sábado, 13 de junio de 2020

Fragilidad (semana trece, o doce más uno, por lo de la superstición)

"En política se pueden hacer dos cosas: seguir el miedo e incentivarlo, o no temer perder apoyos haciendo lo que crees correcto. Afrontar el tema de los últimos de la tierra, de los que no votan, no aporta apoyo electoral. Pero el deber de la política no es seguir consignas de la calle, sino construir caminos que lleven a la gente a reflexionar sobre los asuntos de la acción de gobierno útil para un país que no se enfrente todo el tiempo creando heridas", Teresa Bellanova, ministra de agricultura de Italia.

Mi sobrino Lucas me acompañó el sábado pasado el mercado y me ayudó a traer la compra a casa, ya es mayor. Lo invito a desayunar y hablamos de lo que vivimos desde que empezó la cuarentena, es un niño muy lúcido, tanto que a veces parece no tener esperanza y yo no sé muy bien qué decirle.

Vamos de fase en fase sin saber muy bien al encuentro de qué. Los pájaros insisten en seguir con sus trinos a nuestro alrededor como si no quisieran abandonarnos a nuestra suerte o como si supieran algo que los humanos no sabemos. Es una extraña sensación, a veces parece como si los dos primeros meses de cuarentena no hubieran existido y otras una siente que sigue confinada interiormente y se asoma a la calle con miedo; lo reconfortante de esto es que no soy la única en sentirme así.

Somos tan egoístas a menudo que para poder seguir haciendo nuestras vidas hacemos como si nada hubiera sucedido y nos damos excusas banales: al final el virus no existe, no sabemos si es verdad, nos quieren encerrados y controlados, nos están engañando, son algunas de las lindezas que escucho de vez en cuando (cuando presto atención y abandono mi abstemia informativa). Con lo duro que ha sido esto, es y será para miles, millones de personas, en España y en el mundo, más allá de nosotros mismos. 

Hay personas que ya han podido enterrar a sus familiares después de días y hasta meses esperando, hay personas que reciben el alta médica después de pasar cincuenta o sesenta días en el hospital, algunas con terribles secuelas, el coronavirus actúa de manera diferente en cada cuerpo, por lo tanto cada recuperación también es distinta; hay personas que han podido incorporarse a sus trabajos saliendo del desempleo. Esto, después de tanta oscuridad es una pequeña luz en el día a día, un rayo de esperanza que no nos debe hacer perder el horizonte.

Yo no lo puedo evitar, pero a diario se me vienen a la mente muchas personas que lo están pasando mal y van a seguir pasándolo mal. Presinto una normalidad en la nueva realidad muy difícil.

¿Qué va a pasar ahora con toda esa gente que vivía en la calle y fueron recogidas en albergues y residencias existentes o improvisadas? ¿Volverán a las calles? ¿No hay más oportunidades? ¿No tienen derechos? ¿No viven entre nosotros? Y no sólo aquí, en todos los lugares y en todos los idiomas.

¿Qué va a pasar con todas esas mujeres que trabajaban de asistentas en casas, de manera ilegal y ahora vuelven a la misma situación, sin cobertura ni derechos? ¿Qué va a pasar con todas esas personas migrantes que han estado recogiendo la fruta de nuestros campos mientras nos cuídábamos en casa? ¿Qué va a pasar con todos los hijos de familias con pocos recursos que no han podido seguir las clases de forma virtual? ¿Qué va a pasar con todos esos estudiantes universitarios que no han tenido acceso a la docencia virtual y ahora se arriesgan a perder la beca que les permite estudiar para pensar en un futuro mejor? ¿Qué va a pasar con todas esas personas sobre cuyas casas pesa una orden de desahucio? Y no sólo aquí, en todos los lugares y en todos los idiomas.

¿Qué va a pasar con el reforzamiento de los servicios sanitarios?¿Qué va a pasar con la reindustrialización de este país? ¿Qué va a pasar con la educación, con la cultura, con el medio ambiente? ¿Qué va a pasar con las mejoras laborales y salariales de quienes durante este tiempo han estado en primera línea sin desfallecer? Aun perdiendo la vida, como en el caso del personal sanitario. ¿Qué va a pasar con un futuro que ya es presente inmediato? Y no sólo aquí, en todos los lugares y en todos los idiomas.

No lo sé y a veces siento que no va a pasar nada, que moriremos lentamente, primero por dentro y luego por fuera. No es posible que vayamos a volver a la casilla de salida en derechos tan fundamentales, no es posible que hayamos llegado al siglo 21 y parezca que queremos volver atrás. No es posible que no hayamos aprendido nada, pero así es. Todas las buenas personas que durante este tiempo han sido y son ejemplo de lo quedemos ser sociedad han quedado en la anécdota. No tenemos ningún ejemplo a seguir, no tenemos a nadie que lidere un cambio, no tenemos calma y sosiego para pensar y organizar, no tenemos tiempo para nada más que hacer oídos sordos a quienes están todo el día gritando y haciendo un ruido insoportable que además no aporta nada.

No podemos seguir instalados en la mediocridad y en la vulgaridad, y esto no tiene que ver con el dinero, tiene que ver con parar, templar, leer, entender, ir más allá del titular, de escuchar y escucharnos, de empatizar, de entender. Es insoportable que los malos vayan ganando.

El lunes volví al lugar donde trabajo, la universidad, sentí una mezcla de emoción y tristeza; emocionante fue entrar en el patio, volver a sentarme en la silla frente a la mesa que normalmente ocupo, ver a los compañeros que han seguido trabajando día a día, a algunos alumnos, desayunar en el bar de siempre, trabajar desde allí. Y tristeza por la ausencia de actividad física al ser toda virtual. Ojalá volver pronto.

Han vuelto las pesadillas, no sólo en la noche, también en las pequeñas siestas que hago para reponer fuerzas, también el cansancio.  

He visto a personas escuchando misas fuera de las iglesias guardando las filas correctamente.

Bonito ha sido ver a casi todos mis amigos, al menos los más cercanos y desayunar, pasear o cenar con ellos y compartir risas, también un poco de resaca. La vida que sigue. 

Aquí os dejo una entrevista muy interesante con la ministra cuyas palabras cito arriba La exjornalera que da voz a los invisibles en Italia. Y aquí un reportaje sobre la otra función de la sede del Parlamento Europeo   Un ‘albergue’ llamado Parlamento Europeo y que lo acerca más a la ciudadanía más vulnerable, a la que también representan.

