sábado, 18 de abril de 2020

Fragilidad (semana cinco)

"Es muestra de inteligencia ser capaz de demostrar la mejor cara de cada uno, no la peor, que también la tenemos", Victoria Camps, Creer en la educación.

Para mi sobrino Daniel, que cumple hoy 22 años y le guardo los abrazos.


El lunes cumplimos el primer mes de confinamiento. Parece algo increíble, a veces me acuesto pensando que al día siguiente me levantaré para ir a trabajar y todo habrá sido un mal sueño. No.

Me cuenta mi madre que su nieta Victoria la ha llamado para decirle que le duele la barriga, que vaya a darle un masaje como ha hecho otras veces, y no puede, claro, pero le encanta recibir esa llamada. Otro día me cuenta que tiene muchas ganas de ver a sus nietos, y a tus hijos, le digo, sí, pero primero a mis nietos, responde, ten madre para esto.

Por cierto, mi sobrina Victoria me avisa que ya tiene instagram (aquí debería ir un emoticono de echarse las manos a la cabeza).

Esta semana hice por primera vez en mi vida cruasanes, que tampoco es que sea escalar el Everest, así os lo digo y también bizcocho de naranja. Una cuarentena de muchas primeras veces.

Los días han ido amaneciendo grises y lluviosos, fríos a ratos, hay a quien le sorprende, a mí no, en los últimos años marzo y abril siempre han sido así; ahora se siente como si el tiempo meteorológico quisiera acompañarnos en casa y que no tengamos tentación de salir de casa si hace sol, aun así, los pocos rayos son bienvenidos.

Una de las tardes de esta semana que subí a la azotea a caminar habían vuelto los vecinos del otro bloque, menuda alegría me dio verlos, la señora, con sus gafas de sol puestas (que no hay que perder el glamour) me preguntó cómo estaba y le dije que bien, que los había extrañado y que me alegraba de volver a verlos, me contó que algunos días no había subido por el frío y otros lo habían hecho a otras horas. Por la tarde hago coincidir el final del paseo con la hora de los aplausos, me gusta compartir ese momento y además es el único momento del día en que consigo ver a otros seres humanos.

Sigo sin dormir bien, sigo sin dormir mucho, sigo teniendo sueños feos, hablé con mi amigo Manuel H. y me decía que a él le pasa lo mismo; eso me produce cansancio, yo nunca he tenido problemas para dormir y no hacerlo pasa factura física y emocionalmente. Alguna noche de algún día consigo dormir varias horas seguidas de puro agotamiento.

Compruebo con tristeza y estupor que en este, mi país, hay gente que no se alegra que descienda el número de personas fallecidas, el número de personas en las ucis, que aumente el número de personas dadas de alta, es del todo incompresible para mí, quizás porque yo solo espero el día que salga el último enfermo del hospital, ni siquiera espero ya salir de mi casa, esto no va de individualidades, va del colectivo que formamos como sociedad. Y una vez salga la última persona del hospital, podremos salir y abrazarnos, no solo por nosotros, también por todas esas personas que no pudieron dar el último abrazo a sus seres queridos.

Tristeza y estupor que aumenta cuando veo que también ha gente, casualmente la misma, que se opone a que se le dé un ingreso mínimo vital a personas que ya lo están pasando francamente mal, que ya lo pasaban mal antes, porque hay cosas que no son nuevas; me molesta la falta de empatía, de solidaridad, de ver más allá de sus propias narices.

Me enfadan muchísimo estas actitudes, me ponen violenta, me desagradan, me molesta pertenecer al mismo género que quienes no miran más allá de su ombligo y su bolsillo.

No sigo la actualidad al minuto por salud mental, pero entiendo perfectamente que este no es momento de juzgar al gobierno, es el momento de remar todos en la misa dirección para salir de esta y después, pedir explicaciones. Me molesta la maldad, me molesta el abuso, me molesta la falta de bondad, me molesta la mentira, la manipulación, la falsedad.

Hay días que pienso que cuando esto pase volveremos a ser lo que somos, quien sea buena persona, honesta, solidaria, lo seguirá siendo, quien sea mala, deshonesta y egoísta, lo seguirá siendo. Seremos una sociedad más pobre en lo económico, ojalá estemos pertrechados moralmente para no dejar a nadie atrás, para construir una mejor sociedad, un mejor país, un mejor planeta, lo necesitamos, necesitamos dejar un mundo mejor a las niñas y los niños que llevan tantos días encerrados, muchas veces sin entender del todo lo que pasa y estando a la altura; necesitamos un mundo mejor para todas esas personas mayores que ya trabajaron muchos años y merecen disfrutar de una mejor vida en sus últimos años; necesitamos un mundo mejor, en el que quepan muchos mundos, en el que podamos vivir sin más sobresaltos que los que la vida en el curso de su recorrido nos depare.

No sé si esta pandemia mundial nos ha desnudado, si sé que nos está mostrando toda la bondad de las personas, que es infinita y toda la maldad de alguna gente, que es mucho menor, pero más ruidosa.

Mientras tanto, a todas horas del día se escucha a los pájaros ¿será que antes no prestábamos atención?, ahora trinan y trinan, como en un diálogo permanente entre ellos mismos, a una le gustaría saber que piensan, si también les resulta extraño volar y trinar sin tanto humano alrededor.

Un alumno mexicano que pasó por la universidad hace unos años me envía un mensaje para preguntar cómo estoy y me dice que reza por mí y por mi familia, para que estemos bien, yo que soy atea, le devuelvo el abrazo y pienso que en estos tiempos todas las ayudas son buenas. Coincide en el tiempo con la agresividad con la que esta semana se ha cuestionado el trabajo de los funcionarios que trabajamos desde casa (por otro lado nada nuevo, quienes trabajamos en la administración pública siempre estamos en el punto de mira), olvidan que el personal sanitario también los es, así como los bomberos, policías, jardineros y hasta quienes recogen la basura por la noche mientras el resto descansamos, es agotador a veces.

