sábado, 4 de abril de 2020

Fragilidad (semana tres)


Lo fácil hubiera sido ir de la mano de la queja
embozarnos con la capa del desengaño.
Eso nos hubira dejado menos arañazos.
Eso sería lo fácil.
Lo difícil fue hacerte, dolor, un cuarto propio.
Lo fácil, Carmen Ramos en Las estrellas han hallado otra forma de morir.

El pasado domingo se hizo de noche una hora más tarde, salimos a aplaudir a ventanas y balcones y nos vimos las caras.

Ha llovido y hecho frío toda la semana, como si fuera un invierno largo, solo un día ha salido el sol y pudimos sentirnos afortunados.

Apenas ha comenzado el mes de abril y ya queremos que este año acabe; un amigo, Rubén, decía estos días en twitter "me pregunto si el 31 de diciembre de dos mil veinte habrá gente llorando por el año viejo", no sabría yo predecir nada más allá de saber qué voy a almorzar hoy, pero es una buena reflexión. Apenas hace un par de meses lo que nos horrorizaba eran los incendios de Australia, la locura continua de Trump y un poco la nueva huida de miles de refugiados de Turquía a Grecia.

Pienso mucho en las personas que no tienen tanto bienestar como nosotros, que tienen problemas para llegar a fin de mes, problemas para pagar la luz, problemas para que sus hijos tengan acceso a las plataformas virtuales de sus colegios, todas las mujeres que sufren violencia de género, justo cuando escribo esto escucho un nuevo asesinato, todo lo que estaba mal antes de la pandemia y todo lo que urge arreglar cuando esta acabe.

Hace unos días mi madre me contó que bailaba, todas las mañanas y las tardes, pone un canal musical en la tele y baila, dice que la gimnasia que dan es muy difícil para ella; ante mi asombro, me dice que ella siempre ha bailado mucho, con razón he salido yo tan bailona, le respondo. Además me avisa cuando hay algo en la programación televisiva si sabe que me puede gustar, por ejemplo Españoles por el mundo en Chiapas. No poder ir a verla sigue siendo lo más duro de este tiempo en el terreno personal. Echo de menos sus torrijas estos días.

Estamos viviendo unos nuevos tiempos con respecto a las relaciones familiares, nadie estaba acostumbrado a pasar las veinticuatro horas del día juntos, las personas mayores no estaban acostumbradas a pasar tanto tiempo sin salir de casa y las personas que vivimos solas, estamos aprendiendo de nuevas soledades, hubiera sido mejor no tener que hacerlo. Siempre he dicho que soy una urbanita total, me encanta vivir en una ciudad y sus sonidos, cuando me molesta alguno solo espero que pase, por eso este silencio constante es abrumador, lo salva el trinar de los pájaros cada día y los aplausos de la tarde.

Me pregunto qué pensarán los niños de estos días, de esta experiencia con la que no contaban, sé que asisten a sus clases virtuales, que están dibujando mucho, que hacen videollamadas con sus compañeros, pero ¿Qué pensarán? ¿Cómo les va a afectar esto? Nos contaba Che el otro día que su hija Carla (cuatro años) se había despertado en la madrugada, les había cantado una canción de Frozen entera y se había vuelto a dormir.

Esta semana me he de depilado las cejas, sentía que empezaba a parecerme al rey león, no ha quedado mal, creo; no tengo muchas ganas de comer, quizás porque no siento ansiedad, solo tristeza. También he aumentado los kilómetros en la azotea, ya vamos por cuatro; estos días he visto a una pareja en otro edificio abrazándose bajo un rayo de sol, también he descubierto nuevos vecinos, nuevos saludos, nuevas sonrisas, nuevos besos al aire de edificio a edificio. Hablaba con Linda estos días y comentábamos que en este momento nos queda la palabra, y las miradas, añadiría yo.

A veces no tengo ganas de reír, ni de sonreír, hay cosas que ya no me parecen graciosas, otras consiguen arrancarme una sonrisa, muchas veces parecemos estar saturados, hartos, todo normal, vamos aprendiendo a actuar cada día. Pocas cosas me espantan más que la mediocridad, pero ya está muy por encima la maldad, debe ser agotador odiar tanto y desear tanto mal.

Siento que todo empieza a pesar, pesan las cifras diarias de personas fallecidas, las de nuevos ingresos, pesa pensar en la soledad en los hospitales sin que la familia te pueda acompañar, pesa no poder dar a los muertos un entierro digno, pesan los hospitales llenos y desbordados, pesan las personas mayores solas, pesan la tristeza, la angustia, la inquietud, la preocupación por todas las personas que tienen que ir a trabajar porque si no, no hay sustento, el desasosiego. Compensa el esfuerzo ingente de los equipos sanitarios, limpiadoras, cajeras, profesores, transportistas, trabajadores en el campo y en la mar, cuerpos y fuerzas de seguridad del estado, empresas que han puesto su maquinaria al servicio de todos, compensa el trabajo de todas las personas que están en primera línea. Y compensa sobre todo la cifra de altas hospitalarias que cada día son más.

Después de tres semanas trabajando desde casa, ahora tocan unas vacaciones, diferentes, pero vacaciones. Ojalá dormir, sé que no soy la única que duerme mal y poco, quienes padecían insomnio, ahora es peor, quienes no lo conocíamos, llegó el momento. Y las pesadillas, que traen consigo el desvelo.

Nos sigue rescatando en estos días ver a la familia, en la mía, mis sobrinos más pequeños compiten entre sí en leer cuentos y recitar poemas a los amigos de manera virtual; siempre aparece alguien de quien no sabías hace tiempo y qué bonito resulta, nos sigue rescatando los chistes, las risas, las complicidades, nos sigue rescatando las buenas iniciativas solidarias, los cumpleaños feliz en los balcones, la radio con su trabajo diario para hacer más llevadero el encierro, las películas, un día os voy a contar todas las que estoy viendo y los libros, en mi caso, por fin esta semana, los libros me han rescatado. Y cocinar, he hecho bizcochos.

Sé que esta entrada no se siente tan animosa como las anteriores, esta semana ha tenido demasiados altibajos emocionales y poco descanso. Pero se me ha ocurrido que os voy a dejar algunas de las lecturas que más me han gustado, reconfortado, entretenido y hasta enojado estos días, alguna son largas, aviso, aquí van.


