inacabada nos viene a contar es como un trabajador de una fábrica de armas, tras ver una película sobre un sabotaje a una bomba en la guerra civil española, se pregunta ¿qué y cuánto tuvo que ver esa empresa en esa guerra? que ha marcado y de qué forma, el devenir actual de nuestro país. Quizás el final de esta novela ya lo sabemos, hoy en día conocemos perfectamente qué papel juegan todas las empresas que fabrican armas y todos los gobiernos que las compran y las venden; las armas matan, lisian, hieren y para eso son creadas, no es cierto el mito de que las armas son para defenderse, las armas siempre son para atacar. “Siempre ha habido guerras y siempre las habrá”, dice Artur Paz Semedo en un tono innecesariamente doctoral, el hombre es un animal guerrero por naturaleza, lo lleva en la masa de la sangre. Y sólo tenemos que echar un vistazo a nuestro alrededor para ver los conflictos armados que existen, quizás ya los conflictos no son tan cruentos (si es que hay alguno que no lo sea), son más sofisticados, las armas también. Un arma no es sólo una pistola, lo es también una depuradora que no llega a un pueblo y sus habitantes mueren envenenados, pero esta es otra historia.

Me gusta, especialmente, de este libro la puerta que nos abre hacia la novela de Andrés Malraux L´Espoir, también a la película del mismo título, es la que desata las dudas de Artur Paz Semedo, que no estando seguro de hacer lo que quiere hacer, recurre a su exmujer (pacifista convicta y confesa), para conseguir los ánimos que le faltan y que logra que el jefe supremo de la fábrica, autorice la investigación en los archivos de la misma durante los años treinta, previos y durante la guerra civil; para ser una novela inacabada, suceden demasiadas cosas.

Y también me gusta que el libro refleja el amor por el cine de José Saramago, las referencias son La gran Ilusión, Ran, El acorazado Potemkin, Apocalyse now, La delgada línea roja, El día más largo, Los cañones de Navarone, Cartas desde Iwo Jima, La batalla de Midway, Destino Tokio, Patton, Pearl Harbor, Las batallas de las Ardenas, Salvar al soldado Ryan, La chaqueta metálica, menuda elección ¿eh?.

Todas estas referencias me llevan a concluir que el autor vio estas películas de manera diferente a como las hemos visto el resto de las personas, las vio de forma que en un momento dado las preguntas que se hizo tras verla necesitaban respuesta y son estas Alabardas. Sirva esta referencia para que volvamos a ver en algún momento estos clásicos del séptimo arte y, bueno, yo no sería yo si no hiciera referencia a él.

En apenas 90 páginas, no sólo conocemos una historia que nos invita a intuir un final, también se deja sentir la soledad, la amabilidad, la educación, el desamor, la dependencia emocional. Encontramos asimismo un breve dietario de los días en los que José quería tener tiempo para escribir.

Escribí este texto antes de leer las aportaciones que han hecho a él Fernando Gómez Aguilera, y Roberto Saviano. Aclaro esto porque cuando leí lo que ellos habían escrito pensé que eso era lo que yo hubiera querido decir, aunque lo digo peor.

Fernando Gómez Aguilera, poeta, ensayista y amigo, nos cuenta, con mucha ternura, como tras publicar Caín, Saramago rescata las notas que tenía para esta historia y como tras Las intermitencias de la muerte y aparecida ya la enfermedad, José buscó refugiarse en la escritura y se preguntaba constantemente si le daría tiempo a escribir todo lo que quería, os invito a leer su aportación porque es muy emocionante y la emoción a veces es una cosa íntima y personal.

Roberto Saviano, escritor italiano que vive escondido desde que destapó a la mafia italiana en Gomorra. No tuvo mucho tiempo para relacionarse con él, pero a veces esto no es necesario si eres lector o lectora de su obra; estoy convencida que el los Artur Paz Semedo que Saviano relata que conoció, son los mismo que conocía Saramago.

En ambas aportaciones hay respeto, admiración, cariño y mucho echar de menos, no son las únicas personas en el mundo a quienes les ocurre, raro es el día en el que, en nuestras conversaciones, nuestras redes sociales o en algún medio de comunicación, alguien pregunta ¿Qué hubiera dicho José Saramago? Y estoy segura que él nos volvería a interpelar, porque eso es lo que hacen sus libros, interpelarse e interpelarnos.

sábado, 25 de enero de 2020

Goya 2020


En España, como en otros países, la temporada de cine parece empezar en septiembre, al menos así se deduce este año de entre las candidaturas a Oscar, Bafta y Goya; lo que viene a significar que se van a premiar a películas de 2019 con apenas un recorrido trimestral en salas y/o plataformas.

Salvo Dolor y gloria, estrenada en marzo y Buñuel en el laberinto de las tortugas, en abril, el resto de las películas nominadas a los Goya 2020 fueron estrenadas después del Festival de San Sebastián que se celebra en el mes de septiembre. Ahí están, dispuesta a llevarse el mayor galardón del cine español, algunas de ellas si haber pasado por las salas de algunas ciudades, de esto habrá que hablar en algún momento también.

Entre enero y diciembre se estrenaron en España casi cien películas de lo que podemos definir como cine español, de todos los géneros, con todas las temáticas, de mejor y peor calidad, para todos los públicos o públicos selectos, vamos, como en muchos otros lugares.