En mucha gente no hay compasión, solo hay ficción.

De pronto caigo en la cuenta que antes de la cuarentena, los miércoles en la noche yo miraba la cartelera para ver los estrenos del fin de semana y organizarme, extraño ir al cine, me dicen a menudo, si no sabemos cuándo podremos volver a las salas, ni sabemos cuántas personas podrán entrar en ellas, y siempre respondo lo mismo, he estado muchas veces sola para ver una película, no espero que las salas vuelvan a llenarse, ojalá.

El viernes nuestra amiga Adela cumplió años, así que bajo la batuta de la gran Bego, nos conjuramos para grabar vídeos, juntarlos todos en uno y enviárselo, para así acompañarla y celebrar con ella, ha sido muy divertido y muy bonito y emocionante, los amigos, que son la familia que una elige.

Me fascina la diversidad del castellano en el mundo, lo que aquí llamamos mascarilla en Argentina lo llaman barbijo y en México cubrebocas. Para seguir cuidando, para seguir cuidándonos. Sobre todo para agradecer a quienes nos siguen cuidando, que son muchas y muchos, incansables, de día, de noche; en todos los lugares, en todos los idiomas.

Esta semana no voy a recomendar textos largos, aunque tengo ¿eh?; os recomiendo una serie, Unorthodox, la historia de una chica judía que huye de su familia, que es ultra ortodoxa, y como consigue empezar una nueva vida, la podéis ver en Netflix. Y una película, La candidata perfecta, sobre una mujer médica en Arabia Saudí que decide presentarse a las elecciones municipales cansada de ser ignorada por ser mujer, la podéis ver en Filmin.

Me ha volado la cabeza esta maravillosa versión de Agapimu con Ana Belén y Ojete Calor.


martes, 14 de abril de 2020

Qué pasará con la cultura


“Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz. No sólo de pan vive el hombre”, Federico García Lorca.

Soy consciente de que en la situación que nos encontramos en todo el planeta, lo primero es salvar vidas y cuando acabe la cuarentena, que no la pandemia, habrá que seguir salvando vidas, porque la economía mundial va a quedar hecha un desastre y es de esperar  y desear que nadie quede atrás, entre las muchas cosas que nos está enseñando esta etapa es que había muchas cosas que ya estaban mal antes de esto.

El único debate en el que hay que saber  dónde estar es el que muchos lanzan entre economía y salud. No tengo dudas, salud. En todo lo demás no hay debate, todo contribuye a la salud, la sanidad, la alimentación, la educación, la justicia social y sobre todo contribuyen todas las personas que en estos ámbitos están trabajando para cuidarnos.

También la cultura. Ni la más mínima duda tengo en estos momentos de todo lo que el amplio mundo de la cultura está haciendo para cuidarnos en estos momentos, en todos los lugares, en todos los idiomas, todos los días; de manera gratuita en muchos casos, lo que habla de la generosidad de este mundo.

Museos, bibliotecas, fundaciones, circos, monumentos han abierto sus contenidos gratuitamente en internet; teatros con funciones en todos los campos, obras, ballet, operas; talleres de ilustración, de escritura (novela, guion, poesía, relato), de pintura, editoriales y escritores presentando libros en redes sociales y, no solo, liberando muchos de sus libros, también; obras de teatro en directo; conciertos a diario;  librerías cerradas hace un mes que venden libros online y hacen un esfuerzo enorme para hacerlos llegar a nuestras casa. Espero que cuando esto pase, librerías, bibliotecas y cines sean de los primeros lugares a los que volvamos. Y que vuelvan los conciertos, que la gran Rocío Márquez me debe aún el suyo con el que yo iba a celebrar mi cumpleaños.

Series, todas las que hay, en todas las televisiones y plataformas, de pago, gratuitas, compartidas. Y películas, muchas, más de las que vamos a poder ver, en canales de televisión, en plataformas, en salas de cine que abren sus puertas virtuales, en cinematecas, en distribuidoras, en festivales, en filmotecas, en productoras, hasta directores que estrenan sus películas el mismo día que iba a ser estrenada, como ha sido el caso de Xavier Dolan y su Matthias & Maxime, previo pago en muchos casos, gratis en muchos otros, que no en todos los hogares hay la misma disponibilidad.

No puedo mentirme a mí misma, hay días que la oferta me parece excesiva, pero es aquí como ciudadanía podemos elegir en libertad, la poca que tenemos en estos  momentos, qué ver, qué hacer, qué disfrutar. No estamos obligados a nada más, salvo quedarnos en casa para cuidar y cuidarnos.
Por eso  me molesta mucho y me entristecen las críticas y el desprecio hacia el mundo de la cultura en estos momentos, no solo desde algunas personas y  fuerzas políticas, también desde algunas instancias que tiene que velar por las políticas en este ámbito. ¿De dónde piensan que vienen las canciones que cantamos en los balcones, los libros que nos ayudan a viajar y conocer otras vidas, las películas y series que nos distraen en estos tiempos? ¿Acaso no son parte del tejido laboral y empresarial de nuestros países? ¿Es que todas las personas que forman parte de este mundo no comen, no viven, no tienen familias? 700.000 puestos de trabajo crea el sector de la cultura en nuestro país, el 3% del producto interior bruto, por no hablar del turismo que atrae hacia los lugares en los que se ruedan series y películas.

Solo desde una profunda falta de educación, incultura y soberbia moral, se puede despreciar lo que está aportando este sector en estos difíciles momentos. Es más, es un sector imprescindible para la recuperación del día después, cuando llegue ese día. Dice el director teatral Lluis Pascual, en una carta dirigida al ministro de cultura, José Manuel Rodríguez “este país no quiere a sus artistas. Les puede admirar, envidiar y hasta en algún caso adorar, pero eso es otra cosa”.