El presidente del gobierno nos ha comunicado que se prorroga el estado de alarma dos semanas más. Siguen siendo momentos para cuidar y cuidarnos, para hacer lo que nos dicen, para tener salud, paciencia, empatía y amor. Ánimo, seguimos.

Acabo de saber que ha muerto Luis Eduardo Aute, y qué tristeza, una de sus maravillosas canciones. 




sábado, 28 de marzo de 2020

Fragilidad (semana dos)


"Cuando teníamos las respuestas, nos cambiaron las preguntas", Mario Benedetti


Ya no volveremos a vivir como hacíamos antes, no sé cómo lo haremos, pero no será igual, a veces pienso que ojalá fuera, al menos todo lo bueno que teníamos antes, pero me temo que no.

Esta semana el silencio ha sido más denso, más fuerte, por eso trinan más los pájaros, también cagan más, mi madre me contó que ella les echa pan todos los días en su patio y van a comer, así que ahora yo también hago lo mismo y les dejo pan, limpio el patio casi todos los días.

Seguimos trabajando desde casa, los alumnos siguen en la universidad y yo echo de menos verlos caminar por el patio, ir a preguntar veinte veces lo mismo o que acudan sólo cuando necesitan algo, pienso mucho en ellos, lejos de sus casas, sus familias, la incertidumbre, no lo deben estar pasando bien, ni aquí ni allá.

A veces charlo con mi vecina Raquel cuando ella saca sus perros a pasear, yo desde la ventana ella en la calle, algún día me la cruzo cuando voy a comprar pan y nos hacemos encargos; uno de estos días  le conté que no estaba durmiendo y que no había encontrado tila en el supermercado, ella dijo que tenía algunas infusiones en casa que no usaba y que me las iba a dejar más tarde, así ha sido.

Mi vecina Carmen de casi 90 años y que se maneja en andador salió esta semana con su hija a dar una pequeña vuelta por la acera, de lo contrario Carmen se morirá en la cama de no salir de ella; qué difícil todo esto para las personas mayores, muchas, más de la que pensamos, se han quedado estos días más solas. 

Yo sigo pensando mucho, muchísimo en mi madre, me ha vuelto a decir que no piensa venir a mi casa, esto es cada día más difícil porque el tráfico está más restringido; ella vive frente a una residencia de ancianos que ayer visitó el ejército para desinfectarla, afortunadamente allí todas las personas están bien.

Lo peor con ella ha sido que me contó que había hecho unos roscos para mi sobrino Pablo, ahora me cae mal, mi madre, claro.

Esta semana he llorado más, pero no lo he hecho sola, después de un par de días que había escrito a María Elena, una amiga mexicana, me respondió con unos audios (que yo antes los detestaba y volveré a hacerlo cuando esto pase), muy, muy tristes, llegaron en un día malo para mí, así que yo le respondí a ella llorando también. Le angustia mucho pensar que en su país el sistema sanitario no es tan fuerte como en otros. Ella es profesora de la universidad de Guanajuato, ha estado dando clases hasta esta misma semana, ya no; me contó que le ha dicho a la señora que la ayuda en casa que no vaya, para que no use el transporte público y que le va a mantener su salario durante toda la cuarentena en México para que tenga un ingreso, me parece un gesto muy generoso. Vamos a hacer videollamada este fin de semana.

También hablé con la querida Ximena, me contó que están en una casa con una amiga y su hijo, me envío fotos de Bruno y me hizo feliz verlo tan grande y guapo.

Mi casa en México, Adriana, siempre está ahí, habíamos pensado encontrarnos este año, pero todos los planes para este dos mil veinte han sido desbaratados. 

En uno de mis paseos por la azotea, una señora de un balcón me saludo, le pregunté como estaba, respondió que bien, me preguntó a mí y respondí que, también bien, me tiró besos desde el balcón y se los devolví, terminé llorando. Las emociones están a flor de piel, en todas, en todos.

José Luis Cuesta, a quien conocí en la red social twitter hace años y empezamos a seguirnos, se conmovió mucho al leer la anterior entrada y se ofreció a ayudarme en todo lo que necesite; la realidad es que él es de esas personas que ha tenido que cerrar su negocio estos días, que es autónomo, que tiene una familia, que tiene hipotecas y qeé, a veces, se desespera, con razón. Agradezco mucho sus palabras, mucho, me hicieron llorar y las llevo en el corazón.

De nuevo, qué importante los afectos, los cercanos y los lejanos.

Ahora ya no camino tres kilómetros en la mañana y la tarde, ahora son tres y medio; desde hace una semana mis vecinos del otro bloque no salen, espero que estén bien, no tengo forma de saber. Hay otro vecino que camina, pero eso lo he sabido cuando he subido a recoger ropa. Y en cuanto salió el sol, en otro edificio, una familia subió a su azotea y yo me sentí feliz de verlos jugar con sus padres y escuchar sus risas. En un balcón han puesto feliz cumple a alguien, luego he escuchado que cantaban cumpleaños feliz. La solidaridad es la ternura de los pueblos, dice Gioconda Belli.

He descubierto que tenía unas cremas, carísimas, que me habían regalado y he empezado a usarlas, dicen que ponen la piel tersa, así que ahí estamos, además de pintarme los labios, me pongo cremas a diario, también hidratante en el cuerpo, quizás como una forma de sentir, ahora que no se puede tocar, ni besar, ni abrazar, como si el coronavirus fuera un muro de metacrilato que no nos deja vernos ni manosearnos, que dice el gran Kiko Veneno.

Esta semana ya me puse a limpiar, vivo en una casa pequeña, así que he dedicado un día (no entero) a cada estancia. He avanzado en lo de la lectura, he empezado a leer, sigo viendo películas, casi todas ligeras, aunque también estoy volviendo a ver algunas ya vistas. Por cierto, la querida Lucía Vallellano me invitó a hacer algunas recomendaciones de libros escritos por mujeres en su programa Plaza Niña, os dejo aquí el enlace Literatura para entender mejor el feminismo durante el confinamiento

Mi hermana trabaja en el mercado, así que he ido y he podido verla, es tan reconfortante ver a alguien de la familia en estos días para quienes vivimos solas. He comprado un vermut para compartirlo con mis amigos, sobre todo los de Córdoba, Fidel Toro y Jose, porque es algo que hacemos cuando los visito.