Y una canción para los deseos de buena semana, la Sencilla alegría de Luz Casal. Sigamos cuidando y cuidándonos, esto no ha terminado.




martes, 9 de junio de 2020

Las películas de mi cuarentena (VI). Documentales

“La realidad no sólo es apasionante, es casi incontable”. Rodolfo Walsh, periodista y escritor argentino

Llamadme ingenua, pero voy de sorpresa en sorpresa; en esta entrada voy a hablar de algunos de los documentales que he podido ver en esta cuarentena. Este género no es uno que yo frecuente mucho, suelo ver los que están relacionados con asuntos que me interesan y/o me inquietan, pero no estoy segura de haberlos considerado cine. Un error que asumo. Por suerte en esta cuarentena la plataforma Filmin está acogiendo algunos de los festivales que no se han podido celebrar  y, entre ellos, el Docs Festival Barcelona entre los días 19 al 31 de mayo. Así que voy a recomendar algunos por si podéis verlos.

Forman vs Forman (Jakub Hejna, Helena Trestikova 2018, República Checa); de entrada digo que es el documental que más he disfrutado. Un repaso a la vida del director de cine Milos Forman a quien todas las personas que amamos el cine conocemos. Me gusta que está realizado a partes iguales con cabeza y corazón, narrando su dolorosa orfandad, la primera vez que fue al cine con 6 años, porqué se matriculó en la escuela de  cine, su paso por la cárcel, que le deja amistades para toda la vida. Entusiasma oírlo hablar de cómo era hacer cine en la Checoslovaquia del telón de acero, del salto a Hollywood, del exilio, de la vuelta a su país, de como estuvo años sin ver a sus hijos hasta que fue candidato al Oscar y les dieron autorización para acompañarlo, de como el cine no debe educar y si mostrar (algo que también dice Rubén Peralta, Cocalecas. Esto y muchas cosas más podréis encontrar narradas en el documental; una vez terminas de verlo, quieres volver a ver muchas de sus películas, a mí sobre todo me dieron ganas de volver a ver Ragtime, una de mis favoritas. Como dice Forman, no le gusta hablar de sí mismo, son sus historias las que hablan por él.

Advocate (Rachel Leah Jones, Philippe Bellaiche 2019, Israel); la historia de la abogada israelí Lea Tsemel que durante 50 años ha representado a presos palestinos en Israel. Esta mujer es todo lo que está bien en la vida, un espejo en el que mirarse. El documental no se anda con contemplaciones al describir las situaciones de algunos de los casos de asesinato y abuso del ejército y la policía de Israel contra palestinos, niños de 12 años, jóvenes, adultos, mujeres que han intentado suicidarse, todo lo que los distintos gobiernos israelíes consideran un ataque a una soberanía, ella, con unos principios inviolables lo considera defensa propia frente a la ocupación de gran parte de lo que las Naciones Unidas definieron como Palestina en 1947. Hay espacio para la vida familiar, conoció a su esposo en una manifestación, pasó un tiempo en la cárcel por no querer abandonarla y tanto él como sus hijos la apoyan y admiran su valor, su ausencia de miedo y su arraigado sentido de la justicia. Lea Tsemel dice en un momento “para asustar hay que usar un cuchillo grande, para matar hay otras cosas”, claro que para entender y justificar esto, hay que ver el documental. Yo diría que es imprescindible hacerlo. Mis respetos.

Overseas (Sung-a Yoon 2019, Bélgica); un doloroso retrato de cómo, en un centro de reclutamiento, entrenan a las mujeres filipinas que luego van a trabajar a países de Oriente Medio y alguna, con mucha suerte, a Singapur. Todo lo que podamos leer de la injusticia que supone trabajar en casas de familias acomodadas de esta zona del mundo,  se queda corto ante los relatos que en este documental podemos ver. Abusos sexuales, abusos laborales, retirada de pasaporte, salarios precarios, abusos físicos y mucho más, frente al dolor de abandonar a sus hijos por años en su país de origen, la traición de los familiares gastando el dinero que envían, la imposibilidad de ir al médico, de tener un descanso, de disfrutar de vacaciones, todo les es negado. La directora, que también es actriz, maneja con mucha precisión el lenguaje corporal de estas mujeres, lo que nos lleva a entenderlas perfectamente aunque no hablen, impactando mucho la profunda tristeza que habita en los ojos de todas ellas.

El gran viaje al país pequeño (Mariana Viñoles 2019, Uruguay); dos familias que salen de Siria como refugiados gracias a un acuerdo con el gobierno de Uruguay. Lo que empieza siendo una abierta esperanza a huir de los horrores de la guerra con la solidaridad gubernamental de José Mujica, se convierte en desilusión, tristeza, indignación y enfado al ver que las promesas que les hicieron no se cumplen o no como ellos esperaban; las viviendas a las que van solo va a ser sostenidas económicamente durante dos años, viven en la periferia, no hay oferta de trabajos, apenas aprender español es la única que se cumplen. Luego todo va encajando, pero el documental no te deja tomar partido por las familias más allá de los primeros minutos, el seguimiento que la cámara les hace, deja ver también las grietas en las actitudes de las personas acogidas, siempre agarradas a la tecnología móvil para poder mantener el contacto con quienes quedaron atrapados en Siria, que sigue en guerra. Contrasta la facilidad de adaptación de las mujeres a un país moderno como Uruguay, frente a la resistencia de los hombres que tienen una actitud machista para todos los ámbitos en los que habitan. Termina bien y por eso merece la pena verlo.

Vivos (Ai Weiwei 2020, Alemania); una versión muy personal del artista chino sobre la desaparición y muerte a manos del estado mexicano de los 43 estudiantes de la escuela de maestros rurales en Ayotzinapa, en el estado de Guerrero en México. El documental no cuenta nada que no sepamos por los medios de comunicación, no por eso deja de ser estremecedor ver a sus padres, hermanos, tíos y amigos, años después seguir reclamando justicia y verdad, y sus cuerpos, para poder darles un entierro digno. Personas que de pronto se  hicieron viejas por el dolor, que viven sumida en una pobreza más honda porque tener un hijo maestro era su única esperanza para una vida mejor. Enternece y sobrecoge las lágrimas en los rostros de esas mujeres y esos hombres de piel curtida de trabajar de sol a sol, que dejan ver a personas rotas por dentro. Lo que me molesta del documental, y lo hace todo el tiempo, es la sensación de que el director, Ai Weiwei, busca el lucimiento personal en lugar de ponerse al servicio de la causa, como en sus otros documentales, supongo que para algo es una estrella. En todo caso, si nos despojamos de los prejuicios, Vivos merece toda nuestra atención, para no olvidar.