Todo lo que durante estos días recibamos desde los distintos ámbitos de la cultura nos va a servir para empezar a reconstruir y reconstruirnos como personas y como sociedad;  nos va ayudar a seguir caminando por un mundo que no sabemos cómo será; nos habrá convertido en personas con más conocimientos, más saber, más anécdotas que contar y compartir. Nos habrá llevado a reír, sonreír, llorar, pensar, en definitiva, a vivir y reconocernos.

He escuchado en la radio estos días como en España, un taller de costura que hace vestuario de películas, se está dedicando a coser batas y mascarillas para el personal hospitalario, pero es que además han donado gran parte de los vestuarios disponibles y que pueden ser reutilizados. Imagino que esto está sucediendo en muchos otros lugares.

También tengo conocimientos que en muchos países hay medidas de apoyo a la cultura entre las medidas económicas de urgencia que se están tomando, sin duda alguna, esos países saldrán adelante más rápido y mejor, ojalá en el mío (España) también fuera así, aunque no lo parece, dado que no sólo no hay prevista ninguna ayuda de momento, provocando un fuerte enfado en el sector, sino se les intenta denigrar llamándoles titiriteros, como si los títeres no fueran un arte.

Y si alguien duda de la solidaridad del mundo de la cultura, estas estupendas Reflexiones tempestivas del gran Alex de la Iglesia 

No sé, llamadme rara, pero yo prefiero quedarme con todo lo bueno que en estas circunstancias nos aportan desde el mundo de la cultura. En lo personal, la cultura acude a mi rescate cuando esta soledad inesperada se hace dolorosa. Muchas gracias a vosotras y vosotros también, sois muy necesarios para salir a adelante y sanar por dentro y ¿quién sabe? reír por fuera.

La cultura es un bien esencial. Es salud, economía, bienestar y libertad. Y será la cultura, la que en sus muchas facetas, la que documente, hable y nos cuente todo esto que está pasando.

Pd.: Este texto ha sido publicado originalmente en Cocalecas.net ¿Qué pasará con la cultura después de la pandemia?

sábado, 11 de abril de 2020

Fragilidad (semana cuatro)

"Calma, dijo el médico. En una epidemia no hay culpables. Todos son víctimas", Ensayo sobre la ceguera, José Saramago.

Llamo a mi madre dos o tres veces al día, el sábado siempre me pregunta que voy a hacer el domingo, ir a tu casa a comer torrijas, como corresponde al Domingo de Ramos, le digo, se ríe y responde, ya las comeremos pronto, hija.

Alberto me cuenta que su madre sale sola en su pueblo a aplaudir todas las tardes a las veinte horas, en su patio, y que por eso él sale también, para honrarla.

En el edificio más alto que tengo frente al mío, hay una pareja de personas muy mayores que salen aplaudir juntos, no faltan ni un solo día, y yo siento una inmensa ternura al verlos.

El lunes fue de noche todo el día ¿dónde está el sol cuando se le necesita? Durante toda la Semana Santa ha llovido o ha estado nublado, como si el confinamiento no fuera bastante justificación para que este año no haya habido procesiones. El Viernes Santo salió el sol por la tarde, para iluminar un día de luto; en las azoteas había más personas tomando sol, o tendiendo y recogiendo ropa; en uno de mis paseos escucho como se juega al veo-veo desde las ventanas, sonrío.

A veces quiero pensar que todas las personas que hacen la cuarentena con su pareja están haciendo mucho el amor, o teniendo sexo salvaje, si es que no son la misma cosa en algunos momentos.

Hay días y días, hay que vivir todas las emociones como vayan viniendo, nunca como estos días se está demostrando la inutilidad de la autoayuda y sus frases hechas y la estafa del coaching.

La semana se inició con mejores datos  con respecto a las anteriores, el confinamiento está dando resultados a pesar del cansancio, pero hay quien le pone pegas. El lunes vuelven muchas personas a trabajar, ya sabéis, la presión del capital. Recuerdo cuando se desató el virus en China, durante el desayuno con las compañeras de trabajo comentábamos que en ese país había sido fácil, es una dictadura y la disciplina está garantizada.

Qué falsa es la dicotomía entre salud y libertad que se lanza de vez en cuando estos días, qué indecente, qué maniquea, qué falta de honestidad, como si gozáramos de libertad plena o tuviéramos la salud a salvo, nos están preparando para lo que viene, que no sabemos qué es, todo en este momento es el día a día. La gente habla sobre cuando se volverá a la normalidad, pero la normalidad era la crisis, decía Naomi Klein estos días en un programa de radio.

En otro programa escucho un debate sobre el pijama, sobre el hecho de pasar la cuarentena en pijama todo el día, es gracioso; yo no uso pijama nunca, los tengo y cuando viajo los echo en la maleta por si me toca compartir habitación, si no es así, jamás, siempre digo que si hay un terremoto y tengo que salir corriendo, saldré con las tetas al aire, esa soy yo. Todo esto partiendo de la base que cada persona en su casa es libre de estar como le dé la gana, en pijama, en chándal, desnuda, con tacones y hasta con traje de noche, yo uso vaqueros, camisetas de colores, me pinto los labios y algún día la línea de los ojos. La frivolidad como forma de resistencia. 

Empiezan a molestarme los chivatos en las ventanas, me molestan los chivatos en general, ahora más, si hay que denunciar que alguien se salta la cuarentena de forma indebida, se llama a la policía, no se increpa a nadie a grito pelado, se graba y se difunde, eso no habla bien de nosotros como sociedad. Este tiempo también sirve para poner distancia en la admiración que sentías por alguien y de pronto esta se disuelve como un azucarillo.

Siento que ya estamos enfadados, cansados, sensibles, vulnerables, que seguimos diciendo que tenemos muchas tareas que hacer, aunque pensemos que ya no hay tanto que hacer, estamos varados en la pereza algunos días. Yo me excuso diciendo que no quiero ordenar mucho la casa por si llega el día que pueda salir y al volver a entrar no me reconozca sin el desorden. 