Dos buenas noticias en medio de la oscuridad, dos amigas mías, Estela, enfermera y Raquel, auxiliar de enfermería, que estaban en paro, ha sido llamadas a trabajar, porque son imprescindibles, ellas ya están incorporadas a sus tareas, sin miedo, con precaución y compromiso con la sociedad en este momento. Estoy muy orgullosa de ellas, de su impagable labor y afortunada por tenerlas cerca de mí. 

Cada día llevo peor el lenguaje belicoso que se está usando en la cuarentena, es insoportable, en las guerras se mata y se muere, y en esta situación solo se muere; hay un verdugo y hay víctimas, no hay héroes ni heroínas, hay personas que se están dejando la piel, la vida en algunos casos, el lenguaje debería ser otro, hay muchas personas a las que este lenguaje les hace daño, veamos y pensemos un poco más allá de nosotros mismos.

Esta semana ha habido más personas muertas, más dolor, más personas ingresadas en hospitales, más dolor, también más personas dadas de alta y esto siempre resulta reconfortante, aunque no sea noticia. Es por todas ellas que debemos seguir recogidos en casa, cuidando, cuidándonos, aunque cada vez sea más difícil. Esta pandemia ya es mundial y no tenemos otro planeta, solo este. Sigue la preocupación, la angustia, la inquietud, sobrecoge cada nueva cifra, rompen el alma. Pienso mucho en todas esas personas que no pueden despedirse de sus familiares, es un horror no poder hacerlo, cuanta soledad y cuanto dolor, también se va acumulando, sobre todo en quienes más están sufriendo. Sigue siendo tiempo de paciencia, empatía y amor.

Para la esperanza; mi niña Alejandra me ha dicho que ha comprado un yogur que caduca el 12 de abril, con la ilusión de que el día 13 podamos volver a las calles.

La canción de Kiko Veneno, Echo de menos, para que nos pongamos a bailar, dice mi amiga Desiree, que es alegría, que no nos está permitido el desánimo.








sábado, 21 de marzo de 2020

Fragilidad

"Raro, no digo diferente digo raro
ya no sé si el mundo está al revés
o soy yo yo el que está cabeza abajo". (Fito & Fitipaldis)


Hace una semana todo era normal, ahora todo es raro, veremos en el futuro si diferente.

Ahora todo es silencio, salvo los pájaros que cantan en el patio interior del bloque donde vivo y el sonido del teléfono.

El pasado viernes por la tarde, vísperas del estado de alarma, me escapé furtivamente a comprar colonia, la que uso no es fácil de encontrar y apenas me quedaba un dedo, compré, porque ni en los momentos difíciles hay que perder el glamour.

El sábado me di cuenta que no estaba preparada para una pandemia, pues no tenía chocolate en casa, hasta que recordé que sí.

Muchas personas estamos trabajando desde casa, otras no tienen más opción que ir a trabajar, para cuidarnos, muchas, muchas gracias por hacerlo;  otras por chantaje. Y de ambas cosas tendremos que hablar cuando esto pase.

Se murió la madre de una amiga, ni siquiera ella ha podido velarla, apenas ha pisado el tanatorio para firmar papeles. No hemos podido acompañarla ni abrazarla.

He dejado de pelear con mi madre para que se viniera a mi casa, la idea de que está sola en la suya, me rompe por dentro, ella quiere estar en su casa.

He salido un par de veces a comprar y no deja de sorprenderme lo rápido que nos hemos acostumbrado a distanciarnos físicamente las personas, pareciera que huimos unas de otras.

Los teléfonos tan modernos que tenemos ahora nos están salvando, a través de ellos nos llegan las risas, la información y, lo más importante, porque se ha convertido en vital, el afecto, el cercano y el lejano.

El cercano, la familia, un grupo llamado Mamá y sus increíbles hijos, los amigos en grupos que se llaman Progresía vírica, Comer los lunes, Consejo de gobierno, Doñana y lo que queda, Esa quedada, La primavera; y Mari Carmen, Alejandra, Manuel, Estela, por citar solo algunas personas.

El lejano, Desiree, a menudo me manda memes para hacerme reír. Carlos me envío una foto de un amanecer y Rubén me envía vídeos que le llegan de lo que hacemos los españoles en los balcones. Hablé con mi amiga mexicana Linda y eso me dio mucha emoción porque nos sentimos cerca.

Palabra del año: vídeollamada.

He decidido no estar todo el día pendiente de la información, no es sano, solo información oficial.

Me molesta mucho el lenguaje que se está usando, tenemos que hablar de eso cuando esto acabe.

Me he organizado una rutina de ejercicios físicos, vivo en un bajo, subo las escaleras hasta el tercero y luego camino por la azotea, tres kilómetros en la mañana y tres kilómetros por la tarde; el primer  era yo sola, en días siguientes, dos azoteas más allá, una pareja más mayor que yo, también caminan, no saludamos cuando llegamos y nos despedimos hasta mañana, el primer día que sucedió me dieron ganas de llorar. El ejercicio es por necesidad física y mental, aunque con mis amigas les digo que no voy a salir de esta cuarentena sin tipazo.

En esta rutina, por la mañana, cuando subo hacia la terraza, sale el olor a café por debajo de las puertas, me dan ganas de pedir que me inviten.

Vivo al lado de los bomberos así que oigo perfectamente cuando salen, la sirena en estos días me suena a música celestial, enseguida pienso no, mejor no, no sea que hayan salido por algo grave.

Un amigo que fue operado de un tumor hace unos meses, nos ha comunicado que ha vuelto a aparecer, no sé ni que decir. Le mando abrazos y amor.

Y esta noticia llegó el viernes, que ha sido el peor día de la semana para mí. Lloré mucho, empecé a llorar de risa por algo que vi y terminé llorando como desahogo.

No estoy durmiendo bien por las noches, tengo pesadillas y desvelo. Inquietud, desasosiego, preocupación. Voy tirando de siesta, aunque anoche conseguí hacerlo, supongo que por puro cansancio.

He ido a comprar pan y me he encontrado a mi amigo Alberto en el supermercado, nos hemos sonreído mucho de la alegría y nos hemos tirado besos con las manos enguantadas, hemos quedado para desayunar de manera virtual.

No he leído ninguno de los libros que tengo apilados, tampoco me he puesto como loca a limpiar, no sigo ninguna de las consignas en ese sentido, la única novedad es que desde hace una semana veo una película cada noche, he visto una serie y he empezado a ver otra. Llevo mal hacer todo lo que dictan, así que esta es la única rebeldía que me permite la situación.