Yo no he conseguido ver todas estas películas, algunas por decisión propia y otras porque no han llegado a la ciudad donde vivo ni tan siquiera a una cercana, aunque sí he visto algunas que merecerían, como poco, alguna nominación y no la han recibido.  Aquí todas las nominaciones

Entre las que no han recibido nominación y creo que deberían, que deberían ser vistas en otros países y no lo son, están:

70 Binladens, de Koldo Serra, una tragicomedia de supervivencia vital con mucho humor negro y un reparto a la altura. (Se puede ver en Filmin).

Lo dejo cuando quiera, de Carlos Theron, una de las películas más taquilleras del año, una farsa sobre la realidad del triunfo con un reparto en estado de gracia.

Sordo, la razón por la que decidí ir a ver esta película es que en ella trabajan dos de mis actores favoritos, fue más una cuestión de alegrarme la vista que la vida y me equivoqué, no sólo no me alegró la vida, tampoco la vista; una inesperada historia de la posguerra civil española en la que los sentidos de los protagonistas dan sentido a la historia, una película con sabor a western bien hecha.

¿A quién te llevarías a una isla desierta?, segunda y sobresaliente película de Jota Linares, después de su estupenda Animales si collar, sobre los cambios en la etapa de juventud de un grupo de amigos entre excesos y nostalgias. (Se puede ver en Netflix).

Elisa y Marcela, de Isabel Coixet, quizás no es lo que se esperaba de esta directora tras su éxito con La librería, a ella se la ama o se la detesta, lo mismo ocurre con esta historia, que yo considero que era necesaria de hacer para contar una historia de amor entre mujeres en otro tiempo que no es este de ahora. (Se puede ver en Netflix).

Litus, de Dani de la Orden, podría parecernos que es una película que ya hemos visto otras veces, por lo que cuenta, amigos que se reencuentran tras la muerte de uno de ellos, y no, aquí nos cuentan que la vida es difícil a veces, y lo hace dejándonos ver los matices y con un buen reparto, encabezado por la omnipresente este año, Belén Cuesta. (Se puede ver en Prime Video).

Diecisiete, de Daniel Sánchez Arévalo; tengo debilidad por esta película, la recomiendo y la recomiendo por ser una historia que te reconcilia con la vida desde una perspectiva posible de suceder, hay que atrapar toda la ternura que esta película relata; mención aparte merecen sus dos protagonistas, Biel Montoro y Nacho Sánchez, pareciera que han nacido para estos papeles. (Se puede ver en Netflix).

Las dos siguientes las he visto, y me han gustado tanto que raya con el me han encantado y por lo tanto me resulta del todo incompresible que no estén llenas de nominaciones a los Goya.

Quien a hierro mata, de Paco Plaza. No soy muy admiradora del cine de este director, su género habitual es el terror y no es de mis favoritos (ojalá el cine sepa perdonarme este trastorno). Esta película es una historia sobre el narcotráfico gallego, no es la primera con esta temática, lo que la diferencia es que no es una más, es una historia sobre las personas que pueblan ese mundo, personas que podríamos ser nosotros, hasta que la maldad nos delata; imposible parpadear y hasta respirar durante las casi dos horas que dura la película. (Se puede ver en Filmin).

Como era imposible ignorarlos, han nominado a mejor actor a su protagonista, Luis Tosar y como actor revelación a Enric Auque, que los está ganando todo en los galardones previos a la gran cita.
Los días que vendrán, de Carlos Marqus- Marcet, quien nos deslumbró en 2014 con 10.000 KM, y que aquí nos cuenta en tiempo real un embarazo, que llega de manera inesperada y una vez asumido, lo cuenta con todas sus vicisitudes, alegría, pesares, con una veracidad que conmueve y te arrastra; es una película bellísima, sincera, muy bien narrada, muy bien interpretada, y por lo tanto muy bien dirigida. Ha resultado ser la ganadora a mejor película del año en los Premios Gaudí, así como la actriz protagonista, lo que hace más incomprensible aún su ausencia en los Goya, se puede ver en Filmin.

De entre las nominadas a mejor película he visto Dolor y gloria, Mientras dure la guerra, La trinchera infinita e Intemperie, no he conseguido ver O que arde, por las razones que expuse más arriba.

Dolor y gloria, de Pedro Almodóvar; ha sido un éxito de público, crítica y nominaciones, es mi película favorita para llevarse el premio, por ser maravillosa, por ser honesta, por estar bien escrita, por estar muy bien protagonizada, porque su historia nos ha conmovido, porque hace que el nombre de España se escuche en muchos lugares más allá de nuestras fronteras y eso nos ha vuelto a instalar en la modernidad, porque nos ha traído de vuelta a un pedro Almodóvar excepcionalmente humano, aunque esto tampoco sé si hay quien no lo sabrá perdonar.

Mientras dure la guerra, de Alejandro Amenábar; también ha sido un éxito de público, más aún porque nadie esperaba que lo fuera, cuanto más han llamado sectores de ultraderecha a boicotearla, más público ha ido a las salas y, lo que es más increíble, más ejemplares de la obra de Miguel de Unamuno se han vendido en librerías. Los actores, en especial Karra Elejalde y Santi Prego en el papel de Franco dejando entrever toda su maldad, brillan, todos y todas.