Esta semana me ha dado por anotar muchas tonterías, quizás como desahogo, pero esto no me aparta ni un minuto de lo que vivimos y de la gravedad de la situación.

Hay días que todo duele más, a pesar de los datos que nos cuentan que hay menos personas fallecidas, menos personas ingresadas y muchísimas más dadas de altas, todo duele más, porque una se da cuenta de que hay a quien no le importa nada, solo le sirve para su propio rédito, para tener razón, para escucharse solo a sí mismo. 

Llaman héroes y heroínas a quienes nos cuidan porque es más fácil poner una medalla que pagar un salario digno, que mantener los servicios públicos, que lo contratos no sean precarios. Son trabajadoras y trabajadores que merecen ser reconocidos como tales en sus trabajos; espero que esto no se nos olvide el día después. 

Ese día del que nos dicen que nada volverá a ser igual, a veces esto suena más como una amenaza que como una oportunidad, y claro que nada volverá a ser igual, no debería al menos ser así. Ojalá el ejemplo que está dando la ciudadanía en su conjunto y en todos los lugares, guíe a quienes nos gobiernan.

Sigo pensando mucho en todas personas mayores en las residencias viendo como se mueren sus compañeros y nadie les ayuda; pienso en todos esos inmigrantes sin papeles que viven en chabolas o hacinados en pisos, que ahora necesitamos tanto para trabajar en el campo y a los que no somos capaz de garantizar más que un presente; pienso en todos esos países de América Latina y África,  a los que está llegando la pandemia y cuyos sistemas de salud no es como el nuestro; pienso en todas esas personas que no tienen nuestro bienestar, una vez más. 

Y una vez más, gracias, muchas, muchísimas gracias a todas las personas que nos están cuidando, sois la esperanza de un futuro mejor, de eso no tengo ninguna duda.

Tenemos un amigo que trabaja en un hospital en Huelva, y cuando dan el alta a pacientes enfermos de coronavirus, nos lo cuenta, nos alegramos mucho en el grupo y aplaudimos; son pequeñas esperanzas para el día a día.

Os voy a dejar de nuevo algunos enlaces que me han parecido interesantes esta semana, de nuevo algunos son un poco largos, pero tiempo es lo que más tenemos. Son textos que me han ayuda a sobrellevar estos últimos siete días, espero que os sean útiles, con todo mi cariño van.

Este me ha gustado especialmente, podéis imaginar la razón Por qué Winston Churchill convirtió el pintalabios en un producto de primera necesidad en tiempos de guerra; este me ha reconfortado  Confinamiento, duelo a distancia, Las Vegas; este me ha entristecido, por la desigualdad que manifiesta  La cifra de muertos por coronavirus entre la población negra de EEUU es desproporcionada y este cuento del mexicano Juan Villoro me ha encantado  Paciente Cero.

Y Aquellas pequeñas cosas, una canción que es parte de la banda sonora de mi vida.








sábado, 4 de abril de 2020

Fragilidad (semana tres)


Lo fácil hubiera sido ir de la mano de la queja
embozarnos con la capa del desengaño.
Eso nos hubira dejado menos arañazos.
Eso sería lo fácil.
Lo difícil fue hacerte, dolor, un cuarto propio.
Lo fácil, Carmen Ramos en Las estrellas han hallado otra forma de morir.

El pasado domingo se hizo de noche una hora más tarde, salimos a aplaudir a ventanas y balcones y nos vimos las caras.

Ha llovido y hecho frío toda la semana, como si fuera un invierno largo, solo un día ha salido el sol y pudimos sentirnos afortunados.

Apenas ha comenzado el mes de abril y ya queremos que este año acabe; un amigo, Rubén, decía estos días en twitter "me pregunto si el 31 de diciembre de dos mil veinte habrá gente llorando por el año viejo", no sabría yo predecir nada más allá de saber qué voy a almorzar hoy, pero es una buena reflexión. Apenas hace un par de meses lo que nos horrorizaba eran los incendios de Australia, la locura continua de Trump y un poco la nueva huida de miles de refugiados de Turquía a Grecia.

Pienso mucho en las personas que no tienen tanto bienestar como nosotros, que tienen problemas para llegar a fin de mes, problemas para pagar la luz, problemas para que sus hijos tengan acceso a las plataformas virtuales de sus colegios, todas las mujeres que sufren violencia de género, justo cuando escribo esto escucho un nuevo asesinato, todo lo que estaba mal antes de la pandemia y todo lo que urge arreglar cuando esta acabe.

Hace unos días mi madre me contó que bailaba, todas las mañanas y las tardes, pone un canal musical en la tele y baila, dice que la gimnasia que dan es muy difícil para ella; ante mi asombro, me dice que ella siempre ha bailado mucho, con razón he salido yo tan bailona, le respondo. Además me avisa cuando hay algo en la programación televisiva si sabe que me puede gustar, por ejemplo Españoles por el mundo en Chiapas. No poder ir a verla sigue siendo lo más duro de este tiempo en el terreno personal. Echo de menos sus torrijas estos días.

Estamos viviendo unos nuevos tiempos con respecto a las relaciones familiares, nadie estaba acostumbrado a pasar las veinticuatro horas del día juntos, las personas mayores no estaban acostumbradas a pasar tanto tiempo sin salir de casa y las personas que vivimos solas, estamos aprendiendo de nuevas soledades, hubiera sido mejor no tener que hacerlo. Siempre he dicho que soy una urbanita total, me encanta vivir en una ciudad y sus sonidos, cuando me molesta alguno solo espero que pase, por eso este silencio constante es abrumador, lo salva el trinar de los pájaros cada día y los aplausos de la tarde.