Cocino a diario, eso me gusta, aunque he de decir que no tengo más hambre de la habitual, diría que menos.

Mis amigas y amigos se ríen cuando, por vídeo llamada, me ven con los labios pintados, no he dejado de hacerlo, me visto por la mañana como si fuera a ir a trabajar, me pongo cremas, me pinto los labios y me pongo colonia. Lo dicho, no hay que perder el glamour nunca.

Todo esto carece de importancia, es una frivolidad que yo me permito como forma de resistencia. Hay muchas personas que están muriendo, que están muy enfermas, también muchas que están consiguiendo salir adelante. Cuidad mucho, cuidaos mucho, quered mucho, quereos mucho, sed personas pacientes y empáticas y reíd, reíd mucho también. Y saldremos de esta.

Espero no estar perdiendo la locura.

Pd.: Esta canción siempre me pone de buen humor,  Ain´t no Mountain High Enough









domingo, 8 de marzo de 2020

Algún cine y feminismo


Parece que el 8 de marzo, día internacional de la mujer (trabajadora hasta hace poco), de este 2020 está planteado en términos de debate (a veces parece combate) generacional y lingüístico, diría yo; feministas viejas (o mayores) frente a feministas nuevas (jóvenes), y el mundo de la cultura no es ajeno.

Esta es una discusión que viene de largo, antes se daba en las casas, en los bares, en las plazas, en los lugares de trabajo y ahora, además, se amplifica en las redes sociales, que parecen ser el único lugar en el que existimos, pero no es así.

Y el mundo del cine no podía ser ajeno a este momento, el debate está sobre la mesa dentro y fuera de la pantalla, habiendo alcanzado su cenit en la entrega de los premios Cesar del cine francés el pasado fin de semana, de momento.

Si me pongo, más que un texto para Cocalecas, escribiría una tesis o ensayo, así que voy a tratar de sintetizar en tres o cuatro películas recientes que me parece resumen parte de lo que pienso sobre este debate.

Desde el mes de octubre del pasado año que tuvo lugar el estreno de Días de lluvia en Nueva York (Woody Allen), hasta el pasado mes de febrero que se estrenó El escándalo (Jay Roach), pasando por el estreno de El oficial y el espía (Roman Polanski) las pasadas fiestas navideñas, ha habido cuestionamientos globales y personales a quienes las hemos visto, a quienes no, a quienes han pensado hacerlo, en fin, un desmadre irrespetuoso con las decisiones personales. Vamos por partes o por películas.

Días de lluvia en Nueva York, nos cuenta lo que sucede en la vida de algunas personas durante un fin de semana lluvioso en Nueva York, con un reparto estupendo en el que Elle Fanning y Selena Gómez brillan con luz propia; la película es un bálsamo para días agitados, no puedes dejar de sonreír en todo el tiempo que dura y en la vida, a veces, eso es suficiente. Al salir del cine, comenté en twitter que la película me había encantado y apenas tuvo unos pocos corazones, mi sorpresa fue cuando al rato, vuelvo a entrar en esa red y encuentro a muchas personas reprochándole a unas el hecho de ir a verla, que haya gustado, que la recomiende y, a otras, que no hay que verla, qué, a Woody Allen, ni agua. Las acusaciones (graves) de abuso sexual sobre su hija, Dylan Farrow, de las que el director ha sido absuelto por dos veces, lo persiguen rodaje tras rodaje, película tras película, estreno tras estreno y de paso, a quienes gustamos de su obra. Hay que elegir, y hacerlo, no me hace menos feminista, por eso yo siempre elijo ver sus películas, espero no arrepentirme nunca.

El escándalo, nos cuenta como en un imperio tan poderoso como la Fox, unas periodistas que allí trabajaban, hicieron caer a Roger Ailes, responsable en jefe de esa empresa por haber abusado sexualmente de ellas durante años. La película está protagonizada por Charlize Theron, Nicole Kidman y Margot Robbie en sus principales papeles, acompañadas por unos excepcionales secundarios bajo la dirección de Jay Roach. Y ha sido precisamente el hecho de que ella (Charlize Theron) como productora eligiera a un hombre para dirigir la película, la causa de la polémica en esta ocasión. Su respuesta fue que eligió a alguien que conocía, al que respeta por su trabajo, que está comprometido con la igualdad y porque le da la gana, habría añadido yo.

Recomiendo mucho esta película por lo que narra y por cómo lo narra. Charlize Theron debió ganar el Oscar por su papel en esta historia que nos cuenta que el feminismo, la igualdad y la valentía para denunciar, a veces, no depende de la ideología, se puede ser conservadora y feminista, se debe y se puede denunciar el acoso y abuso sexual en los lugares de trabajo, por muy poderosos que sean los acosadores y abusadores. Bravo por ella.

El oficial y el espía, esta película de Roman Polanski es una nueva revisión del famoso caso Dreyfus. Hay quien ha visto en esta película un intento del director de volver a justificarse y es posible que tengan razón.

Yo fui a verla y me gustó. He visto casi todo el cine de Polanski, antes, durante y después de que fuera acusado de violación y su cobarde huida de los Estados Unidos, no me siento bien cuando lo hago, pero no puedo evitarlo, pertenezco a una generación que aún separa a la persona de su obra, y confieso que no es fácil. No tengo ninguna duda de que este tipo es un violador, nadie la tiene, los hechos son los que son y él, con su actitud no ha hecho más que confirmarlo y por eso tiene todo mi desprecio; llevo tiempo intentando lidiar con esta contradicción y no sé cómo resolverla.

He citado estas tres películas porque han sido las últimas en generar polémica, mucha de ésta es paja, superficial, agresiva y sin argumentos. Porque si algo no tolero, a mi edad, es que me digan que tengo que ver y que no, mucho menos bajo acusaciones de que “tan feminista no serás”, si algo tengo es capacidad para tomar decisiones y asumirlas. Tengo contradicciones, dudas, mucho que aprender en la vida, en el feminismo y en el cine, algunas certezas y quizás, algo que enseñar. Pero, bajo ningún concepto, voy a tolerar que nadie me dé lecciones feministas si no me conocen, ni sobre cine, sobre todo si nunca pisan una sala y no saben. A quienes saben, les escucho, les leo, les respeto mucho, les admiro y aprendo, siempre.