Es posible que esta película no se entienda fuera de España, aquí ha demostrado ser útil y necesaria.
La trinchera infinita, de Aitor Arregui, Jon Garaño y Jose Mari Goenaga; estos tres directores nos están acostumbrando a la sorpresa cinematográfica de la temporada, sus anteriores trabajos Loreak y Handia, junto con esta trinchera, lo demuestra. Esta es una historia de amor, de dolor, de renuncias, de silencios, de oscuridad. Sobre todo, de amor, el que ayuda a soportar lo insoportable, a respirar lo irrespirable; la película te atrapa desde los primeros y, a pesar de su duración, no se hace larga porque necesitas que llegue el final, necesitamos saber qué pasó, aun cuando ya sabemos qué fue, forma parte de la historia de nuestro país, la historia que corría de boca en boca por los pueblos, el mío entre ellos, y que ahora muchas personas han conocido y reconocido, es yo diría, imprescindible de ver.

Está casi íntegramente rodada en Huelva, en escenarios naturales que siguen existiendo, uno de sus protagonistas, también nominado a mejor actor revelación, es nacido en Paterna del Campo, y uno de los productores de la película, Manuel H. Martín, es onubense, lo que convierte a esta película en muy cercana a nosotros.

Intemperie, de Benito Zambrano; desde su primera película, Solas, este directo nunca ha abandonado la idea de convertir el cine en un vehículo para contar historias que lo sitúan muy claramente en un lado de la vida, el de quien está contra las injusticias y las denuncia a través del cine; eso sucede con Intemperie, basada en una novela magistralmente escrita por Jesús Carrasco, y que una vez leída, con dolor, ya no se va de ti. Es la historia de un niño que huye de una finca andaluza donde los dueños ejercen todos los derechos posibles, el de pernada, el de no pagar a los trabajadores, el de abusar de niños y niñas, en fin, del infierno en la tierra hasta que aparece una buena persona, que siempre existe para rescatarnos. Sólo por ver los escenarios naturales donde está rodada la historia (los secarrales de Orce, Galera y Castril en Granada), merece la pena disfrutar la película, el paisaje es un protagonista más. Es una maravillosa historia hecha western, con unos actores impecables, desde el más protagónico al menos. No suelen salir bien las adaptaciones cinematográficas de novelas, en este caso se consigue y de manera sobresaliente. Si esta película se lleva el Goya yo sería muy feliz.

O que arde, de Oliver Laxe; no puedo hablar de esta historia porque no he tenido la posibilidad de verla y bien que lo siento. Puedo y debo destacar que ganó en Cannes en premio del Jurado de un Certain Regard, que acaba de ganar el Premio Gaudí a mejor película europea y que tiene numerosas nominaciones en distintos premios, si por algo me gustaría que ganara, es para que la estrenaran en muchos cines y poder verla en pantalla grande.

Bonus:
Buñuel en el laberinto de las tortugas, de Salvador Simó, esta magnífica película de animación nos cuenta la historia del rodaje de Las Hurdes tierra sin pan, si no conoces la obra de Luis Buñuel esta cinta te ayudará a adentrarte en ella, sí la conoces disfrutarás mucho lo que aquí cuentan. Una joya cinematográfica que sólo tiene una nominación a mejor director novel, mejor película de animación, mejor guion adaptado y mejor música original; ojalá se gane todo.

No me queda mucho espacio para hablar de todas las categorías, ya quisiera, mientras, podemos jugar a apostar y divertirnos. Dicho todo esto, me extendería en otras candidaturas y en otras apuestas, pero entonces esto sería una novela por entregas; la suerte está echada y sólo queda esperar que gané la mejor película que no siempre coincide con la mejor dirección, tampoco con la más taquillera, así es la magia del cine.

Y, un deseo, ojalá poder ver muchas películas más películas españolas y latinoamericanas en las salas de cine de España. El día que, como país, tomemos conciencia que el cine es una industria más allá de la frivolidad que se le supone, habremos dado un gran paso adelante.

Bravo por el Goya de honor a Pepa Flores.

Más cine, por favor.

martes, 26 de noviembre de 2019

¿Para qué sirve un festival de cine?

Para la alegría.

"Se nota mucho que la gente está feliz y contenta, se nota mucho que acogen bien aquí en Huelva, así que habrá que volver", Sergi López en la presentación de su película La inocencia.

El Festival de Huelva Cine Iberoamericano de Huelva llegó este año a la 45 edición y lo bueno de haber tenido distancia es tener una mejor perspectiva. ¡Feliz cumpleaños!

Celebrar este cumpleaños es, no sólo una fiesta, es una manera de decir, aquí seguimos, estamos, nos quedamos y dejadme deciros que considero a la cultura necesaria, vital y esencial para seguir viviendo en estos tiempos de aceleración, medias verdades y urgencias en los que estamos inmersos.

Por eso es un orgullo que el festival y quienes lo hacen, desde patronos a trabajadores, importantes estos últimos que trabajan durante todo el año de una manera silenciosa y constante, mantengan con responsabilidad la férrea voluntad de mantener puentes con una Iberoamérica que el resto del año nos parece lejana e inalcanzable.