Me pregunto qué pensarán los niños de estos días, de esta experiencia con la que no contaban, sé que asisten a sus clases virtuales, que están dibujando mucho, que hacen videollamadas con sus compañeros, pero ¿Qué pensarán? ¿Cómo les va a afectar esto? Nos contaba Che el otro día que su hija Carla (cuatro años) se había despertado en la madrugada, les había cantado una canción de Frozen entera y se había vuelto a dormir.

Esta semana me he de depilado las cejas, sentía que empezaba a parecerme al rey león, no ha quedado mal, creo; no tengo muchas ganas de comer, quizás porque no siento ansiedad, solo tristeza. También he aumentado los kilómetros en la azotea, ya vamos por cuatro; estos días he visto a una pareja en otro edificio abrazándose bajo un rayo de sol, también he descubierto nuevos vecinos, nuevos saludos, nuevas sonrisas, nuevos besos al aire de edificio a edificio. Hablaba con Linda estos días y comentábamos que en este momento nos queda la palabra, y las miradas, añadiría yo.

A veces no tengo ganas de reír, ni de sonreír, hay cosas que ya no me parecen graciosas, otras consiguen arrancarme una sonrisa, muchas veces parecemos estar saturados, hartos, todo normal, vamos aprendiendo a actuar cada día. Pocas cosas me espantan más que la mediocridad, pero ya está muy por encima la maldad, debe ser agotador odiar tanto y desear tanto mal.

Siento que todo empieza a pesar, pesan las cifras diarias de personas fallecidas, las de nuevos ingresos, pesa pensar en la soledad en los hospitales sin que la familia te pueda acompañar, pesa no poder dar a los muertos un entierro digno, pesan los hospitales llenos y desbordados, pesan las personas mayores solas, pesan la tristeza, la angustia, la inquietud, la preocupación por todas las personas que tienen que ir a trabajar porque si no, no hay sustento, el desasosiego. Compensa el esfuerzo ingente de los equipos sanitarios, limpiadoras, cajeras, profesores, transportistas, trabajadores en el campo y en la mar, cuerpos y fuerzas de seguridad del estado, empresas que han puesto su maquinaria al servicio de todos, compensa el trabajo de todas las personas que están en primera línea. Y compensa sobre todo la cifra de altas hospitalarias que cada día son más.

Después de tres semanas trabajando desde casa, ahora tocan unas vacaciones, diferentes, pero vacaciones. Ojalá dormir, sé que no soy la única que duerme mal y poco, quienes padecían insomnio, ahora es peor, quienes no lo conocíamos, llegó el momento. Y las pesadillas, que traen consigo el desvelo.

Nos sigue rescatando en estos días ver a la familia, en la mía, mis sobrinos más pequeños compiten entre sí en leer cuentos y recitar poemas a los amigos de manera virtual; siempre aparece alguien de quien no sabías hace tiempo y qué bonito resulta, nos sigue rescatando los chistes, las risas, las complicidades, nos sigue rescatando las buenas iniciativas solidarias, los cumpleaños feliz en los balcones, la radio con su trabajo diario para hacer más llevadero el encierro, las películas, un día os voy a contar todas las que estoy viendo y los libros, en mi caso, por fin esta semana, los libros me han rescatado. Y cocinar, he hecho bizcochos.

Sé que esta entrada no se siente tan animosa como las anteriores, esta semana ha tenido demasiados altibajos emocionales y poco descanso. Pero se me ha ocurrido que os voy a dejar algunas de las lecturas que más me han gustado, reconfortado, entretenido y hasta enojado estos días, alguna son largas, aviso, aquí van.


El presidente del gobierno nos ha comunicado que se prorroga el estado de alarma dos semanas más. Siguen siendo momentos para cuidar y cuidarnos, para hacer lo que nos dicen, para tener salud, paciencia, empatía y amor. Ánimo, seguimos.

Acabo de saber que ha muerto Luis Eduardo Aute, y qué tristeza, una de sus maravillosas canciones. 




sábado, 28 de marzo de 2020

Fragilidad (semana dos)


"Cuando teníamos las respuestas, nos cambiaron las preguntas", Mario Benedetti


Ya no volveremos a vivir como hacíamos antes, no sé cómo lo haremos, pero no será igual, a veces pienso que ojalá fuera, al menos todo lo bueno que teníamos antes, pero me temo que no.

Esta semana el silencio ha sido más denso, más fuerte, por eso trinan más los pájaros, también cagan más, mi madre me contó que ella les echa pan todos los días en su patio y van a comer, así que ahora yo también hago lo mismo y les dejo pan, limpio el patio casi todos los días.

Seguimos trabajando desde casa, los alumnos siguen en la universidad y yo echo de menos verlos caminar por el patio, ir a preguntar veinte veces lo mismo o que acudan sólo cuando necesitan algo, pienso mucho en ellos, lejos de sus casas, sus familias, la incertidumbre, no lo deben estar pasando bien, ni aquí ni allá.

A veces charlo con mi vecina Raquel cuando ella saca sus perros a pasear, yo desde la ventana ella en la calle, algún día me la cruzo cuando voy a comprar pan y nos hacemos encargos; uno de estos días  le conté que no estaba durmiendo y que no había encontrado tila en el supermercado, ella dijo que tenía algunas infusiones en casa que no usaba y que me las iba a dejar más tarde, así ha sido.

Mi vecina Carmen de casi 90 años y que se maneja en andador salió esta semana con su hija a dar una pequeña vuelta por la acera, de lo contrario Carmen se morirá en la cama de no salir de ella; qué difícil todo esto para las personas mayores, muchas, más de la que pensamos, se han quedado estos días más solas. 

Yo sigo pensando mucho, muchísimo en mi madre, me ha vuelto a decir que no piensa venir a mi casa, esto es cada día más difícil porque el tráfico está más restringido; ella vive frente a una residencia de ancianos que ayer visitó el ejército para desinfectarla, afortunadamente allí todas las personas están bien.