No quiero un feminismo y un cine que no me cuestione como persona, además de divertirme, claro.

Si queremos hablar de machismo en el cine, lo hacemos. Hablemos de como Retrato de una mujer en llamas, de Céline Sciamma, una de las mejores películas del pasado año, posiblemente la mejor película francesa y una de los mejores europeas, que nos cuenta una bella y maravillosa historia de amor entre mujeres, de amistad, de sororidad, con unas actrices inmensas, magníficamente escrita, realizada, fotografiada, ha sido ninguneada en todas las entrega de premios a las que fue nominada. Ninguneo machista, lo llamo yo, pero esto lo vamos a dejar para otra ocasión.

Pd.: este texto ha sido publicado originalmente en Cocalecas.net

domingo, 1 de marzo de 2020

Alabardas como esperanzas.



Para Desiree Reyes, amiga.

Estamos celebrando los 40 años de la publicación de la novela Levantado del suelo, y si bien yo no voy a hablar de esta, es cierto que toda la rabia, la impotencia, la rebeldía que hay en ella, se vuelve una constante en la obra de José Saramago. Si me preguntaran qué identifica, desde mi punto de vista, la obra del escritor, diría sin dudarlo con la rebeldía, el compromiso y la esperanza. Y el buen uso de las palabras, porque las palabras mal usadas, no sirven para nada, no son útiles, ni al escritor, ni al lector, ni a la humanidad.

Y es por esto que pienso que gran parte de la obra de Saramago posterior a Levantado del suelo está impregnada de rebeldía, compromiso y esperanza y Alabardas no es la excepción.

Para empezar esta es una novela inacabada, al menos eso nos dice la faja que acompaña esta edición, una vez leída no estoy tan segura. Quizás es una novela no corregida o no editada, por el uso de las minúsculas en nombres y lugares, pero hasta eso ha de tener su razón de ser y da sentido a esta historia

No quiero con esto desmentir a la editorial, ni a Pilar, ni a la fundación; lo que quiero decir es que, dado que esta novela no tiene el final esperado, quizás podamos los lectores escribirlo, y no en papel, en nuestras vidas. Todas, todos, en algún momento de nuestra existencia, o en muchos, yo tengo épocas de a diario, hemos querido desenmascarar en nuestro lugar de trabajo algo que no nos gusta, que nos crea contradicciones, que nos molesta, algo que a veces ni nos atrevemos a comentar en voz alta, si acaso con nuestras personas más cercanas.

Lo que esta historia inacabada nos viene a contar es como un trabajador de una fábrica de armas, tras ver una película sobre un sabotaje a una bomba en la guerra civil española, se pregunta ¿qué y cuánto tuvo que ver esa empresa en esa guerra? que ha marcado y de qué forma, el devenir actual de nuestro país. Quizás el final de esta novela ya lo sabemos, hoy en día conocemos perfectamente qué papel juegan todas las empresas que fabrican armas y todos los gobiernos que las compran y las venden; las armas matan, lisian, hieren y para eso son creadas, no es cierto el mito de que las armas son para defenderse, las armas siempre son para atacar. “Siempre ha habido guerras y siempre las habrá”, dice Artur Paz Semedo en un tono innecesariamente doctoral, el hombre es un animal guerrero por naturaleza, lo lleva en la masa de la sangre. Y sólo tenemos que echar un vistazo a nuestro alrededor para ver los conflictos armados que existen, quizás ya los conflictos no son tan cruentos (si es que hay alguno que no lo sea), son más sofisticados, las armas también. Un arma no es sólo una pistola, lo es también una depuradora que no llega a un pueblo y sus habitantes mueren envenenados, pero esta es otra historia.

Me gusta, especialmente, de este libro la puerta que nos abre hacia la novela de Andrés Malraux L´Espoir, también a la película del mismo título, es la que desata las dudas de Artur Paz Semedo, que no estando seguro de hacer lo que quiere hacer, recurre a su exmujer (pacifista convicta y confesa), para conseguir los ánimos que le faltan y que logra que el jefe supremo de la fábrica, autorice la investigación en los archivos de la misma durante los años treinta, previos y durante la guerra civil; para ser una novela inacabada, suceden demasiadas cosas.

Y también me gusta que el libro refleja el amor por el cine de José Saramago, las referencias son La gran Ilusión, Ran, El acorazado Potemkin, Apocalyse now, La delgada línea roja, El día más largo, Los cañones de Navarone, Cartas desde Iwo Jima, La batalla de Midway, Destino Tokio, Patton, Pearl Harbor, Las batallas de las Ardenas, Salvar al soldado Ryan, La chaqueta metálica, menuda elección ¿eh?.

Todas estas referencias me llevan a concluir que el autor vio estas películas de manera diferente a como las hemos visto el resto de las personas, las vio de forma que en un momento dado las preguntas que se hizo tras verla necesitaban respuesta y son estas Alabardas. Sirva esta referencia para que volvamos a ver en algún momento estos clásicos del séptimo arte y, bueno, yo no sería yo si no hiciera referencia a él.

En apenas 90 páginas, no sólo conocemos una historia que nos invita a intuir un final, también se deja sentir la soledad, la amabilidad, la educación, el desamor, la dependencia emocional. Encontramos asimismo un breve dietario de los días en los que José quería tener tiempo para escribir.

Escribí este texto antes de leer las aportaciones que han hecho a él Fernando Gómez Aguilera, y Roberto Saviano. Aclaro esto porque cuando leí lo que ellos habían escrito pensé que eso era lo que yo hubiera querido decir, aunque lo digo peor.

Fernando Gómez Aguilera, poeta, ensayista y amigo, nos cuenta, con mucha ternura, como tras publicar Caín, Saramago rescata las notas que tenía para esta historia y como tras Las intermitencias de la muerte y aparecida ya la enfermedad, José buscó refugiarse en la escritura y se preguntaba constantemente si le daría tiempo a escribir todo lo que quería, os invito a leer su aportación porque es muy emocionante y la emoción a veces es una cosa íntima y personal.

Roberto Saviano, escritor italiano que vive escondido desde que destapó a la mafia italiana en Gomorra. No tuvo mucho tiempo para relacionarse con él, pero a veces esto no es necesario si eres lector o lectora de su obra; estoy convencida que el los Artur Paz Semedo que Saviano relata que conoció, son los mismo que conocía Saramago.