Porque el festival no es más que el punto de encuentro que recoge el fruto del trabajo de un año y un punto de partida para trabajar en la edición que vendrá, y conviene no olvidar, que mientras aquí, a veces, es tratado con indiferencia al otro lado del río lo viven como una posibilidad y una esperanza.

Este año hemos podido ver historias de Perú, como país invitado, México, Argentina, República Dominicana, Guatemala, Colombia, España y Cuba, películas, cortos, documentales, historias que han reunido a más personas auténticas de esos países que la próxima cumbre sobre el cambio climático que se va a celebrar en Madrid y mucho más reales sobre la vida en esos países.

El festival de Huelva Cine Iberoamericano es un lugar donde las personas vienen para quedarse, ya sabemos que Huelva es un lugar al que resulta difícil llegar, pero al que siempre queremos volver, y cuando digo quedarse, es literal, hay directores que vinieron una vez, se enamoraron, se casaron, tuvieron hijos y aquí siguen entre nosotros, hay jurados que una vez que lo han sido, vuelven los años siguientes solo para poder disfrutar de películas, de citas, de paseos, de la gente, del calor y la luz de nuestra ciudad, hay directores que presentan una película, año sí, y año también, hay actores que vienen dos veces y luego son candidatos al Oscar al mejor actor, como nuestro amigo mexicano Demián Bichir, hay películas que siendo estrenadas en nuestro festival luego consiguen premios en otros festivales, hay películas que luego ganan premios Goya, hay películas que vienen al festival después de haber nacido en encuentros en este festival y así podría seguir dando argumentos para justificar un festival como este.

Hay Festival de Huelva Cine Iberoamericano porque hay películas y hay películas porque hay historias, y hay historias porque hay vida, creatividad, ilusión, trabajo, tesón, constancia. Y porque en tiempos de crisis políticas, económicas y  morales, apostar por la cultura es apostar por el futuro, por la educación, por la esperanza.

Los onubenses llevan, llevamos años apostando por  su festival (este año yo no he podido disfrutarlo mucho) y por esto me han llegado fotos y avisos de amigas y amigos que me decían las sesiones que se había llenado, quitando las de concurso, al menos en dos de la Sección Panorama puedo dar testimonio de sala llena y no hay más que ver las cifras de taquilla de estos últimos años.

Sería importante que los patronos tuvieran este detalle en cuenta de cara a un futuro donde el festival debe ser la apuesta cultural, turística y económica de Huelva y provincia. No es de recibo cuestionar un festival que en los últimos cuatro años ha ido a más, tras los años de incertidumbre, ni es suficiente asistir a la presentación y a las galas, hacerse  las fotos y salir corriendo hasta el próximo año.

El festival necesita un personal que trabaje en él todo el año, además del director, una estabilidad económica, porque ¿quién lo diría? la cultura es una inversión y la inversión es dinero que luego vuelve a la ciudad durante la semana de celebración, necesita una presencia constante en las redes sociales y en los medios de comunicación, tal y como hacen otros festivales; en resumen, es necesario trabajar todos en la misma dirección, que no es otra que el festival siga cumpliendo años, cuántos más, mejor para todos.

Y llegado este punto, hay que felicitar al festival este año por varias cosas; la primera de ellas es haber tenido en competición oficial a cuatro directoras, exactamente la mitad, cuatro mujeres que quizás han presentado los proyectos cinematográficos más arriesgados en esta edición, buena prueba de ello es la peruana Melina León que se ha alzado con el Colón de oro al mejor largometraje, por la estupenda Canción sin nombre.

En líneas generales, la presencia de mujeres directoras, productoras, montadoras, realizadoras, ha sido muy importante este año, y qué bien, no es más que un reflejo de la realidad. Mención especial, desde mi punto de vista, merece la película Pólvora en el corazón, dirigida por la guatemalteca Camila Urrutia, que muestra abiertamente a dos mujeres lesbianas en Guatemala y que retrata la violencia machista que a diario padecen las mujeres en ese país; esta historia, que por esto mismo ya merece ser tenida en cuenta, ha llevado a sus dos protagonistas femeninas, Andrea Henry y Vanessa Hernández a ganar el Colón de plata a mejor actriz.

La segunda es por la elección de las personas galardonadas, mención expresa al director peruano Francisco Lombardi, que ya ha estado otras veces en Huelva, y se mostraba encantado de volver y nosotros felices de que haya vuelto y con él, un ciclo de cine hecho en Perú con películas como Retablo y Wiñaypacha que están acaparando premios y nominaciones en festivales y entregas de premios en todo mundo. También Leticia Dolera, que nos dijo que somos un festival que desde hace muchos años ha sabido ver los puentes que nos unen con Iberoamérica, Juana Acosta, reafirmando los vínculos de Colombia con España y su cultura y Marta Velasco.

La tercera, por todo lo demás, la estupenda sección Panorama con las mejores películas vistas en distintos festivales, la sección Fantaterror Iberoamericano y ¿cómo no? el humor en la sección Comedia Iberoamericana, que estamos necesitados de risas. Los distintos eventos y actos, las mesas redondas con participación de estudiantes, la asistencia de los colegios para que empiecen a amar el cine desde pequeños, los encuentros entre profesionales del sector.