Letter from Masanjia (Leon Lee 2018 Canadá); relata la famosa historia de un preso político chino que logró hacer llegar un mensaje pidiendo ayuda, desde la cárcel de Masanjia,  mediante unos complementos para la fiesta de Halloween que allí fabricaban y que una familia norteamericana encontró. Este documental combina las imágenes reales con imágenes ilustradas y la presencia constante del autor de la carta, Fu Ning, pretende ser un alegato a favor de los derechos humanos de tantas personas que están detenidas en China por motivos religiosos y es indudable que existen torturas y comportamientos aberrantes, presiones a los entornos familiares, castigos laborales, persecuciones fuera de la cárcel y, finalmente, exilios exteriores e interiores. Aunque es conmovedor, desde mi punto de vista apunta un tanto al maniqueísmo, representado en el viaje de la mujer para encontrarse con el protagonista;  una vez pasado el dolor que una primera visión causa, he echado de menos un análisis más riguroso de tan espantosa situación que persiste en ese país. Es bueno verlo para tener perspectiva.

Me he quedado con las ganas de ver también The letter, Rising from the tsunami, Zona árida, La nova escola y Salka, en la tierra de nadie, espero encontrarlos en otro lugar. Hay que trabajar, vivir y descansar.

He llegado a la conclusión de que el documental también es cine, del bueno además, que nos permite acercarnos a historias reales sin tenerlas que imaginar.

Seguimos, seguid cuidando  y cuidándoos, es lo más importante ahora. Y viendo cine.

Pd.: Esta entrada fue publicada originalmente en Cocalecas.net Las películas de mi cuarentena (VI). Documentales

sábado, 6 de junio de 2020

Fragilidad (semana doce)

"Tenemos que sacar todos nuestros arrestos éticos y morales y enfrentarnos al futuro con gallardía, porque si no mucha gente va a quedar sufriendo por el camino y a eso no hay derecho", Adela Cortina, filósofa.

Después de escribir la entrada de la semana pasada, disfruté de un rato en la playa con mi hermana Marta, mi cuñado Lolo y mi sobrino Martín.

El pasado domingo dormía en casa de mi madre, el lunes no trabajé y pasamos el tiempo juntas, caminé por mi pueblo temprano y vi a mi sobrina Victoria, que me envía fotos de todo lo que siente que es belleza y sabe que me va a gustar, también a mi sobrino Pablo.

Mi hermana Mari Carmen me ha regalado una mascarilla que me permite lucir glamour en mis salidas a la calle, no salgo mucho, pero cuando lo hago, me veo mejor.

He tenido ocasión esta semana de volver a desayunar con un par de amigas y merendar con otros de mis sobrinos; anoche salí por primera vez un rato a tomar algo con mis amigas y amigos, tenía muchas ganas de verles, la que más guapa ha salido de la fase cero, uno y dos, es Adela; pasamos un buen rato de risas, aunque debo confesar que estaba nerviosa. 

También fui a comprar bragas nuevas.

Me sorprende el ruido tras tanto silencio y me parten por la mitad mis contradicciones. 

Volvemos a la nueva realidad; que ya conté que no me gusta el término nueva normalidad, la normalidad es vivir, con elegancia y educación, a ser posible, a lo que nos enfrentamos es a una nueva realidad, absolutamente diferente a la que teníamos y a mí se me antoja que hay cosas que antes hacíamos mucho y ahora quiero hacer de otra forma, entre ellas compartir con quienes quiero mi tiempo en otros espacios. No sé, tengo que ver a qué me lleva esto, me muero por estar con mi familia y amigos, pero me aterran un poco los lugares comunes de antes, quizás tiene que ver con que todos los días nos dicen que tenemos que ser cautos, que esto no ha terminado, que hay días que hay un repunte en los ingresos hospitalarios y en las personas fallecidas. 

También es que mientras algunas personas podemos seguir con nuestra vida, cada día hay más que no pueden hacerlo, es difícil manejar esto para mí emocionalmente, pero no me gusta abstraerme de la realidad y vivir como si estuviera instalada en una burbuja. Lo he escrito en todas las entradas y quiero seguir haciéndolo, no puede ni debe quedar nadie atrás después de este tiempo, no podemos ni debemos dejar nadie atrás después de este tiempo; y ya había demasiadas personas que estaban atrás. Hemos pasado lo doloroso, ahora viene lo difícil, construir el futuro.

He hablado estos días con algunas personas que se han incorporado a sus trabajos saliendo del Erte y se debaten entre su alegría personal y de estar preocupadas por los compañeros que aún siguen ahí; me provoca ternura la solidaridad entre ellos, la alegría sincera cuando te ven llegar después de tanto tiempo y el cuidado que ponen. Esta es la parte buena, como he dicho otras veces, quien es buena persona, saldrá más buena después de esto, quien es mala, saldrá peor, a las pruebas me remito.

No consigo entender que todas las prisas hayan sido para abrir bares, restaurantes y hoteles, que me parece bien, y permanezcan cerrados colegios, institutos, universidades, bibliotecas, lo peor es que parece no haber un plan para la reapertura de estos lugares y los que hay, son un lío.

Se ha recomendado desde el Ministerio de Educación que en los colegios que haya bibliotecas y gimnasios, estos se habiliten como aulas para que el alumnado pueda estar con la distancia física correcta, entiendo que, por ahora, no hay más opción (que la hay), pero no es correcto trasmitirles a los estudiantes, de cualquier edad, la idea de que se puede prescindir de las bibliotecas y los gimnasios, ni correcto, ni bueno.

Bien es cierto que ya están abriendo los museos, centros de arte, yo misma visité ayer una pequeña exposición en Huelva, que me supo a gloria bendita, porque además lo hice en buena compañía. Ni que decir tiene que estoy loca porque abran las salas de cine, guardar la distancia en ellas nunca ha sido problema para mí. 

Hay un asunto que me vuela la cabeza y es el teletrabajo y la teledocencia, la tentación de que esta última haya venido para quedarse en nuestras vidas, me produce escalofríos, me espanta; no digo que no se haga, lo que digo es que no sea la única. El contacto humano, el conocimiento, compartir risas, hacer amistades, jugar en el patio, los primeros amores, intercambiar opiniones, mirarnos a los ojos, tomar un café, todas estas cosas y más son esenciales para crecer como personas, no podemos reducirlo todo a que la Internet funcione bien; no es esa la lectura que debemos aprender de esta experiencia. Y no sé si somos conscientes que la igualdad de oportunidades que supone la educación pública, al volverse no presencial y virtual, ha dejado de ser posible, porque en la vida real no todas las familias tienen la misma oportunidad.