En ambas aportaciones hay respeto, admiración, cariño y mucho echar de menos, no son las únicas personas en el mundo a quienes les ocurre, raro es el día en el que, en nuestras conversaciones, nuestras redes sociales o en algún medio de comunicación, alguien pregunta ¿Qué hubiera dicho José Saramago? Y estoy segura que él nos volvería a interpelar, porque eso es lo que hacen sus libros, interpelarse e interpelarnos.

sábado, 25 de enero de 2020

Goya 2020


En España, como en otros países, la temporada de cine parece empezar en septiembre, al menos así se deduce este año de entre las candidaturas a Oscar, Bafta y Goya; lo que viene a significar que se van a premiar a películas de 2019 con apenas un recorrido trimestral en salas y/o plataformas.

Salvo Dolor y gloria, estrenada en marzo y Buñuel en el laberinto de las tortugas, en abril, el resto de las películas nominadas a los Goya 2020 fueron estrenadas después del Festival de San Sebastián que se celebra en el mes de septiembre. Ahí están, dispuesta a llevarse el mayor galardón del cine español, algunas de ellas si haber pasado por las salas de algunas ciudades, de esto habrá que hablar en algún momento también.

Entre enero y diciembre se estrenaron en España casi cien películas de lo que podemos definir como cine español, de todos los géneros, con todas las temáticas, de mejor y peor calidad, para todos los públicos o públicos selectos, vamos, como en muchos otros lugares.

Yo no he conseguido ver todas estas películas, algunas por decisión propia y otras porque no han llegado a la ciudad donde vivo ni tan siquiera a una cercana, aunque sí he visto algunas que merecerían, como poco, alguna nominación y no la han recibido.  Aquí todas las nominaciones

Entre las que no han recibido nominación y creo que deberían, que deberían ser vistas en otros países y no lo son, están:

70 Binladens, de Koldo Serra, una tragicomedia de supervivencia vital con mucho humor negro y un reparto a la altura. (Se puede ver en Filmin).

Lo dejo cuando quiera, de Carlos Theron, una de las películas más taquilleras del año, una farsa sobre la realidad del triunfo con un reparto en estado de gracia.

Sordo, la razón por la que decidí ir a ver esta película es que en ella trabajan dos de mis actores favoritos, fue más una cuestión de alegrarme la vista que la vida y me equivoqué, no sólo no me alegró la vida, tampoco la vista; una inesperada historia de la posguerra civil española en la que los sentidos de los protagonistas dan sentido a la historia, una película con sabor a western bien hecha.

¿A quién te llevarías a una isla desierta?, segunda y sobresaliente película de Jota Linares, después de su estupenda Animales si collar, sobre los cambios en la etapa de juventud de un grupo de amigos entre excesos y nostalgias. (Se puede ver en Netflix).

Elisa y Marcela, de Isabel Coixet, quizás no es lo que se esperaba de esta directora tras su éxito con La librería, a ella se la ama o se la detesta, lo mismo ocurre con esta historia, que yo considero que era necesaria de hacer para contar una historia de amor entre mujeres en otro tiempo que no es este de ahora. (Se puede ver en Netflix).

Litus, de Dani de la Orden, podría parecernos que es una película que ya hemos visto otras veces, por lo que cuenta, amigos que se reencuentran tras la muerte de uno de ellos, y no, aquí nos cuentan que la vida es difícil a veces, y lo hace dejándonos ver los matices y con un buen reparto, encabezado por la omnipresente este año, Belén Cuesta. (Se puede ver en Prime Video).

Diecisiete, de Daniel Sánchez Arévalo; tengo debilidad por esta película, la recomiendo y la recomiendo por ser una historia que te reconcilia con la vida desde una perspectiva posible de suceder, hay que atrapar toda la ternura que esta película relata; mención aparte merecen sus dos protagonistas, Biel Montoro y Nacho Sánchez, pareciera que han nacido para estos papeles. (Se puede ver en Netflix).

Las dos siguientes las he visto, y me han gustado tanto que raya con el me han encantado y por lo tanto me resulta del todo incompresible que no estén llenas de nominaciones a los Goya.

Quien a hierro mata, de Paco Plaza. No soy muy admiradora del cine de este director, su género habitual es el terror y no es de mis favoritos (ojalá el cine sepa perdonarme este trastorno). Esta película es una historia sobre el narcotráfico gallego, no es la primera con esta temática, lo que la diferencia es que no es una más, es una historia sobre las personas que pueblan ese mundo, personas que podríamos ser nosotros, hasta que la maldad nos delata; imposible parpadear y hasta respirar durante las casi dos horas que dura la película. (Se puede ver en Filmin).

Como era imposible ignorarlos, han nominado a mejor actor a su protagonista, Luis Tosar y como actor revelación a Enric Auque, que los está ganando todo en los galardones previos a la gran cita.
Los días que vendrán, de Carlos Marqus- Marcet, quien nos deslumbró en 2014 con 10.000 KM, y que aquí nos cuenta en tiempo real un embarazo, que llega de manera inesperada y una vez asumido, lo cuenta con todas sus vicisitudes, alegría, pesares, con una veracidad que conmueve y te arrastra; es una película bellísima, sincera, muy bien narrada, muy bien interpretada, y por lo tanto muy bien dirigida. Ha resultado ser la ganadora a mejor película del año en los Premios Gaudí, así como la actriz protagonista, lo que hace más incomprensible aún su ausencia en los Goya, se puede ver en Filmin.

De entre las nominadas a mejor película he visto Dolor y gloria, Mientras dure la guerra, La trinchera infinita e Intemperie, no he conseguido ver O que arde, por las razones que expuse más arriba.

Dolor y gloria, de Pedro Almodóvar; ha sido un éxito de público, crítica y nominaciones, es mi película favorita para llevarse el premio, por ser maravillosa, por ser honesta, por estar bien escrita, por estar muy bien protagonizada, porque su historia nos ha conmovido, porque hace que el nombre de España se escuche en muchos lugares más allá de nuestras fronteras y eso nos ha vuelto a instalar en la modernidad, porque nos ha traído de vuelta a un pedro Almodóvar excepcionalmente humano, aunque esto tampoco sé si hay quien no lo sabrá perdonar.