Y la cuarta, el pedazo de equipo humano que tiene el festival, encabezado por su director, Manuel H. Martín, no conozco a nadie que venga o pase por el festival que no tenga una palabra de agradecimiento, reconocimiento y cariño, que es lo más importante, porque es lo que deja huella*.

El Festival de Huelva Cine Iberoamericano es una inversión, en cultura, en turismo, en educación, en trabajo; es un lugar que sirve para encontrarnos y reconocernos, para construir puentes con Iberoamérica en un tiempo que hay quien quiere construir muros.

¿Para qué sirve un festival de cine? Para ver películas que de otra manera no podríamos ver, para hacer cultura, para promocionar a la ciudad, para generar empleo, para ampliar horizontes, para poner en valor la palabra hermandad entre España y América Latina, para querernos y para disfrutar.

*En un tiempo en que quien no se anuncia, no se vende, ver en redes sociales a directores, directoras, actores, actrices, que probablemente no conozcamos aquí pero tienen miles de seguidores, una foto de Huelva es una publicidad impagable, y cuanto antes entendamos esto, mejor será, para el festival y para la ciudad.

Pd 1.: Al no poder estar en el festival he podido seguirlo por las redes sociales, dejo algunos ejemplos de lo que he podido ver y que me han hecho sentir orgullo.

Pd 2.: El director del festival ha hecho hoy un balance de la edición El Festival de Huelva se consolida con más público y mayor presencia en los medios de comunicación

Pd 3.: El programa Días de Cine de Radio Televisión Española nos ve así Dias De Cine nos ofrece el resumen más completo del 45 Festival de Huelva de Cine Iberoamericano y qué bonito.


Piropos al festival
Piropos a la ciudad, definida como tropicaóotica
La alegría de estar en Huelva y en el festival de Camila Urrutia
Armond Cohen, director de la mexicana Souvenir siendo feliz
Director y protagonistas de Yo adolescente


Presentación de El Proeccionista
Andrea Henry, protagonista de Pólvora en el corazón piropeando a la ciudad
Pólvora en el corazón mostrando sus premios
Vanessa Hernández, actriz de Pólvora en el corazón charlando con un espectador

martes, 1 de octubre de 2019

Feliz cumpleaños, Pedro


Días pasados comentaba con un amigo, con el que hablo e intercambio mucho de cine, el discurso que Lucrecia Martel dedicó a a Pedro Almodóvar con  motivo de la entrega del León de honor en la pasada edición de la Mostra de Venecia. El primer comentario fue el protagonismo que parecía haber querido tener ella, que es una gran directora de películas para minorías y que yo justifiqué diciendo que Lucrecia es así, casi tímida; al final los dos concluimos que ese gran y emotivo discurso lo habríamos firmado sin contemplaciones, fueron palabras de amor, de reconocimiento, de respeto, de admiración, de deuda saldada, algo que no parece habitual.

Luego la conversación derivó por mi parte a comentar qué a ver que sucedía en la próxima entrega de los Premios Goya del cine español con su última película Dolor y Gloria, mi amigo me preguntó que si había algo más que fuera destacable y respondí, que a la espera de Alejandro Amenábar, poco más, que este año ha sido un año de pocas películas españolas destacadas y no sólo en España, ha sido un año de poca cosa a nivel mundial, salvo muchos superhéroes; él me confesó que estaba viendo películas de los años setenta, yo por mi parte confesé que me resultaba escandalosa la ausencia de otros géneros, sobre todo películas de amor con su sexo correspondiente. Y aquí también estuvimos de acuerdo.

Volvamos al principio: Pedro Almodóvar.

Pedro Almodóvar celebra este mes su setenta cumpleaños, setenta años por los que además de felicitarlo, debemos felicitarnos, sus millones de espectadores y admiradores en el mundo en general y los españoles en particular.

Almodóvar no nació director, ni escritor, ni compositor, ni fotógrafo, ni pintor; nació en La Mancha más profunda, que es como la Andalucía más profunda pero en Castilla. Sus padres eran campesinos con poco contacto con la cultura en la España gris de aquellos años, de más está decir a estas alturas que Pedro se crió en un matriarcado, la presencia e influencia de su madre la conocemos por demás, en su vida y en sus películas. Con apenas estudios de bachillerato se fue a Madrid en los albores del final de la dictadura y empezó a observar y empaparse de lo que veía a su alrededor, todo lo que no se veía a simple vista y todo lo que sólo ve quien sabe mirar. Una larga estancia de trabajo en telefónica, su pasión por el cine y los libros y el encuentro, coincidiendo con los primeros acordes de la famosa movida madrileña, con personas que dieron los mejores y (quizás los peores, por las drogas y el Sida) aires de libertad con los que soñábamos.

No me voy a extender más en estos detalles que están al alcance de cualquiera hoy en día.

Lo que yo siento es que Pedro Almodóvar es un director de cine excepcional hecho por la intuición, un director que sí sabe rodar películas de amor, de todas las clases de amor, heterosexual, homosexual, bisexual, maternal, fraternal, no hay universo de amor que él no haya explorado. Lo que yo siento es que Pedro Almodóvar con su cine, nos puso a los españoles a las españolas frente a un espejo, de manera crítica, divertida, bizarra, alegra, sucia, antigua y que todo eso en su cine nos llevó a la modernidad. Nos convirtió en un país moderno, nos colocó en el mundo cultural, más allá de nuestras fronteras, cómo nunca habíamos estado. Nos hizo un país que estaba superando sus traumas, sus vergüenzas, su desfase tras cuarenta años de dictadura.