En esta nueva realidad y sus contradicciones me gusta más consumir en comercios pequeños y cercanos a mi casa, han hecho un esfuerzo enorme, no han cerrado ni estado desabastecidos en todo este tiempo, bien es cierto que conozco a todas las chicas que trabajan en el super más cercano a mi casa y también compro allí. 

Me pregunto a menudo qué ha pasado con el tiempo que hemos vivido; voy a intentar hacer una lista de agradecimientos y cosas buenas que han sucedido estas semanas y son las que me han permitido (nos han permitido), mantener la esperanza en que podemos llevar a cabo un mundo mejor. Es gracias a todas esas cosas y las personas que las llevan a cabo que aquí seguimos. Han cuidado, nos han cuidado, se han cuidado, de todas las maneras imaginables y yo no las quiero olvidar, en todos los ámbitos laborales, en todos los lugares, en todos los idiomas. Lo siguen haciendo. Gracias.

Estos días el mundo parece haberse vuelto pequeño, hostil y peligroso para algunas personas en muchos sitios, cercanos y lejanos, parecemos, más que un planeta una bomba de relojería, qué desconcierto de siglo veintiuno. Cuánto dolor innecesario, evitable; cuánta insensatez, cuánta irresponsabilidad. Hagamos un mundo donde quepan muchos mundos, no existe un mandato mejor para otro mundo posible.

Es probable que lo aquí escrito no tenga mucho sentido, pero a mí me sirve de desahogo y de espacio de recuerdo y por eso me gusta compartirlo, son pequeñas notas de un cuaderno que tengo en la mesa desde que todo esto empezó. Y sé que me quedan largas (aquí debería ir un emoticono de mano en la cabeza).

Para terminar os voy a dejar algunos artículos que al leerlos me han aportado y que quizás os interesen; una entrevista con Adela Cortina “La sociedad va a cambiar radicalmente después de esta crisis” ; un texto de Isaac Rosa que explica mejor las emociones que he intentado describir más arriba No tienes "síndrome de la cabaña", es que no quieres volver a la vida de mierda  ; una historia de mi admirada Silvia Cruz Lapeña, a propósito de lo que está viviendo Estados Unidos  La historia (electoral) se repite: James Powell, el adolescente tiroteado por un policía que dio lugar a los distrubios de Harlem en 1964, en el que hay un párrafo que se me ha quedado grabado. "Pero que los políticos decidieran, aún a costa de unos votos, dialogar y dar confort a las víctimas hizo más por la paz social que amenazar a los manifestantes con despegar al ejercito, como hace Donad Trump con una biblia en la mano". Por último, esta historia maravillosa Frente al mar tras 50 días en la uci por el coronavirus.

Y, en esta semana, que he visto a muchos abuelos reencontrarse con sus nietos manteniendo las distancias y en la que nos hemos permitido algunos abrazos, una canción de Zenet, para que no olvidemos lo que han sido nuestros balcones y ventanas, la salida a la vida en medio de tanta tristeza. Sigamos teniendo salud, paciencia, empatía y amor. Sigamos cuidando y cuidándonos y así cuidar a quienes nos cuidan.





 









jueves, 4 de junio de 2020

Las películas de mi cuarentena (V). Cine africano

“Cuento las historias que me interesan”, Ava DuVernay.

Y quizás de eso se trata también, de ver historias que nos interesen. Confieso con alegría que el gran descubrimiento cinematográfico para mí este tiempo ha sido el cine africano, confieso con humildad que desconocía todo de él y  quizás deba avergonzarme de ello, pero nunca es tarde, creo que he llegado a tiempo y celebro entusiasmada esta cinematografía. Por eso, con absoluto placer os cuento algunas de las películas de distintos países de ese continente que he podido disfrutar estos días.

Rafiki (Wanuri Kahiu 2018, Kenia); la historia de dos mujeres jóvenes, una sueña con ser dotora y la otra con viajar al estranjero, hijas de distintos dirigentes políticos de Kenia, una de familia bien situada económicamente y otra de familia pobre, se conocen, se enamoran y cuando las descubren, se desata la homofobia, el escándalo, el acoso y la violencia hacia ellas. Recordemos que la homosexualidad está penalizada en la mayoría de los países de África, por lo que esta película, dirigida por una mujer, es una apuesta arriesgada y valiente; sin ser una obra maestra, su calidad no tiene nada que envidiar a cualquier historia rodada en cualquier de nuestros países. Actores y actrices buenísimos, escenarios naturales, una buena banda sonora y la certeza de que lo que nos cuenta es la realidad, la convierten en una cinta más que recomendable. La palabra rafiki significa amiga, por si fuera poco la cinta tiene el atractivo de haber sido rodada en suajill, además de en ingles.

Hyènes (Djibril Diop Mambety 1992, Senegal); la historia del regreso de Linguère Ramatou convertida en millonaria hija pródiga a Colobane, una ciudad remota en Senegal, donde el calor siempre es insoportable. Para celebrar dicha vuelta, que viene acompañada de una lluvia de millones para un lugar sumido en la pobreza,se organiza una bienvenida con toda la pompa y el boato requerido, encabezada por Draamaan, ex novio de Linguère y que además quiere ser alcalde; el drama surge cuando la señora dice que para hacer efectiva la donación quiere que su ex novio sea condenado por haberla abandonado embarazada y traer con ella hasta un nuevo magistrado para que presida el tribunal. Contando esto no estoy revelando nada. La película son dos horas de humor negro de más auténtico llenas de mujeres elegante y hombres sorprendidos, gritos, muchedumbres desatadas, mentirosos convertidos en eunucos y todas las situaciones más absurdas que puedas imaginar que harán que no puedas dejar de reír durante la duración de todo el metraje. Muy recomendable para conocer el sentido del humor senegalés.

Tilaï (Idrissa Ouedraogo 1990, Burkina Faso);  un hombre regresa a su pueblo dos años después de marcharse y encuentra que su novia ahora es una de las esposas de su padre. Al reencontrarse y descubrir que siguen enamorados, deciden volver a verse a escondidas hasta que son descubiertos y empieza la tragedia cuando encargan a su hermano que lo mate tras ser condenado por incesto. En esta historia están todas las costumbres ancestrales y patriarcales de muchos lugares de África, los matrimonios con niñas y sus consecuentes embarazos a corta edad, la poligamia, la batalla entre lo tradicional y la modernidad, el sentido de colectivo en los pueblos para lo bueno y para lo malo, la justicia tribal por encima de la justicia real. Todo rodado en un lugar en el que los paisajes también son protagonistas, sobrecoge la sequía que se adivina en los campos y la belleza de algunas de las casas, construidas de adobe y paja, en las que viven los protagonistas, que están a la altura de cualquier actriz o actor de la cinematografía occidental.