Mientras dure la guerra, de Alejandro Amenábar; también ha sido un éxito de público, más aún porque nadie esperaba que lo fuera, cuanto más han llamado sectores de ultraderecha a boicotearla, más público ha ido a las salas y, lo que es más increíble, más ejemplares de la obra de Miguel de Unamuno se han vendido en librerías. Los actores, en especial Karra Elejalde y Santi Prego en el papel de Franco dejando entrever toda su maldad, brillan, todos y todas.

Es posible que esta película no se entienda fuera de España, aquí ha demostrado ser útil y necesaria.
La trinchera infinita, de Aitor Arregui, Jon Garaño y Jose Mari Goenaga; estos tres directores nos están acostumbrando a la sorpresa cinematográfica de la temporada, sus anteriores trabajos Loreak y Handia, junto con esta trinchera, lo demuestra. Esta es una historia de amor, de dolor, de renuncias, de silencios, de oscuridad. Sobre todo, de amor, el que ayuda a soportar lo insoportable, a respirar lo irrespirable; la película te atrapa desde los primeros y, a pesar de su duración, no se hace larga porque necesitas que llegue el final, necesitamos saber qué pasó, aun cuando ya sabemos qué fue, forma parte de la historia de nuestro país, la historia que corría de boca en boca por los pueblos, el mío entre ellos, y que ahora muchas personas han conocido y reconocido, es yo diría, imprescindible de ver.

Está casi íntegramente rodada en Huelva, en escenarios naturales que siguen existiendo, uno de sus protagonistas, también nominado a mejor actor revelación, es nacido en Paterna del Campo, y uno de los productores de la película, Manuel H. Martín, es onubense, lo que convierte a esta película en muy cercana a nosotros.

Intemperie, de Benito Zambrano; desde su primera película, Solas, este directo nunca ha abandonado la idea de convertir el cine en un vehículo para contar historias que lo sitúan muy claramente en un lado de la vida, el de quien está contra las injusticias y las denuncia a través del cine; eso sucede con Intemperie, basada en una novela magistralmente escrita por Jesús Carrasco, y que una vez leída, con dolor, ya no se va de ti. Es la historia de un niño que huye de una finca andaluza donde los dueños ejercen todos los derechos posibles, el de pernada, el de no pagar a los trabajadores, el de abusar de niños y niñas, en fin, del infierno en la tierra hasta que aparece una buena persona, que siempre existe para rescatarnos. Sólo por ver los escenarios naturales donde está rodada la historia (los secarrales de Orce, Galera y Castril en Granada), merece la pena disfrutar la película, el paisaje es un protagonista más. Es una maravillosa historia hecha western, con unos actores impecables, desde el más protagónico al menos. No suelen salir bien las adaptaciones cinematográficas de novelas, en este caso se consigue y de manera sobresaliente. Si esta película se lleva el Goya yo sería muy feliz.

O que arde, de Oliver Laxe; no puedo hablar de esta historia porque no he tenido la posibilidad de verla y bien que lo siento. Puedo y debo destacar que ganó en Cannes en premio del Jurado de un Certain Regard, que acaba de ganar el Premio Gaudí a mejor película europea y que tiene numerosas nominaciones en distintos premios, si por algo me gustaría que ganara, es para que la estrenaran en muchos cines y poder verla en pantalla grande.

Bonus:
Buñuel en el laberinto de las tortugas, de Salvador Simó, esta magnífica película de animación nos cuenta la historia del rodaje de Las Hurdes tierra sin pan, si no conoces la obra de Luis Buñuel esta cinta te ayudará a adentrarte en ella, sí la conoces disfrutarás mucho lo que aquí cuentan. Una joya cinematográfica que sólo tiene una nominación a mejor director novel, mejor película de animación, mejor guion adaptado y mejor música original; ojalá se gane todo.

No me queda mucho espacio para hablar de todas las categorías, ya quisiera, mientras, podemos jugar a apostar y divertirnos. Dicho todo esto, me extendería en otras candidaturas y en otras apuestas, pero entonces esto sería una novela por entregas; la suerte está echada y sólo queda esperar que gané la mejor película que no siempre coincide con la mejor dirección, tampoco con la más taquillera, así es la magia del cine.

Y, un deseo, ojalá poder ver muchas películas más películas españolas y latinoamericanas en las salas de cine de España. El día que, como país, tomemos conciencia que el cine es una industria más allá de la frivolidad que se le supone, habremos dado un gran paso adelante.

Bravo por el Goya de honor a Pepa Flores.

Más cine, por favor.

martes, 26 de noviembre de 2019

¿Para qué sirve un festival de cine?

Para la alegría.

"Se nota mucho que la gente está feliz y contenta, se nota mucho que acogen bien aquí en Huelva, así que habrá que volver", Sergi López en la presentación de su película La inocencia.

El Festival de Huelva Cine Iberoamericano de Huelva llegó este año a la 45 edición y lo bueno de haber tenido distancia es tener una mejor perspectiva. ¡Feliz cumpleaños!

Celebrar este cumpleaños es, no sólo una fiesta, es una manera de decir, aquí seguimos, estamos, nos quedamos y dejadme deciros que considero a la cultura necesaria, vital y esencial para seguir viviendo en estos tiempos de aceleración, medias verdades y urgencias en los que estamos inmersos.

Por eso es un orgullo que el festival y quienes lo hacen, desde patronos a trabajadores, importantes estos últimos que trabajan durante todo el año de una manera silenciosa y constante, mantengan con responsabilidad la férrea voluntad de mantener puentes con una Iberoamérica que el resto del año nos parece lejana e inalcanzable.

Porque el festival no es más que el punto de encuentro que recoge el fruto del trabajo de un año y un punto de partida para trabajar en la edición que vendrá, y conviene no olvidar, que mientras aquí, a veces, es tratado con indiferencia al otro lado del río lo viven como una posibilidad y una esperanza.

Este año hemos podido ver historias de Perú, como país invitado, México, Argentina, República Dominicana, Guatemala, Colombia, España y Cuba, películas, cortos, documentales, historias que han reunido a más personas auténticas de esos países que la próxima cumbre sobre el cambio climático que se va a celebrar en Madrid y mucho más reales sobre la vida en esos países.