Y nos volvió sentimentales, nos libró de los hombres duros y de las mujeres sumisas, nos sacudió la caspa y la podredumbre moral, nos quitó prejuicios éticos, morales y sexuales. Nos hizo sentir libres, quizás como nunca volveremos a serlo.

Y el Almodóvar que nos dio todo eso, de pronto pareció instalarse en una atalaya inalcanzable, parecía estar siempre enfadado, que siempre miraba por encima del hombro, que estaba por encima del bien y del mal; mientras, rodaba y rodaba, una película tras otra, hasta veintiuna, en muchas de las cuáles también ha sido guionista y actor; unas obras maestras, otras no tanto, unas muy buenas, otras no tanto, algunas buenas, otras no tanto. Películas que yo esperaba y espero siempre como si me fuera la vida en verlas.

Podría yo decir que siento que una parte de este país (España) ha sido muy injusto, desagradecido, envidioso y hasta grosero con Pedro Almodóvar, pero no lo siento, lo sé, sé que ha sido así. Mientras su trabajo, su talento, su tesón eran reconocido en el resto del mundo (Hollywood, Cannes, Venecia, Londres), la mitad de España se convertía en la malvada madrastra ninguneándolo, negándolo y hasta despreciándolo. A él, que nunca ha querido vivir fuera de España, que nunca ha querido dirigir fuera de España, que siempre rueda y agradece premios en español; hasta los premios Goya se le resistieron muchos años, como si gran parte de la profesión tuviera complejo, celos, envidia o vayan ustedes a saber qué. Lo más fácil era llamarlo soberbio, altanero, prepotente, maricón, todas esas cosas que dicen las personas mediocres y los patriotas de banderín de plástico.

Porque no hay una sola película de Almodóvar que no retrate a España, en lo bueno y en lo malo, en lo zafio y en lo sublime, en lo terrible y en lo encantador, en las mazmorras y en los palacios; y si esto no es amor, no sé que puede serlo.

Yo, que soy una sentimental y muy fan, todo hay que decirlo, sentía en mi interior que a Pedro le dolía esa actitud de la media España y se encerró en si mismo, siempre sin dejar de crear, lo que habla mucho y bien de él.

Hasta que llegó Dolor y Gloria, esa maravillosa película que no esperábamos, nadie sabe nunca que esperar después de la última. Y seamos honestos, nadie esperaba que Dolor y Gloria nos devolviera, nos ofreciera, nos regalara un ejercicio personal y cinematográfico de honestidad tan enorme, como si fuera consciente de su encierro y lejanía y quisiera disculparse y celebrar con nosotros, también es humano. La mitad de España que detesta a Pedro Almodóvar tampoco la esperaba, de ahí su desconcierto y hasta su silencio, que a mi se me antoja reconocimiento.

Qué película tan emocionante, tan completa, tan luminosa. Dolor y Gloria es Pedro Almodóvar con sus grandezas y sus miserias, como España, esa que él retrata tan bien y que (volviendo al inicio) deseo y espero que en la próxima edición de los premios Goya sea reconocida (ya lo ha sido en el pasado festival de Cannes y preseleccionada para representarnos en los Oscar); es una de las mejores película del cine español en lo que va de siglo veintiuno y se merece todo lo bueno que ya ha recogido y lo que le depare el futuro.

En unos momentos en los que este país y el mundo parece que vuelve a oscurecer, Almodóvar nos vuelve a iluminar. Feliz cumpleaños, Pedro. Y gracias, por todo.

El enlace al texto, aquí Feliz cumpleaños, Pedro

Y la dirección de la revista, aquí: Sensacine México

martes, 28 de mayo de 2019

Releyendo Ensayo sobre la lucidez

"...los electores, esos que son los supremos valedores de la democracia...", Ensayo sobre la lucidez

No sé y no recuerdo cuando empecé a leer a Saramago ni tampoco que me llevó a él, probablemente mi madre, a la que siempre he visto leer. Puede que también lo primero que leyera de él fuera una entrevista o un artículo de opinión, de cualquier modo, sea lo que sea, me ha traído hasta aquí como a vosotros y vosotras.

Mi novela favorita de José Saramago es Memorial del Convento, he disfrutado mucho con La balsa de piedra, el año de la muerte de Ricardo Reis, El evangelio según Jesucristo, ensayo sobre la ceguera, viaje a Portugal, levantado del suelo, el viaje del elefante, Claraboya, Las pequeñas memorias  y sobre todo me he reído mucho con Las intermitencias de la muerte, hay alguna que no he podido terminar y no pasa nada, como él mismo me dijo un día, si una novela no te gusta, no estás obligada a leerla, hay mucho más siempre por leer.

La que no he citado hasta el momento es Ensayo sobre la lucidez, y es que es esta, la que se ha convertido en mi novela de cabecera o de referencia vital e intelectual; es a la que siempre recurro en tiempos de turbulencias e incertidumbres políticas y electorales y en los últimos años estamos teniendo de ambas, tanto en nuestros países como en los de otros lugares del mundo, la entrada de la ultraderecha en gobiernos y/o parlamentos del mundo, con los terribles resultados de sus políticas que ya vamos conociendo.