Estas tres películas citadas tienen en común haber sido exhibidas en distintas ediciones del Festival de Cannes.

Andalousie, mon amour! (Mohamed Nadj 2012, Marruecos); dos estudiantes de Casablanca, hombres jóvenes, se trasladan a un pequeño pueblo de la costa de Marruecos con la intención de embarcar y llegar a Europa, para eso contactan con un maestro de la localidad (que trapichea con drogas) y que les ayuda en el intento para mover su mercancía, con el resultado que una mala noche de mar, uno llega a la costa española sin salir del contiene africano y otro es devuelto por el mar al pueblo. A partir de ahí, la película, llena de personajes pintorescos  y a cada cual más histriónico, se culpan del fracaso de la huida que además les impide presentarse a unas elecciones municipales, mientras en la costa española las decenas de inmigrantes africanos que allí viven esperando papeles,  son engañados una y otra vez, por personajes de poca monta y situaciones  ridículas que consiguen que te rías y te eches las manos a la cabeza al mismo tiempo pensando que cómo es posible hacer una película tan mala. El mérito de esta historia está en conocer como los marroquíes son capaces de reírse de sí mismos y de quitar hierro con ternura  a algo tan difícil como es la inmigración atravesando el mar.

Lionheart (Genevieve Nnaji 2018, Nigeria);  una mujer está decidida a hacerse con las riendas de la empresa de transporte de su padre enfermo, es algo para lo que lleva trabajando mucho tiempo, el patriarca decide nombrar a su hijo, que sólo sabe vivir la vida y se enfrentan a su hija y hermana cuando esta decide acabar con la corrupción practicada desde hace años desde otro desempeño. Lo mejor de esta película es la claridad con la que se expone el machismo, la corrupción, el abuso de poder, la fuerza de la mujer para no cejar en su intento de obtener lo que piensa que le corresponde de manera honesta. La directora es también la actriz principal, lo que le garantiza el control absoluto de la historia, algo que la convierte en una pionera dentro del cine africano en el que la mujer aún encuentra muchísimas trabas. Podemos ver a una Nigeria de clase acomodada, urbanita, sofisticada, en una realidad que también existe en el país. Esta cinta se puede ver en Netflix.

Las cuatro primeras películas aquí citadas he podido verlas a través de la página del Festival de Cine Africano del que ya hablé en mi última entrega y al que siembre debemos agradecerlos las generosidad en estos tiempos pandémicos; en dicha página https://www.fcat.es/, podréis encontrar películas para ver en línea gratis y otras de pago, pero a un precio muy barato. Merecen que le echemos un vistazo.

No puedo esconder que descubrir esta cinematografía me ha hecho muy feliz, qué manera de conocer y reconocer el mucho talento que existe en un continente que a mí me queda apenas a unos kilómetros y que hasta ahora desconocía. Os invito a conocerlo, yo voy a seguir viéndolo,  si no os gusta, me disculparé.

Además he descubierto que hay, al menos, diez directoras de cine africano a las que tengo que seguir las pista, aquí están 10 directoras pioneras del cine africano

Parece que seguimos en cuarentena unos días más. Cuidemos y cuidémonos, solo así podremos superar esta situación que se hace más llevadera en brazos del séptimo arte.

Pd.: este texto fue publicado inicialmente en Cocalecas.net Las películas de mi cuarentena (V). Cine africano

sábado, 30 de mayo de 2020

Fragilidad (semana once)

"El odio se amortigua
detrás de la ventana.
Será la garra suave.
Dejadme la esperanza". Miguel Hernández

Pasé el último domingo con mi madre, llegué temprano a su casa, dimos un paseo por el pueblo y tomamos un café, luego nos dedicamos a vaguear.

Esta semana ha tenido mucho de sobrinos, amigas para desayunar (Bego y Lucía) y playa, todo lo que está bien en la vida.

Mis emociones han sumado estos días, a la tristeza y la preocupación se suma algo muy parecido a estar furiosa, no consigo entender muchas cosas que están sucediendo, o quizás por eso. Todo me desconcierta y abruma, a veces siento que la cabeza me va a estallar.

Algunos lugares del mundo parecen ser un polvorín a punto de estallar, pero como no entiendo de geopolítica mucho, aunque no renuncio a hacerlo, me gustaría saber qué nos está pasando. En España pareciera que somos de memoria frágil.

Hemos pasado de un tiempo gris de tardes cortas a un tiempo de dolor de tardes largas. Pareciera que se nos han olivado todas las personas que han quedado en el camino durante estos casi tres meses ya. ¿Cómo es posible que cuando empiezan los diez días de luto oficial los gritos y las palabras que duelen sean de mayor calibre? ¿Cómo es posible que se nos haya olvidado que hemos pasado dos meses sin salir de casa para evitar que los hospitales colapsen a pensar que podemos volver a hacer lo que nos da la gana?

Pareciera que vivimos en mundos paralelo, no uno, ni dos, sino cada quien el suyo. No hemos acabado con la pandemia, no dejan de morir personas (muchas menos y eso es reconfortante); no dejan de ingresar personas en los hospitales (muchas menos y eso es reconfortante); no dejan de recibir el alta personas (muchas más y eso es reconfortante); muchas personas se han quedado sin ahorros para seguir viviendo, muchas personas han pasado a engrosar las listas de desempleados, muchas personas se agolpan a diario a las puertas de los bancos de alimentos, muchas personas se están multiplicando para ayudar a los colectivos más vulnerables. Al menos esta semana el gobierno ha aprobado el ingreso mínimo vital que va a paliar muchas situaciones que están mal, algunas de las cuales ya estaban mal antes. También es cierto que hay muchas personas que han vuelto a sus puestos de trabajo, sobre todo en bares y restaurantes, muchas a sus empresas y muchas otras siguen trabajando desde casa.

Mientras, otras muchas están pensando dónde pasar emigrar para poder trabajar, muchas personas están viendo reducidos sus salarios, muchas personas están volviendo a aceptar trabajos precarios; y muchas otras están pensando en qué lugar pasar sus vacaciones de verano sin correr riesgos para la salud y tratar de apoyar el consumo y la economía. 