Lo peor con ella ha sido que me contó que había hecho unos roscos para mi sobrino Pablo, ahora me cae mal, mi madre, claro.

Esta semana he llorado más, pero no lo he hecho sola, después de un par de días que había escrito a María Elena, una amiga mexicana, me respondió con unos audios (que yo antes los detestaba y volveré a hacerlo cuando esto pase), muy, muy tristes, llegaron en un día malo para mí, así que yo le respondí a ella llorando también. Le angustia mucho pensar que en su país el sistema sanitario no es tan fuerte como en otros. Ella es profesora de la universidad de Guanajuato, ha estado dando clases hasta esta misma semana, ya no; me contó que le ha dicho a la señora que la ayuda en casa que no vaya, para que no use el transporte público y que le va a mantener su salario durante toda la cuarentena en México para que tenga un ingreso, me parece un gesto muy generoso. Vamos a hacer videollamada este fin de semana.

También hablé con la querida Ximena, me contó que están en una casa con una amiga y su hijo, me envío fotos de Bruno y me hizo feliz verlo tan grande y guapo.

Mi casa en México, Adriana, siempre está ahí, habíamos pensado encontrarnos este año, pero todos los planes para este dos mil veinte han sido desbaratados. 

En uno de mis paseos por la azotea, una señora de un balcón me saludo, le pregunté como estaba, respondió que bien, me preguntó a mí y respondí que, también bien, me tiró besos desde el balcón y se los devolví, terminé llorando. Las emociones están a flor de piel, en todas, en todos.

José Luis Cuesta, a quien conocí en la red social twitter hace años y empezamos a seguirnos, se conmovió mucho al leer la anterior entrada y se ofreció a ayudarme en todo lo que necesite; la realidad es que él es de esas personas que ha tenido que cerrar su negocio estos días, que es autónomo, que tiene una familia, que tiene hipotecas y qeé, a veces, se desespera, con razón. Agradezco mucho sus palabras, mucho, me hicieron llorar y las llevo en el corazón.

De nuevo, qué importante los afectos, los cercanos y los lejanos.

Ahora ya no camino tres kilómetros en la mañana y la tarde, ahora son tres y medio; desde hace una semana mis vecinos del otro bloque no salen, espero que estén bien, no tengo forma de saber. Hay otro vecino que camina, pero eso lo he sabido cuando he subido a recoger ropa. Y en cuanto salió el sol, en otro edificio, una familia subió a su azotea y yo me sentí feliz de verlos jugar con sus padres y escuchar sus risas. En un balcón han puesto feliz cumple a alguien, luego he escuchado que cantaban cumpleaños feliz. La solidaridad es la ternura de los pueblos, dice Gioconda Belli.

He descubierto que tenía unas cremas, carísimas, que me habían regalado y he empezado a usarlas, dicen que ponen la piel tersa, así que ahí estamos, además de pintarme los labios, me pongo cremas a diario, también hidratante en el cuerpo, quizás como una forma de sentir, ahora que no se puede tocar, ni besar, ni abrazar, como si el coronavirus fuera un muro de metacrilato que no nos deja vernos ni manosearnos, que dice el gran Kiko Veneno.

Esta semana ya me puse a limpiar, vivo en una casa pequeña, así que he dedicado un día (no entero) a cada estancia. He avanzado en lo de la lectura, he empezado a leer, sigo viendo películas, casi todas ligeras, aunque también estoy volviendo a ver algunas ya vistas. Por cierto, la querida Lucía Vallellano me invitó a hacer algunas recomendaciones de libros escritos por mujeres en su programa Plaza Niña, os dejo aquí el enlace Literatura para entender mejor el feminismo durante el confinamiento

Mi hermana trabaja en el mercado, así que he ido y he podido verla, es tan reconfortante ver a alguien de la familia en estos días para quienes vivimos solas. He comprado un vermut para compartirlo con mis amigos, sobre todo los de Córdoba, Fidel Toro y Jose, porque es algo que hacemos cuando los visito.

Dos buenas noticias en medio de la oscuridad, dos amigas mías, Estela, enfermera y Raquel, auxiliar de enfermería, que estaban en paro, ha sido llamadas a trabajar, porque son imprescindibles, ellas ya están incorporadas a sus tareas, sin miedo, con precaución y compromiso con la sociedad en este momento. Estoy muy orgullosa de ellas, de su impagable labor y afortunada por tenerlas cerca de mí. 

Cada día llevo peor el lenguaje belicoso que se está usando en la cuarentena, es insoportable, en las guerras se mata y se muere, y en esta situación solo se muere; hay un verdugo y hay víctimas, no hay héroes ni heroínas, hay personas que se están dejando la piel, la vida en algunos casos, el lenguaje debería ser otro, hay muchas personas a las que este lenguaje les hace daño, veamos y pensemos un poco más allá de nosotros mismos.

Esta semana ha habido más personas muertas, más dolor, más personas ingresadas en hospitales, más dolor, también más personas dadas de alta y esto siempre resulta reconfortante, aunque no sea noticia. Es por todas ellas que debemos seguir recogidos en casa, cuidando, cuidándonos, aunque cada vez sea más difícil. Esta pandemia ya es mundial y no tenemos otro planeta, solo este. Sigue la preocupación, la angustia, la inquietud, sobrecoge cada nueva cifra, rompen el alma. Pienso mucho en todas esas personas que no pueden despedirse de sus familiares, es un horror no poder hacerlo, cuanta soledad y cuanto dolor, también se va acumulando, sobre todo en quienes más están sufriendo. Sigue siendo tiempo de paciencia, empatía y amor.

Para la esperanza; mi niña Alejandra me ha dicho que ha comprado un yogur que caduca el 12 de abril, con la ilusión de que el día 13 podamos volver a las calles.