Es la novela que más recomiendo siempre de José, por reveladora, por la misma lucidez.

Esta novela, que fue publicada en 2004, mucho antes de que la crisis se hiciera palpable, se desarrolla en un país que podría ser cualquiera de los que conocemos, me impactó la primera vez que la leí, fue como una revelación, como una respuesta a todas esas preguntas que una siempre se hace en su cabeza ¿qué podemos hacer?, ¿cómo nos podemos organizar, seremos capaces alguna vez? Seguido de un, ojalá en muchos países las población se organizara para dar un vuelco a las elecciones que sería dar un vuelco al sistema. Como Saramago repetía muchas veces en los últimos tiempos, no nos hemos enfrentado, no nos estamos enfrentando a una crisis económica, sino a una crisis moral, que es la que de verdad corrompe.

Y por esto, los protagonistas de la novela  están todos en una nueva tesitura, la ciudadanía y el gobierno con todos los estamentos a su cargo; una vez conocido el resultado de las elecciones la única respuesta de los gobernantes y los partidos cómplices del sistema es hacer uso del miedo,  la desinformación, la mentira, el terrorismo de estado, porque siguen sin ver más allá de sus narices, presos de su ceguera y sus propios miedos.

Desde mi punto de vista, la novela plantea una forma inédita de rebeldía, los gobiernos quieren que los ciudadanos seamos sólo votantes y pagantes y el resto del tiempo, súbditos; votantes de sus programas políticos, pagantes de los desastres que causan las políticas que llevan a cabo para favorecer a los de siempre que son quienes en realidad manda; súbditos para ver, oír y callar.
Mientras, el gobierno no se da cuenta que el pueblo ha perdido el miedo, nada les asusta, a tal extremo que durante el estado de excepción no se produce ni un delito, nada de violencia, solo una tensa calma.

Yo creo que lo que plantea esta novela es una rebeldía, como un estado más o menos permanente, que una revolución, dado que el tiempo ha demostrado que los revolucionarios una vez instalados en el poder dejan de ser revolucionarios. Una rebeldía que consista en que la ciudadanía estará vigilante una vez que hayan pasado las elecciones. Podría parecer que el libro lo que pone en cuestión la democracia, de hecho, muchas veces le preguntaron a José por esto mismo, en cambio, a mi parece una historia que de ser llevada a la realidad solo podría llevar a una más y mejor democracia.

Al igual que en ensayo sobre la ceguera, algunos de cuyos personajes transitan por este Ensayo sobre la lucidez, una puede caer en la tentación de dejarse arrastrar por la desesperanza y el desasosiego; leída una segunda vez parece más esperanzadora, “la esperanza es como la sal, no alimenta, pero da sabor al pan” dice uno de los personajes y nos muestra que otro mundo es posible, no fácil, posible, si todos sabemos sumar frente al poder manipulador, corrupto y ciego. Y que seamos los ciudadanos, las ciudadanas, los dueños y las dueñas de nuestro propio destino.

viernes, 17 de mayo de 2019

La salud, el dinero y el amor

Durante este mes de mayo mi familia hemos pasado diez días en el Hospital público Juan Ramón Jiménez de Huelva; a mi hermano más pequeño, Paquito (sí, sé que suena raro con cuarenta y cuatro años) le dio un infarto y era el mejor lugar para estar.

Desde el primer momento la atención fue extraordinaria, cosa por otro lado habitual en la sanidad pública, a pesar de la mala gestión de los gobiernos, de la mala gestión de los gestores de hospitales, de los recortes, de las restricciones, desde la primera hasta la última persona que allí trabajan está entregada a la tarea de salvar vidas (casi siempre), traer vidas, mantener vidas, componer la vida que se descompone.

Normalmente pienso que a quienes trabajamos en la administración nos pagan por hacer nuestro trabajo bien y no necesitamos ningún extra; la verdad es que hay una íntima satisfacción cuando alguien agradece tu trabajo de forma personal, con una sonrisa, con un apretón de manos y hasta con un detalle, sé bien lo que es eso, he sido afortunada en detalles generosos. Es por eso que no puedo, ni quiero, ni debo hacer otra cosa que agradecer el trato exquisito hacia mi hermano y hacia mi familia, gracias más amplias e infinitas porque soy consciente de la complicada situación en la que encuentra la sanidad pública en Andalucía.

Luego está la vertiente humana de los hospitales, las salas de espera, los pasillos, el bar los alrededores, es otro mundo y en este mundo los familiares se miran y se reconocen en el dolor, en la incertidumbre, en la esperanza, en la alegría. se comparten comidas, cafés, caramelos, gominolas, se crean lazos que son duraderos durante la estancia, pocos se mantienen fuera, pero eso forma parte de la normalidad, una vez fuera del hospital, la vida sigue.

El cambio más profundo que he sentido con respectos a otros años de hospitales (y he pasado muchas noches en ellos), es el teléfono móvil, ese artilugio que nos da tanta alegría usar y que a veces se convierte en pesadilla. Tal cual.