En lo personal a mí aún me cuesta pensar en salir a divertirme como si nada hubiera ocurrido, he salido algunos días a desayunar para reencontrarme con amigas, pero el hecho de salir a otra cosa se me hace un mundo, no sólo por lo sentimental, también porque se supone que debemos seguir cuidándonos y, a veces, tengo la sensación de que no lo estaos haciendo; esas contradicciones humanas que atraviesan a una y te rompen en dos. 

Siento que durante este tiempo me he hecho vieja, o será el cansancio físico y mental que arrastro y que, a veces, me cuesta disimular. Ojalá echarse a dormir y que al despertar nada de esto hubiera sucedido. No sé cómo vamos a encarar el futuro, me gustaría que hubiera personas capacitadas que tuvieran un plan de futuro, futuro que para mí es septiembre, a la vuelta del verano que ya parece instalado en nuestras vidas.

Se acabaron los aplausos y llegaron las cacerolas y carreras de coches, en algunos casos, la irresponsabilidad de ir sin mascarilla y actuar como si fuéramos inmunes. Qué sé yo.

Después de noches tenebrosas en marzo y abril, mayo ha dado paso a mil preguntas sin respuestas, a las dudas sin certezas. ¿Qué ha sido para mí este confinamiento? ¿Qué ha sido para nosotros como sociedad? Al final de cada día yo sigo buscando lo mejor del día en un intento de darme esperanzas a mí misma, pero no es fácil, a veces el ruido lo empozoña todo.

Nos veo caminando con mascarillas y pienso que somos un ejército; a menudo siento que la mascarilla es como un burka, este lo usan las mujeres en algunos países para protegerse y proteger a sus familias, para evitar que las maten y pienso que la mascarilla es lo mismo, la usamos para protegernos y proteger a quienes están a nuestro lado o nuestro alrededor, pero no deja de parecerme opresiva. Esto es un ejercicio de honestidad que tengo que hacer. A veces, detrás de la mascarilla se intuyen miradas tristes, demasiado tristes.

Me preguntaba mi amigo Carlos estos días si en nuestras primeras salidas a la calle he visto más felicidad o miedo, le respondí que ambas; él me contó que en México les han dicho que tendrán que estar confinados hasta agosto y que eso hace que cunda el desánimo, yo le respondo que quizás todo mejore pronto, más como un deseo que como una posible realidad. Le cuento también que aquí se han dado prisa en abrir los bares y restaurantes pero que no hay plan para abrir colegios, universidades y bibliotecas, también que estos días han abierto algunos museos y que no sabemos cuándo abrirán los cines, para mi pesar.

Esta situación debería ser una oportunidad para cambiar todo lo que estaba mal y no cometer los mismos errores del pasado si no nos comieran las prisas e hiciéramos las cosas bien, que siempre es más fácil que hacerlas mal, aunque esto último se lleve el protagonismo. Y la prisa no es lo mismo que la urgencia No debemos ni podemos olvidar lo vulnerables que somos ante una situación inesperada y, aunque suene a frase hecha, tenemos una oportunidad única de ser mejores, como personas, como país, como continente, como planeta, nos jugamos el presente inmediato y el futuro cercano; aunque a veces pareciera que estamos reducidos a cifras, quienes habitamos este mundo somos personas, con nombre y apellidos, con distintas realidades y en el peso global, son más las buenas que las malas, y ya sé que parece que las malas ganan siempre, no lo consintamos. No dejemos que lo hagan, seamos un mar de fueguitos que decía Eduardo Galeano.

Cada día tenemos tiempo de seguir cuidando y cuidándonos, de seguir aplaudiendo, de seguir agradeciendo, son miles, millones de personas en muchos ámbitos laborales que nos cuidan, día y noche, sin descanso, en todos los lugares, en todos los idiomas. Tenemos que seguir siendo personas amorosas, empáticas, solidarias, sanas, personalmente y en colectivo, porque nada somos sin quienes nos rodean. Y disponemos todavía de tiempo, a diario, para pasear, jugar, leer, dibujar, ver películas y series y hasta de no hacer nada, que eso también nos alimenta.

Quizás estas entradas se están volviendo más personales o estúpidas, vete tú a saber, pero es difícil a veces guardar silencio mientras otros gritan y como es mi espacio, digo lo que quiero y de paso comparto y me desahogo, que nunca viene mal. No lo sabéis, tengo un cuaderno en el que desde el primer día voy anotando lo que sucede a mi alrededor y lo que pasa por mi cabeza, eso me ayuda a no olvidar.

Os dejo este relato que me ha gustado mucho, en él hay mucha humanidad, profesionalidad y bondad «Tratamos a los muertos por COVID-19 con mucho cariño ya que no tenían a su familia»

Hay una canción de  Pedro Guerra y Jorge Drexler que me gusta mucho, Cuídame se llama. Salud, paciencia, empatía y amor. Feliz semana.






viernes, 29 de mayo de 2020

Las películas de mi cuarentena (IV)

“Hablar de sueños es como hablar de películas, ya que el cine utiliza el lenguaje de los sueños: años pueden pasar en segundos y se puede saltar de un lugar a otro”, Federico Fellini.

Aquí seguimos, la cuarentena y yo, espero que también algunas personas más con interés por leer mis cosas. No sé vosotros, pero yo nunca imaginé, no sólo esta situación, sino que fuera a ser tan larga; en todo caso, poder seguir viendo películas, una al día y a veces dos, es un placer que hay que disfrutar. También he visto alguna serie por recomendación de quien en esta página manda, pero de comentarlas ya se encarga él, que es quien lo hace muy bien.

Así que, una vez pasado el festival del que hablé en la anterior entrega, os voy a contar algunas de las películas que más me han gustado de las que he visto en los últimos días en los que sigo viendo cine de otros lugares. Ahí vamos.

La fugitiva (Woman on the run, Norman Foster  1950, Estados Unidos); un hombre presencia un asesinato una noche y cuando tiene que ir a declarar sobre el mismo, huye; entonces empieza la búsqueda por parte de la policía, su esposa y un periodista. En esta historia, que apenas dura 75 minutos, nada es lo que parece, no sabemos quién huye, ni de quien, ni porqué; en ella destaca la sobriedad y la elegancia de la protagonista, la actriz Ann Sheridan, presente en casi todos los planos y en un papel de mujer insobornable a pesar de las presiones, yo diría que la película tiene algo de tragicomedia, es muy inteligente y se me escapa porque no tuvo más éxito. Obvio que adoro el cine en blanco y negro,  si os cruzáis con La Fugitiva (sin esperarlo, así me ocurrió a mí), dejadla entrar en vuestras vidas, no querréis que se vaya.