La canción de Kiko Veneno, Echo de menos, para que nos pongamos a bailar, dice mi amiga Desiree, que es alegría, que no nos está permitido el desánimo.








sábado, 21 de marzo de 2020

Fragilidad

"Raro, no digo diferente digo raro
ya no sé si el mundo está al revés
o soy yo yo el que está cabeza abajo". (Fito & Fitipaldis)


Hace una semana todo era normal, ahora todo es raro, veremos en el futuro si diferente.

Ahora todo es silencio, salvo los pájaros que cantan en el patio interior del bloque donde vivo y el sonido del teléfono.

El pasado viernes por la tarde, vísperas del estado de alarma, me escapé furtivamente a comprar colonia, la que uso no es fácil de encontrar y apenas me quedaba un dedo, compré, porque ni en los momentos difíciles hay que perder el glamour.

El sábado me di cuenta que no estaba preparada para una pandemia, pues no tenía chocolate en casa, hasta que recordé que sí.

Muchas personas estamos trabajando desde casa, otras no tienen más opción que ir a trabajar, para cuidarnos, muchas, muchas gracias por hacerlo;  otras por chantaje. Y de ambas cosas tendremos que hablar cuando esto pase.

Se murió la madre de una amiga, ni siquiera ella ha podido velarla, apenas ha pisado el tanatorio para firmar papeles. No hemos podido acompañarla ni abrazarla.

He dejado de pelear con mi madre para que se viniera a mi casa, la idea de que está sola en la suya, me rompe por dentro, ella quiere estar en su casa.

He salido un par de veces a comprar y no deja de sorprenderme lo rápido que nos hemos acostumbrado a distanciarnos físicamente las personas, pareciera que huimos unas de otras.

Los teléfonos tan modernos que tenemos ahora nos están salvando, a través de ellos nos llegan las risas, la información y, lo más importante, porque se ha convertido en vital, el afecto, el cercano y el lejano.

El cercano, la familia, un grupo llamado Mamá y sus increíbles hijos, los amigos en grupos que se llaman Progresía vírica, Comer los lunes, Consejo de gobierno, Doñana y lo que queda, Esa quedada, La primavera; y Mari Carmen, Alejandra, Manuel, Estela, por citar solo algunas personas.

El lejano, Desiree, a menudo me manda memes para hacerme reír. Carlos me envío una foto de un amanecer y Rubén me envía vídeos que le llegan de lo que hacemos los españoles en los balcones. Hablé con mi amiga mexicana Linda y eso me dio mucha emoción porque nos sentimos cerca.

Palabra del año: vídeollamada.

He decidido no estar todo el día pendiente de la información, no es sano, solo información oficial.

Me molesta mucho el lenguaje que se está usando, tenemos que hablar de eso cuando esto acabe.

Me he organizado una rutina de ejercicios físicos, vivo en un bajo, subo las escaleras hasta el tercero y luego camino por la azotea, tres kilómetros en la mañana y tres kilómetros por la tarde; el primer  era yo sola, en días siguientes, dos azoteas más allá, una pareja más mayor que yo, también caminan, no saludamos cuando llegamos y nos despedimos hasta mañana, el primer día que sucedió me dieron ganas de llorar. El ejercicio es por necesidad física y mental, aunque con mis amigas les digo que no voy a salir de esta cuarentena sin tipazo.

En esta rutina, por la mañana, cuando subo hacia la terraza, sale el olor a café por debajo de las puertas, me dan ganas de pedir que me inviten.

Vivo al lado de los bomberos así que oigo perfectamente cuando salen, la sirena en estos días me suena a música celestial, enseguida pienso no, mejor no, no sea que hayan salido por algo grave.

Un amigo que fue operado de un tumor hace unos meses, nos ha comunicado que ha vuelto a aparecer, no sé ni que decir. Le mando abrazos y amor.

Y esta noticia llegó el viernes, que ha sido el peor día de la semana para mí. Lloré mucho, empecé a llorar de risa por algo que vi y terminé llorando como desahogo.

No estoy durmiendo bien por las noches, tengo pesadillas y desvelo. Inquietud, desasosiego, preocupación. Voy tirando de siesta, aunque anoche conseguí hacerlo, supongo que por puro cansancio.

He ido a comprar pan y me he encontrado a mi amigo Alberto en el supermercado, nos hemos sonreído mucho de la alegría y nos hemos tirado besos con las manos enguantadas, hemos quedado para desayunar de manera virtual.

No he leído ninguno de los libros que tengo apilados, tampoco me he puesto como loca a limpiar, no sigo ninguna de las consignas en ese sentido, la única novedad es que desde hace una semana veo una película cada noche, he visto una serie y he empezado a ver otra. Llevo mal hacer todo lo que dictan, así que esta es la única rebeldía que me permite la situación.

Cocino a diario, eso me gusta, aunque he de decir que no tengo más hambre de la habitual, diría que menos.

Mis amigas y amigos se ríen cuando, por vídeo llamada, me ven con los labios pintados, no he dejado de hacerlo, me visto por la mañana como si fuera a ir a trabajar, me pongo cremas, me pinto los labios y me pongo colonia. Lo dicho, no hay que perder el glamour nunca.

Todo esto carece de importancia, es una frivolidad que yo me permito como forma de resistencia. Hay muchas personas que están muriendo, que están muy enfermas, también muchas que están consiguiendo salir adelante. Cuidad mucho, cuidaos mucho, quered mucho, quereos mucho, sed personas pacientes y empáticas y reíd, reíd mucho también. Y saldremos de esta.

Espero no estar perdiendo la locura.

Pd.: Esta canción siempre me pone de buen humor,  Ain´t no Mountain High Enough









domingo, 8 de marzo de 2020

Algún cine y feminismo


Parece que el 8 de marzo, día internacional de la mujer (trabajadora hasta hace poco), de este 2020 está planteado en términos de debate (a veces parece combate) generacional y lingüístico, diría yo; feministas viejas (o mayores) frente a feministas nuevas (jóvenes), y el mundo de la cultura no es ajeno.