Están las personas que hablan gritando, tanto que no necesitarían ese teléfono, por otra parte, es asombroso la manera en se ventilan las intimidades sin pudor, madre mía que historias se podría escribir allí; están las que tienen como tonos de llamada una orquesta cantando para todo el pueblo, por el volumen; están las reciben mensajes de voz y los escuchamos todos, también quienes reciben vídeos, que también vemos todos, y por último, los juegos, están quienes juegan y el sonido es el de la fórmula 1 en Jerez de la Frontera; y si esto es molesto para mí, no puedo imaginar lo que debe significar para una persona que esté enferma.

Y así, entre idas y venidas, os cuento que este año por primera vez en mi ya larga vida de contribuyente me toca pagar impuestos, esto no quiere decir que no pagara antes, es que en balance anual salía que hacienda me devolviera al haberme retenido de más en los impuestos, y este año han cambiado las tornas. No me quejo, de hecho, la retención que hacen en mi nómina mensual es de las más altas porque no tengo hijos, aunque a veces pienso que mantengo a los hijos de otros (aquí debería haber un guiño). Es para mantener, entre otras cosas, la estupenda sanidad pública en España, que los pago con gusto, con placer, con orgullo. 

Gracias a la unidad de cardiología del Hospital Juan Ramón Jiménez, muchas, muchas gracias. Gracias a todas las sanidades públicas, a sus profesionales, todos los días, en todos los lugares, en todos los idiomas. Y larga vida. Salud.

jueves, 25 de abril de 2019

A votar, con alegría compartida


No estoy aceptando las cosas que no puedo cambiar, estoy cambiando las cosas que no puedo aceptar, Angela Davis

El año pasado un programa de radio en el que colaboraba,Plaza Niña, me pidió una reflexión  tras el exitoso 8 de marzo, primero con huelga general y manifestaciones masivas, aquí lo conté Los días después; este año no tenemos programa y nada había pensado sobre lo sucedido, simplemente lo disfruté, pero el próximo domingo hay elecciones generales en España y me parece importante recordar para tener presente a la hora de ir a las urnas.

El mismo día 8 de marzo un amigo me dijo que el feminismo era un desastre, añadiendo que él estaba por la igualdad; temperamental como soy, conseguí frenar y apostar por la pedagogía.

A estas alturas lo que es un desastre es el machismo, sin ambages.

El machismo que en España ha dejado dieciocho víctimas en lo que va del año dos mil diecinueve, la última conocida ayer e incluye a uno de sus hijos, lo que suponen trece huérfanos. El horror, todos los días, en todos los lugares, en todos los idiomas.

El machismo que maltrata, viola (sólo en semana santa han sido tres las violaciones denunciadas), acosa a diario, que discrimina, que niega derechos, todos los días, en todos los lugares, en todos los idiomas.

Y habrá a quien no le guste, de hecho, hay, pero el feminismo ha venido para quedarse, muchas mujeres han dicho, hemos dicho basta. Y no sólo, muchos hombres también lo han dicho y esta es una oportunidad que no vamos a dejar pasar, ni una más.

Fue maravilloso ver ese día a miles de personas en la calle, en mi ciudad, en muchas otras ciudades y pueblos, en todos los lugares, en todos los idiomas, con el mismo objetivo, un mundo donde las mujeres tengan los mismos derechos que los hombres, ni más, ni menos.

Miles de personas de todas las edades, de todas las religiones, de todas las nacionalidades, de casi todas las ideologías. En todos los lugares, en todos los idiomas. Y se puede, ya lo creo que se puede, por lo pronto el permiso de paternidad ha pasado de ser de cinco a ocho semanas desde el pasado 1 de abril, una medida que sin duda contribuye a la conciliación familiar largamente reclamada por el movimiento feminista, así como el decreto que obliga a las empresas a registrar los sueldos por categoría y sexo y la obligación de contar con planes de igualdad en las empresas de más de cincuenta trabajadores.

Este caudal humano que llenó las calles, no puede caer en saco roto ante los retos que tenemos para el presente y el futuro, se lo debemos a quienes fueron feministas cuando estaba prohibido y las generaciones que ya están y las que vendrán.

Mientras tanto, el miedo de los hombres a las mujeres sin miedo ha hecho su aparición y el próximo domingo nos enfrentamos a hombres que nos quieren decir qué hacer con nuestros cuerpos, qué hacer con nuestros vientres, nos quieren quitar derechos que nos ha costado mucho conseguir y leyes que legislan la protección a las víctimas, han empezado a perseguir políticamente a las personas que trabajan en combatir y/o paliar la violencia de género. Piensan que las feministas odiamos a los hombres por la única razón de que ellos odian a las feministas, nos quieren de nuevo en un paso atrás, con leyes que recuerdan a las políticas llevadas a cabo durante la dictadura franquista y no lo haremos ni para tomar impulso. 

Hay cinco candidatos a presidente del gobierno, tampoco esta vez ninguna organización política ha encontrado una mujer que pueda ser candidata, y las hay, ya lo creo que las hay. De estos candidatos, tres, Partido Popular, Ciudadanos y el otro, son modernos para follar y antiguos para legislar. Por eso es importante ir a votar con memoria y con conciencia de nuestros derechos, que son los de todas y todos.

No hay alegría más compartida en el mundo en muchos momentos que la alegría feminista, y compartir es amar. Votemos con alegría, con la alegría del 8M.