La muerte tenía un precio (Per cualche dollaro in piú, Sergio Leone 1965, Italia); dos cazarrecompesas se alían para atrapar a un forajido pensando que así será más fácil pero cada uno de ellos tiene sus razones y sus ideas sobre cómo llevar a cabo la captura. Todo en esta película está bien y, además, Gian María Volonté (que una tiene sus debilidades); en los últimos diez meses yo la he visto dos veces después de muchos años sin verla y es porque el pasado año yo estuve en Los Albaricoques, una pequeña aldea del desierto de Almería (tierra de cine), donde se rodó y tiene algo de mágico pisar lugares por los pasaron tus películas favoritas, así que volver  a  verla es doble placer, no pasan los años por el guión, las interpretaciones (incluso las menores) y por la magnífica banda sonora del gran Ennio Morricone.

La hamaca paraguaya (Paz Encina 2006, Paraguay); una pareja de personas mayores que vive al interior de Paraguay esperan que su hijo regrese de la guerra del Chaco, también esperan que llegue la lluvia para que refresque y sea buena para la siembra, que deje de hacer calor, que es insoportable y pegajoso y que sus vidas mejoren, son dos personas que llevan muchísimos años juntas y que lejos de hacerles pensar igual, piensan diferente, en todo y todo vale para ser hablado, lo que no cambia es el amor que se tienen. Bellísima película rodada en guaraní, en paisajes naturales y con silencios que también hacen de protagonistas, con un actor y una actriz que parecen haber nacido para esos papeles, así de creíbles son; dan ganas de abrazarlos en su soledad, de sentarse con ellos a escuchar sus historias, de pedirles que te dejen pasar unas vacaciones con ellos en medio de la nada, de esperar acompañándoles a que regrese su hijo para celebrar. Esta preciosa historia me lleva inmediatamente hasta la peruana Wyñaypacha, ganadora  del Festival de Cine Global Dominicano en su decimosegunda edición y que os recomendó mucho.

Monos (Alejandro Lande 2019, Colombia); un grupo de jóvenes llamados Los monos,  viven aislados en la montaña jugando a ser guerrilleros, mantienen secuestrada a una doctora norteamericana y su único contacto con la realidad es la persona que les lleva suministros cada tiempo, cuando la doctora se fuga cambian las reglas del grupo y la confianza del mismo salta por los aires. Podría ser una historia de niños caprichosos o de monstruos, la realidad es que es la de quienes nada tienen que perder porque todo está perdido, sólo que con drogas psicodélicas, música, sexo y alcohol y como consecuencia hacen daño a otras personas y a ellos mismos; un callejón sin salida que parece estar situado en Colombia pero que podría ser el espacio de cualquier ciudad que conozcamos.  El paisaje protagonista contribuye a la tenebrosidad de la historia y cuando termina la película sientes que no hay esperanza en este mundo.

Jean Gentil (Israel Cárdenas y Laura Amelia Guzmán 2020, República Dominicana); Jean Gentil es un profesor haitiano que vive emigrado en Santo Domingo, no consigue trabajo de maestro y en ningún otro lugar, no tiene ni para comer ni dormir, así que decide adentrarse en la isla a probar suerte,  y todo el equipaje que lleva consigo es la fe. Esta es una película que duele, de principio a fin, el protagonista es el verdadero Jean Gentil, que nos muestra lo difícil que es sobrevivir para quienes menos tienen y la absoluta falta de oportunidades en la vida cuando esta se mide por la nacionalidad, el color de la piel o la cuenta corriente, la falta de empatía y solidaridad,  y aun así  uno apuesta por no rendirse a las primeras de cambio. El rostro de Jean Gentil no te va a abandonar durante el resto de tu vida, en él están todos los nadies que habitan entre nosotros.

La inocencia (Lucía Alemany 2019, España); Lis es una joven que sueña con ser artista de circo, vive con su familia en un pueblo pequeño durante su primer verano como adolescente, la relación con su familia, con sus amigas, con los vecinos y con un novio mayor que ella, machista y posesivo del que se queda embarazada, marcan toda la película que es más tragedia que nada. Una de las mejores películas españolas del pasado año, nominada en varias categorías, mejor actriz revelación, mejor directora novel y mejor opera prima, aunque no logró ninguno. Resulta increíble que esta película tuviera tan corto recorrido en las salas, está bien narrada, bien dirigida y bien protagonizada; es honesta, fresca y con un retrato muy fidedigno de lo que podemos encontrar a nuestro alrededor cualquier verano, en cualquier pueblo; la protagonista, Carmen Arrufat es una joven actriz llena de talento que esperamos tenga una larga carrera porque la cámara la quiere.

La jaula de oro (Diego Quemada-Díez 2013, México);  una chica y un chico adolescentes en una aldea cualquiera de Centroamérica deciden huir a los Estados Unidos en compañía de otro chico indígena y el camino ocurren todas las desgracias que conocemos por los medios de comunicación, la rivalidad entre ellos, el cariño, la solidaridad, el miedo, la angustia, hacen el resto hasta el final. Tengo que especial debilidad por esta película porque una de las guionistas es la directora mexicano Lucía Carreras, a la que guardo un gran cariño porque ha estado varias veces, compitiendo con varias películas y en otra ocasión como presidenta del jurado, en el Festival de Cine Iberoamericano de Huelva. Es una historia sin maniqueísmo, sin adornos, es tal y como todo ocurre en la vida real, los niños no fingen pues no son actores, tienen sus sueños porque es lo que ven constantemente a su alrededor, una carencia de lo básico que les empuja a querer buscar una vida mejor. Todo está contado con precisión y realismo quedando patente un gran director sabiendo sacar los mejor de los tres protagonistas, muy jóvenes y sin experiencia, sin que suene impostado lo que sucede. Crees todo lo que te cuentan en la película de principio a fin.