Esta es una discusión que viene de largo, antes se daba en las casas, en los bares, en las plazas, en los lugares de trabajo y ahora, además, se amplifica en las redes sociales, que parecen ser el único lugar en el que existimos, pero no es así.

Y el mundo del cine no podía ser ajeno a este momento, el debate está sobre la mesa dentro y fuera de la pantalla, habiendo alcanzado su cenit en la entrega de los premios Cesar del cine francés el pasado fin de semana, de momento.

Si me pongo, más que un texto para Cocalecas, escribiría una tesis o ensayo, así que voy a tratar de sintetizar en tres o cuatro películas recientes que me parece resumen parte de lo que pienso sobre este debate.

Desde el mes de octubre del pasado año que tuvo lugar el estreno de Días de lluvia en Nueva York (Woody Allen), hasta el pasado mes de febrero que se estrenó El escándalo (Jay Roach), pasando por el estreno de El oficial y el espía (Roman Polanski) las pasadas fiestas navideñas, ha habido cuestionamientos globales y personales a quienes las hemos visto, a quienes no, a quienes han pensado hacerlo, en fin, un desmadre irrespetuoso con las decisiones personales. Vamos por partes o por películas.

Días de lluvia en Nueva York, nos cuenta lo que sucede en la vida de algunas personas durante un fin de semana lluvioso en Nueva York, con un reparto estupendo en el que Elle Fanning y Selena Gómez brillan con luz propia; la película es un bálsamo para días agitados, no puedes dejar de sonreír en todo el tiempo que dura y en la vida, a veces, eso es suficiente. Al salir del cine, comenté en twitter que la película me había encantado y apenas tuvo unos pocos corazones, mi sorpresa fue cuando al rato, vuelvo a entrar en esa red y encuentro a muchas personas reprochándole a unas el hecho de ir a verla, que haya gustado, que la recomiende y, a otras, que no hay que verla, qué, a Woody Allen, ni agua. Las acusaciones (graves) de abuso sexual sobre su hija, Dylan Farrow, de las que el director ha sido absuelto por dos veces, lo persiguen rodaje tras rodaje, película tras película, estreno tras estreno y de paso, a quienes gustamos de su obra. Hay que elegir, y hacerlo, no me hace menos feminista, por eso yo siempre elijo ver sus películas, espero no arrepentirme nunca.

El escándalo, nos cuenta como en un imperio tan poderoso como la Fox, unas periodistas que allí trabajaban, hicieron caer a Roger Ailes, responsable en jefe de esa empresa por haber abusado sexualmente de ellas durante años. La película está protagonizada por Charlize Theron, Nicole Kidman y Margot Robbie en sus principales papeles, acompañadas por unos excepcionales secundarios bajo la dirección de Jay Roach. Y ha sido precisamente el hecho de que ella (Charlize Theron) como productora eligiera a un hombre para dirigir la película, la causa de la polémica en esta ocasión. Su respuesta fue que eligió a alguien que conocía, al que respeta por su trabajo, que está comprometido con la igualdad y porque le da la gana, habría añadido yo.

Recomiendo mucho esta película por lo que narra y por cómo lo narra. Charlize Theron debió ganar el Oscar por su papel en esta historia que nos cuenta que el feminismo, la igualdad y la valentía para denunciar, a veces, no depende de la ideología, se puede ser conservadora y feminista, se debe y se puede denunciar el acoso y abuso sexual en los lugares de trabajo, por muy poderosos que sean los acosadores y abusadores. Bravo por ella.

El oficial y el espía, esta película de Roman Polanski es una nueva revisión del famoso caso Dreyfus. Hay quien ha visto en esta película un intento del director de volver a justificarse y es posible que tengan razón.

Yo fui a verla y me gustó. He visto casi todo el cine de Polanski, antes, durante y después de que fuera acusado de violación y su cobarde huida de los Estados Unidos, no me siento bien cuando lo hago, pero no puedo evitarlo, pertenezco a una generación que aún separa a la persona de su obra, y confieso que no es fácil. No tengo ninguna duda de que este tipo es un violador, nadie la tiene, los hechos son los que son y él, con su actitud no ha hecho más que confirmarlo y por eso tiene todo mi desprecio; llevo tiempo intentando lidiar con esta contradicción y no sé cómo resolverla.

He citado estas tres películas porque han sido las últimas en generar polémica, mucha de ésta es paja, superficial, agresiva y sin argumentos. Porque si algo no tolero, a mi edad, es que me digan que tengo que ver y que no, mucho menos bajo acusaciones de que “tan feminista no serás”, si algo tengo es capacidad para tomar decisiones y asumirlas. Tengo contradicciones, dudas, mucho que aprender en la vida, en el feminismo y en el cine, algunas certezas y quizás, algo que enseñar. Pero, bajo ningún concepto, voy a tolerar que nadie me dé lecciones feministas si no me conocen, ni sobre cine, sobre todo si nunca pisan una sala y no saben. A quienes saben, les escucho, les leo, les respeto mucho, les admiro y aprendo, siempre.

No quiero un feminismo y un cine que no me cuestione como persona, además de divertirme, claro.

Si queremos hablar de machismo en el cine, lo hacemos. Hablemos de como Retrato de una mujer en llamas, de Céline Sciamma, una de las mejores películas del pasado año, posiblemente la mejor película francesa y una de los mejores europeas, que nos cuenta una bella y maravillosa historia de amor entre mujeres, de amistad, de sororidad, con unas actrices inmensas, magníficamente escrita, realizada, fotografiada, ha sido ninguneada en todas las entrega de premios a las que fue nominada. Ninguneo machista, lo llamo yo, pero esto lo vamos a dejar para otra ocasión.

Pd.: este texto ha sido publicado originalmente en Cocalecas.net