El festival de Huelva Cine Iberoamericano es un lugar donde las personas vienen para quedarse, ya sabemos que Huelva es un lugar al que resulta difícil llegar, pero al que siempre queremos volver, y cuando digo quedarse, es literal, hay directores que vinieron una vez, se enamoraron, se casaron, tuvieron hijos y aquí siguen entre nosotros, hay jurados que una vez que lo han sido, vuelven los años siguientes solo para poder disfrutar de películas, de citas, de paseos, de la gente, del calor y la luz de nuestra ciudad, hay directores que presentan una película, año sí, y año también, hay actores que vienen dos veces y luego son candidatos al Oscar al mejor actor, como nuestro amigo mexicano Demián Bichir, hay películas que siendo estrenadas en nuestro festival luego consiguen premios en otros festivales, hay películas que luego ganan premios Goya, hay películas que vienen al festival después de haber nacido en encuentros en este festival y así podría seguir dando argumentos para justificar un festival como este.

Hay Festival de Huelva Cine Iberoamericano porque hay películas y hay películas porque hay historias, y hay historias porque hay vida, creatividad, ilusión, trabajo, tesón, constancia. Y porque en tiempos de crisis políticas, económicas y  morales, apostar por la cultura es apostar por el futuro, por la educación, por la esperanza.

Los onubenses llevan, llevamos años apostando por  su festival (este año yo no he podido disfrutarlo mucho) y por esto me han llegado fotos y avisos de amigas y amigos que me decían las sesiones que se había llenado, quitando las de concurso, al menos en dos de la Sección Panorama puedo dar testimonio de sala llena y no hay más que ver las cifras de taquilla de estos últimos años.

Sería importante que los patronos tuvieran este detalle en cuenta de cara a un futuro donde el festival debe ser la apuesta cultural, turística y económica de Huelva y provincia. No es de recibo cuestionar un festival que en los últimos cuatro años ha ido a más, tras los años de incertidumbre, ni es suficiente asistir a la presentación y a las galas, hacerse  las fotos y salir corriendo hasta el próximo año.

El festival necesita un personal que trabaje en él todo el año, además del director, una estabilidad económica, porque ¿quién lo diría? la cultura es una inversión y la inversión es dinero que luego vuelve a la ciudad durante la semana de celebración, necesita una presencia constante en las redes sociales y en los medios de comunicación, tal y como hacen otros festivales; en resumen, es necesario trabajar todos en la misma dirección, que no es otra que el festival siga cumpliendo años, cuántos más, mejor para todos.

Y llegado este punto, hay que felicitar al festival este año por varias cosas; la primera de ellas es haber tenido en competición oficial a cuatro directoras, exactamente la mitad, cuatro mujeres que quizás han presentado los proyectos cinematográficos más arriesgados en esta edición, buena prueba de ello es la peruana Melina León que se ha alzado con el Colón de oro al mejor largometraje, por la estupenda Canción sin nombre.

En líneas generales, la presencia de mujeres directoras, productoras, montadoras, realizadoras, ha sido muy importante este año, y qué bien, no es más que un reflejo de la realidad. Mención especial, desde mi punto de vista, merece la película Pólvora en el corazón, dirigida por la guatemalteca Camila Urrutia, que muestra abiertamente a dos mujeres lesbianas en Guatemala y que retrata la violencia machista que a diario padecen las mujeres en ese país; esta historia, que por esto mismo ya merece ser tenida en cuenta, ha llevado a sus dos protagonistas femeninas, Andrea Henry y Vanessa Hernández a ganar el Colón de plata a mejor actriz.

La segunda es por la elección de las personas galardonadas, mención expresa al director peruano Francisco Lombardi, que ya ha estado otras veces en Huelva, y se mostraba encantado de volver y nosotros felices de que haya vuelto y con él, un ciclo de cine hecho en Perú con películas como Retablo y Wiñaypacha que están acaparando premios y nominaciones en festivales y entregas de premios en todo mundo. También Leticia Dolera, que nos dijo que somos un festival que desde hace muchos años ha sabido ver los puentes que nos unen con Iberoamérica, Juana Acosta, reafirmando los vínculos de Colombia con España y su cultura y Marta Velasco.

La tercera, por todo lo demás, la estupenda sección Panorama con las mejores películas vistas en distintos festivales, la sección Fantaterror Iberoamericano y ¿cómo no? el humor en la sección Comedia Iberoamericana, que estamos necesitados de risas. Los distintos eventos y actos, las mesas redondas con participación de estudiantes, la asistencia de los colegios para que empiecen a amar el cine desde pequeños, los encuentros entre profesionales del sector.

Y la cuarta, el pedazo de equipo humano que tiene el festival, encabezado por su director, Manuel H. Martín, no conozco a nadie que venga o pase por el festival que no tenga una palabra de agradecimiento, reconocimiento y cariño, que es lo más importante, porque es lo que deja huella*.

El Festival de Huelva Cine Iberoamericano es una inversión, en cultura, en turismo, en educación, en trabajo; es un lugar que sirve para encontrarnos y reconocernos, para construir puentes con Iberoamérica en un tiempo que hay quien quiere construir muros.

¿Para qué sirve un festival de cine? Para ver películas que de otra manera no podríamos ver, para hacer cultura, para promocionar a la ciudad, para generar empleo, para ampliar horizontes, para poner en valor la palabra hermandad entre España y América Latina, para querernos y para disfrutar.

*En un tiempo en que quien no se anuncia, no se vende, ver en redes sociales a directores, directoras, actores, actrices, que probablemente no conozcamos aquí pero tienen miles de seguidores, una foto de Huelva es una publicidad impagable, y cuanto antes entendamos esto, mejor será, para el festival y para la ciudad.

Pd 1.: Al no poder estar en el festival he podido seguirlo por las redes sociales, dejo algunos ejemplos de lo que he podido ver y que me han hecho sentir orgullo.

Pd 2.: El director del festival ha hecho hoy un balance de la edición El Festival de Huelva se consolida con más público y mayor presencia en los medios de comunicación

Pd 3.: El programa Días de Cine de Radio Televisión Española nos ve así Dias De Cine nos ofrece el resumen más completo del 45 Festival de Huelva de Cine Iberoamericano y qué bonito.


Piropos al festival
Piropos a la ciudad, definida como tropicaóotica
La alegría de estar en Huelva y en el festival de Camila Urrutia
Armond Cohen, director de la mexicana Souvenir siendo feliz
Director y protagonistas de Yo adolescente


Presentación de El Proeccionista
Andrea Henry, protagonista de Pólvora en el corazón piropeando a la ciudad
Pólvora en el corazón mostrando sus premios
Vanessa Hernández, actriz de Pólvora en el corazón charlando con un espectador