Mi amigo Fela (Meu amigo Fela, Joel Zito Araujo 2019, Brasil); la vida del mítico músico nigeriano  Fela Kuti, narrada por su amigo y biógrafo Carlos Moore. Fela Kuti fue más que un músico, fue un mito en gran parte de África en el momento en el que el continente empezaba a soñar con liberarse del colonialismo europeo y del imperialismo yanky; en este documental nos cuentan las grandezas y miserias del artista que eran muchas, contradictorias y que trazaron toda su vida. A su importancia como músico hay que sumarse la del revolucionario que se relacionaba con Patricio Lumumba, el gran libertador de África, Samora Michel, Miriam Makeba, Maya Angelou y muchos otros libertadores y artistas. Este documental, que me ha gustado mucho, no deja fuera su misoginia, su machismo y la violencia que este trae consigo, su fanatismo religioso, todo lo que contribuyó a hacer de él una estrella musical, un icono político, un padre de numerosos hijos (que hoy lo defienden), un hombre que pisó la cárcel varias veces y que finalmente acabó perdiendo la cabeza y la salud. Quiero señalar que a este documental llegué a través del Festival de Cine Africano que desde el año 2003 se celebra en Tarifa y Tánger para unir los dos continentes y este año, con motivo de la cuarentena, han puesto películas y documentales en abierto para que podamos disfrutar del, mucho y buen, trabajo y  talento del continente africano, tan cerca y a veces, tan lejos. Son tiempos de generosidad.

Para terminar, algunas de las películas aquí comentadas, también tienen su crítica en la página de quien me invita a compartir estas reflexiones, Rubén Peralta Rigaud, Cocalecas, invitación a la que siempre estoy muy agradecida y esperando estar a la altura.

Sigamos cuidando y cuidándonos; salud, paciencia, empatía, amor…y cine. Hasta la próxima.

Pd.: Esta entrada fue publicada inicialmente en la página de Rubén Peralta Rigaud, Cocalecas.net Las películas de i cuarenta (IV)

 


sábado, 23 de mayo de 2020

Fragilidad (semana diez)

"Convivir es compartir el pan y la esperanza", María Zambrano

Y esta es la razón por la que durante todo este tiempo yo he elegido estar y tener cerca a personas que apuestan a todo lo bueno que somos y damos, de lo contrario este tiempo sería más difícil de lo que ya ha está siendo. 

Esta semana volví a ver a mi madre, comimos juntas un rico arroz, vinieron a su casa mis hermanos que viven cerca con sus niños y fuimos un poco más felices. Pero mi madre nunca abandona la preocupación, no lo puede evitar.

Desayuné con mi amiga y compañera Che y fui a almorzar con mis amigos Mari Carmen y Juanma, esos reencuentros que hacen que te sientas mejor y que los afectos siguen ahí, aún sin besos abrazos. La vida en una semana en la que he sentido bastante desánimo y preocupación por lo que vendrá, el futuro se presenta incierto entre tanto desconcierto.

Crecen las colas en los bancos de alimentos, la pobreza galopa a lomos de quienes menos tienen, mientras en algunos ámbitos el poder político anda a la gresca, qué sinvergüenzas algunos de miras cortas. En esta prisa por desescalar y volver a la vida que conocíamos se nos ha olvidado que hay miles de personas que no tendrán ni para tomarse una cerveza, así están las cosas.

La buena noticia es que ha descendido mucho la cifra de personas fallecidas, la de personas ingresadas en los hospitales y sigue subiendo la de personas dadas de alta, esto es una esperanza y reconforta saber que todo el camino que hemos recorrido durante estas semanas nos han traído hasta aquí, aún queda, hay que ser conscientes que esta difícil situación no ha terminado y no sabemos cuándo lo hará, nadie está salvo; el epicentro grande de la pandemia ha cambiado de continente, tras Asia y Europa, ahora se ha instalado en América, de norte a sur, con unas cifras que espantan y duelen, porque ya sabemos lo que es, y como la humanidad es así, no parece que hayamos aprendido de un continente a otro. 

Mientras, en todos los lugares, en todos los idiomas, a todas horas, el personal sanitario, el personal de limpieza, las personas que cuidan, que trabajan en los mercados y tiendas, en el campo, en los tanatorios, en los cementerios, los transportistas, los periodistas, las costureras (que han hecho millones de mascarillas), los profesores, los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado, el ejército, los miembros de las organizaciones no gubernamentales y sociales, trabajadores y voluntarios, sin muchos recursos porque la necesidad es cada vez más acuciante, no paran ni un segundo. Para todas estas personas no hay descanso, ni fin de semana, ni un desmayo; no se rinden. Les debemos reconocimiento eterno, seguir cuidándonos y cuidarlos.

Cuando esto pase, tendremos que hablar del lenguaje y su uso, es una batalla personal que tengo.

Llevo más de dos meses oyendo hablar de teletrabajo, cuando lo que hacemos es trabajar desde casa, desde nuestras casas, de manera improvisada en la mayoría de los casos. El teletrabajo es otra cosa que requiere medios, confianza, normativa, horarios y estabilidad. Aun así, quienes lo estamos haciendo, estamos dando lo mejor que tenemos en tiempo y forma, para eso nos pagan.

Tampoco me gusta el término nueva normalidad, la normalidad es una cosa personal, una actitud; quizás el término debería ser nueva realidad, porque es a eso a lo que nos enfrentamos; a vivir durante un tiempo con las mascarillas, a poner más distancia física en nuestra vida afectiva, laboral y lúdica, a cambiar algunos hábitos, quizás a mirarnos de reojo y con cierta desconfianza (y me parece terrorífico), y a interiorizar que tenemos que cuidarnos, que tenemos que perseverar en la defensa de los servicios públicos, que la desigualdad es intolerable, que sólo tenemos un planeta en el que vivir y que tenemos que aprender a hacerlo juntos incluso si discrepamos. Tenemos que poner el bien común por encima del individual. 

Mientras tanto, una se muerde la lengua a veces para no decir lo que piensa. Entre dormir mal, pesadillas, dolores de espalda y de cabeza, calor intenso menopaúsico y cansancio, algunos días he tenido la sensación de vivir fuera de esta realidad, quizás como mecanismo de defensa para no creer todo lo que ha sucedido y sucede, es una extraña vivencia y una maraña de emociones y sentimientos. 

Uno de estos días mi sobrino Lucas me preguntó que pienso de Samuel L. Jackson como actor y me pidió que le recomendara películas protagonizadas por él. También nos tomamos un helado juntos; ha crecido mucho durante este tiempo, ya está más alto que yo.

Esta semana os voy a dejar dos textos que me han gustado mucho, Carta a mi padre, Gabriel García Márquez, me lo envío mi amiga mexicana Linda y este otro,  Lee Miller, La desconocida (e injusta) historia de la fotógrafa que se desnudó en la bañera de Hitler, me lo envío mi amigo y crítico de cine de cabecera Rubén.

Esta semana, de pronto, llegó el verano y ya habíamos cambiado la ropa de los armarios.

Pongamos punto y aparte con música, la de Bruce Springsteen, que nunca falla (aquí debería ir un emoticono de corazón).